¡La cultura está viva!

¿Cómo se moldean las masculinidades en latinoamérica?

Lenguaje, interculturalidad, decolonialismo y transfeminismo son factores que se entrecruzan en los discursos de Maria del Carmen Quiroga, Andrea Neira, Susana Obando Morales y Belenén Igarzabal. Este panel de discusión organizado por FLACSO propone pensar la cultura como un proceso vivo. Detenernos a reflexionar sobre la construcción de nuestras subjetividades dentro de los territorios latinoamericanos. La mirada no sólo está puesta en las identidades femeninas y sus coyunturas, también se abre un debate en relación a los procesos que moldean las masculinidades en latinoamérica. Desde las vivencias personales de las mujeres agrarias en la Pampa argentina, las agrupaciones de Hip hop que se resistieron a la dictadura en la Comuna 13 de Medellín, y el movimiento de trabajadoras culturales que hoy en día busca tejer redes feministas en Bolivia, cuatro mujeres piensan narran sus experiencias e imaginan futuros posibles, lejos de las prisiones del lenguaje y del colonialismo físico y simbólico.



MARIA DEL CARMEN QUIROGA – MUSHI: “Dan por hecho que la tierra no es para las mujeres”

Históricamente, y aún hoy, el sujeto agrario por excelencia ha sido el hombre de La Pampa húmeda, varón rubio, flaco, joven, sano y heterosexual. Lo que todo el mundo se imagina cuando hablamos del campo. Allá por el 2012, nosotros hicimos una investigación sobre la propiedad de la tierra. Nos enfocamos en tres de nuestras provincias del noroeste: Catamarca, Tucumán y Santiago del Estero. De esta investigación surgió que del 4% al 6% de la Tierra, haciendo un promedio, está en manos de mujeres. El resto son propietarios varones. Ahora, ¿cómo se accede a la tierra? A la tierra se accede mayoritariamente a través de la herencia. Si vamos a nuestra ley de herencia, la ley es equitativa en términos de género. Heredan por igual varones y mujeres. Pero por otro lado, sabemos que un poco más de la mitad de la población somos mujeres y a esto le podemos agregar que, además, vivimos más tiempo que los varones. 

No dan las cuentas: si heredamos por partes iguales varones y mujeres y somos más las mujeres, por qué sólo del 4% al 6% está en manos de mujeres. ¿Qué pasa? Las mujeres dan por sabido que la tierra es para los hombres, que la conducción de la tierra es para los hombres. A esto le agregamos la gran desinformación, sobre todo en las economías regionales, en sectores más humildes. No saben que tienen derecho a heredar. Entonces mueren los padres, automáticamente quedan los varones al frente del campo y las mujeres migran, se van a centros urbanos o se casan con otro propietario de la tierra y pasan a depender de él.  

Ser propietario implica acceso al crédito, acceso a la tecnología, acceso a la capacitación, a los contactos, a participación en organizaciones, en cooperativas y demás. Además de la posesión y la cuestión económica y productiva, todas las posibilidades de crecimiento están en manos de los varones, las mujeres nuevamente quedan marginadas. Esto sucede también en los estratos más altos de la sociedad, donde los propietarios mayoritariamente son varones y las mujeres se profesionalizan y adquieren otras actividades, pero rondando a aquel propietario. 

Ese lenguaje organiza, nos organiza la vida. También marca el accionar en el campo, reafirma la inequidad. En una oportunidad, acompañé a un técnico que iba a visitar a una familia que criaba chanchos para engorde en la provincia de Misiones. Entonces, sale el productor con la productora, detrás siempre. El técnico le pregunta al productor cuántos chanchos tiene. El productor se da vuelta y le pregunta: «vieja, ¿cuántos chanchos tenemos?» La señora le dice al productor: «cincuenta chanchos». El productor le dice al técnico: «cincuenta chanchos». El técnico le vuelve a preguntar al productor: «qué le da de comer». El productor le pregunta a la productora, la productora le contesta y así todo el tiempo. Claramente, era la mujer la que se encargaba de criar a los chanchos, pero nunca al técnico se le ocurrió preguntar y hablar directamente con ella porque no era la interlocutora válida para él. Este técnico, si bien no hablaba con la productora, le estaba mandando mensajes. En principio le estaba diciendo que no existía. 

ANDREA NEIRA:  “Subjetividades masculinas: identidades de guerra” 

Nosotros y nosotras, las colombianas, tenemos una historia larga de investigaciones sobre el tema de la violencia. Se han analizado los asuntos estructurales de la violencia, pero pocas veces nos hemos concentrado en investigar asuntos mucho más subjetivos que ayudan a sostener la guerra en nuestro país. Y pocas veces con una perspectiva de género, pensando en los hombres que casi nunca vemos como sujetos engenerados, que tienen un género y que ese género produce ciertas realidades y ciertas particularidades. Casi siempre, los estudios en Colombia se han concentrado en las personas que han sido víctimas, mayoritariamente mujeres, pero la mirada de esta otra cara a mí me parece fundamental. 

El Uribismo en Colombia fue un proceso de hegemonización que caló en la ideología del sentido común ampliamente. Después de que el Estado de Uribe decide militarizar el territorio, y asumir por la fuerza, recuperar el uso de las armas, hay un estallido de organizaciones locales. El Hip Hop aparece como un escenario posible para que los jóvenes hombres empobrecidos de la Comuna 13 puedan resistir a ser reclutados para diferentes grupos armados. Entender cómo se producían esas masculinidades que resistían a la guerra, los hombres que se articulaban alrededor del hip hop como expresión artística, también me llevó a intentar entender cómo es que se producían las masculinidades militarizadas, que son la base o el sustrato que sostiene la guerra en el país. Es decir, la guerra no se puede sostener si no se producen unas subjetividades deseosas de un escenario de guerra. Allí aparece una pregunta sobre esa relación entre la masculinidad, la guerra y el proyecto de nación colombiana. 

No existe solamente una masculinidad militarizada, sino que los hombres encarnan de diferentes maneras, dadas sus condiciones de clase y de raza, esa masculinidad militarizada. Hay masculinidades militarizadas como los empresarios de la muerte, que en general son hombres blancos, empresarios, políticos, terratenientes que impulsan una ideología militarista. También están los hombres especialmente jóvenes y empobrecidos, a quienes se les brinda un ideal de un sujeto con poder, con armas, con mujeres. Y esto se cruza mucho con otro tipo de asuntos importantes como, por ejemplo, el narcotráfico o las economías ilegales que producen deseos en ciertos varones; pero, al final de cuentas, estos hombres de las periferias, estos hombres empobrecidos, racializados, generalmente hombres negros o de color, son la carne de cañón de la guerra, son los que se entrenan para estar al frente de las guerras. 

Hay un proceso de hegemonización, que tiene que ver con esa masculinidad militarizada, con estas políticas de militarización que se sostuvieron por casi 20 años en nuestro territorio. Pero creo que estos procesos hay que leerlos situadamente y cómo se pueden producir procesos contrahegemónicos para transformar estructuras de género tan fuertes como la que nos toca vivir en nuestro país. Cuando el el Hip Hop llega se da toda una disputa por el liderazgo de un imaginario social sobre las masculinidades militarizadas. Entonces, los chicos de la Comuna 13 y también algunas chicas raperas, que hacen graffiti, que bailan break, empiezan a producir un deseo de que los chicos de esos territorios también quieran ser artistas. Empiezan a ocupar ciertas posiciones de sujeto que ya no son la del sicario, la del pelado que quiere estar en el combo y que quiere tener el arma, y que el reconocimiento y el prestigio se gana por tener el arma, sino que ese prestigio, ese reconocimiento, ese capital simbólico, ese capital social, se gana a través de los procesos artísticos y culturales. Y esto que estoy contando no sucede de la noche a la mañana. 

SUSANA OBANDO MORALES:  “Redes culturales, mujeres, territorios” 

Dentro de lo que es la gestión cultural, las mujeres debemos generar cierta sinergia y mayor colaboración, un trabajo conjunto y participativo en los entornos y en los espacios que estamos ocupando.  Y en ese sentido, en Bolivia lo que vamos generando es una articulación, una fuerza mayor, desde esa construcción de comunidad. Bolivia es un país diverso y con muchas manifestaciones artísticas, culturales, pero también aquellas manifestaciones y experiencias que tenemos de saberes ancestrales, de saberes andinos, saberes que están más relacionados a la cultura del buen vivir. Tenemos que establecer lógicas y prácticas donde se nos permita desarrollar una dinámica cultural desde la comunidad. Y ese sentido de comunidad nos lleva, también, a un sentido de pertenencia con el territorio. 

CONECTADAS es un movimiento de trabajadores culturales en Bolivia y en Latinoamérica donde hemos ido fortaleciendo mucho nuestro sentido de pertenencia. El problema mayor que tenemos las mujeres en la gestión cultural es que no se tienen las mismas condiciones dentro de la gestión cultural con relación a los varones. Mirarnos como comunidad interrelacionada y en bloque es muy importante. Las políticas culturales las vamos fortaleciendo y dinamizando desde el trabajo conjunto a través de lo que es la incidencia local, departamental y también nacional. Vamos vinculando, también, a otras trabajadoras culturales que, de cierta forma, no están sabiendo ocupar, o no tienen la posibilidad y las condiciones para ocupar puestos importantes en diferentes instituciones, tanto privadas como públicas.

También vamos generando las condiciones necesarias, no solamente para las que están integradas dentro de la red, sino también para aquellas que tienen menos acceso o posibilidades que nosotras, que estamos en el sector urbano. En países como Bolivia, la cultura no es la guinda del pastel, sino, sobre todo, la columna vertebral de nuestras sociedades. En eso estamos trabajando, en esta perspectiva de mujer, territorio. Estamos convencidas de que podemos apostar una incidencia mayor si lo hacemos desde la articulación, la colaboración y la sinergia permanente entre las trabajadoras de los movimientos culturales. 

BELEN IGARZABAL: Conclusiones 

Algo interesante para llevarnos de esta mesa, es el desafío de repensar nuestras prácticas, nuestras políticas, tanto culturales como de otros ámbitos de los Estados, a quienes nombramos. ¿Cómo esa mujer rural se nombra a sí misma? ¿Se siente productiva y productora? ¿Las políticas públicas les están hablando de esa mujer o permanece invisibilizada? Dentro de los ámbitos de la cultura, desde lo audiovisual, por ejemplo, ¿cuáles son las corporalidades que tienen mayor visibilidad? Repensar nuestras prácticas, a quién nombramos, a quién incluimos, quién queda fuera, cuáles son los deseos legitimados de nuestra cultura y tensionar, dentro de nuestros territorios, los centros y las periferias. Las periferias territoriales y las periferias simbólicas. Repensarnos como como región y desde una mirada situada.

Participantes
MARIA DEL CARMEN QUIROGA:  Trabajó como responsable de inclusión y equidad rural dentro del Ministerio de Agricultura de Argentina. Fue la representante de Argentina en la REAF del Mercosur, la Reunión Especializada para la Agricultura Familiar. Trabajó con mujeres rurales durante muchos años , enfocándose en la agricultura familiar, siempre desde una perspectiva de género.

ANDREA NEIRA: Es trabajadora social, magíster en estudios feministas y de género de la Universidad Nacional de Colombia, estudiante del doctorado de antropología de la Universidad del Cauca, investigadora en tema de masculinidades, militarización, conflicto armado y procesos de reincorporación. Actualmente es Profesora investigadora de la Maestría en Investigación en Problemas Sociales Contemporáneos de la Universidad Central de Bogotá.

SUSANA OBANDO MORALES: Licenciada en comunicación social, promotora musical, gestora y productora cultural. Articuladora internacional de redes en ciencia cultural. Docente en el diplomado de gestión cultural de la Universidad mayor de San Simón y Coordinadora Nacional de la Red del Arte. Actualmente es la encargada del departamento de la Secretaría de Cultura de Cochabamba.

BELEN IGARZABAL: Licenciada en Psicología y graduada de la maestría de Periodismo de la Universidad de San Andrés – Grupo Clarín – Columbia University. Actualmente realiza el doctorado en Ciencias Sociales de FLACSO, donde se especializa en el análisis de medios de comunicación. Es directora del Área Comunicación y cultura de la sede argentina de FLACSO.

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