Acerca de

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Proyecto Ballena, del Centro Cultural Kirchner, es un espacio de encuentro entre diversos referentes de la vida política y cultural latinoamericana. Un ciclo que se propone visibilizar y entrecruzar reflexiones en torno a nuestro presente, elaborar acciones y prácticas discursivas que ayuden a imaginar nuevos paradigmas de porvenir. A través de distintas instancias de intercambio convocamos a pensadorxs, politicxs, artistas, colectivos y organizaciones regionales para dialogar en torno a las resonancias de la escena actual y sus complejidades. Estos encuentros se concretan en forma de discusiones, cruces, diálogos, clases magistrales, propuestas y expresiones colectivas.

Las ballenas son seres fundamentales para la biodiversidad en los océanos que habitan. El sonido es la principal estrategia de comunicación de esta especie que se caracteriza por moverse en comunidades, cada una con diferentes tipos de tonalidades. La Ballena Azul, el Auditorio Nacional del Centro Cultural Kirchner, no sólo toma la figura de la ballena como un símbolo sino como un rumbo. La capacidad sinfónica de esta sala emblemática da nombre y espacio a nuestro proyecto: una caja de resonancia que busca amplificar todas las voces y los instrumentos necesarios para pensar un presente posible, habitable, mejor.

Edición 2021
Proyecto Ballena: T/tierra

¿Por qué T/tierra?

En un contexto actual, la palabra T/tierra pone en manifiesto las diferentes magnitudes de las crisis que nos atraviesan.  La Tierra, en mayúscula, es la manera de nombrar el espacio común de la humanidad, su medioambiente. Pensar en la Tierra implica dialogar de lleno con otros significantes como calentamiento global, cambio climático y Antropoceno: todos ellos se vinculan con la crisis de habitabilidad planetaria.

 Por otro lado podemos pensar la tierra -como se la suele deletrear, en minúscula-, que es entendida no solo como el mineral que es vehículo de gran parte de la vida en el planeta sino también como el principal recurso de subsistencia humana: el vehículo para el alimento y hábitat humanos. 

¿Pero es realmente tan sencillo establecer divisiones tajantes entre estas dos “t”? ¿Hasta qué punto los problemas referidos a la tierra y la Tierra son tan fáciles de diseccionar? ¿En qué medida esas diferencias, que se expresan en jerarquías ortográficas, entre mayúsculas y minúsculas, no son también parte del problema?

Tanto la Tierra como su derivado en minúscula, la tierra, son palabras que hace tiempo resuenan con los problemas que nos aquejan como latinoamericanos y como argentinos. Desgarramientos muy viejos – la llegada de los europeos, la fundación de un orden colonial y capitalista- siguen latiendo cuando nombramos T/tierra. Aunque no es nueva la gravedad que ejerce la palabra, la urgencia que hoy la envuelve se ha encendido con más fuerza durante las últimas décadas. No cabe duda: de aquí en adelante alertará a más y más de nosotrxs, al punto de que las nuevas generaciones se dejarán agitar y agitarán a la sociedad por la T/tierra. Consideramos que será así, es pieza central de un diagnóstico, pero a la vez apostamos a que lo sea.

Podríamos referirnos a los efectos lacerantes de la ruptura entre lo humano y la naturaleza, y de hecho lo hacemos. Pero aquí, en nuestras coordenadas geográficas que son también políticas, sociales y culturales, aquellos efectos no son un indicador más ante el cual se pueden ensayar muecas de preocupación para pasar rápidamente a otra cosa. Más que un modelo productivo, estamos hablando de un modo de producción que para realizarse precisa de la superexplotación ya no sólo –ni principalmente- de la mano de obra, sino sobre todo de la naturaleza. Nos resulta imposible siquiera imaginar una existencia digna que pretenda ser tal mientras continúa el proceso de destrucción de la naturaleza.

Frente a este panorama, se nos advierte que una nueva grieta, así se dice, podría dividir al “progresismo”. De un lado, quienes apuestan a la “producción” y con ella a obtener las “divisas” que el país necesita; del otro se ubican quienes defienden el “ambiente” y la “sustentabilidad”. No nos gustan estas palabras, la impresión es que tampoco son las nuestras, por eso las tantas comillas para tratar con ellas. No obstante, estos contrastes detectan un desenvolvimiento que quizás ya mismo esté ocurriendo, una crisis en el pensamiento y en la voluntad popular.

Proyecto Ballena se propone, entonces, generar espacios para indagar en estas “grietas”, un espacio donde estas contradicciones, esto que hasta ahora sólo se ve como un dilema, puedan ser abordadas. 

Proyecto Ballena T/tierra tendrá un primer encuentro de lanzamiento durante el mes de Junio. Una semana de actividades en la que se llevarán a cabo clases magistrales, paneles con distintos actores de la sociedad civil, debates con referentes del mundo de la política, del pensamiento y la militancia, además de una serie de activaciones artísticas temáticas. En los meses subsiguientes se desarrollarán actividades virtuales a través de nuestra página web. Un segundo encuentro se realizará en el mes de octubre, buscando retomar aquello trabajado y problematizado desde junio.



Primera edición 2020
Proyecto Ballena: Democracia

En la primera edición de Proyecto Ballena, ocurrida el 4, 5 y 6 de diciembre del 2020, nos propusimos abordar las derivas del significante Democracia desde nuestros propios territtorios. Indagamos en sus implicancias culturales, políticas, sociales y simbólicas. ¿En qué contexto debatimos hoy la democracia en Argentina y América Latina?

En la argentina, Diciembre se conoce como el mes de la democracia. En 1983, el último mes del calendario no se vivió como cierre, sino como horizonte. Raúl Alfonsín asumió como presidente constitucional electo por el voto de la mayoría y Argentina recuperaba su democracia luego de la dictadura más brutal de su historia. 

Otro diciembre, en 2001, las mayorías se levantaron para impugnar la legitimidad de un régimen neoliberal, formalmente democrático pero que excluía del bien común a vastos sectores de la población. Este otro hito político nos enseñaba que la formalidad republicana no es suficiente para sostener una democracia si las desigualdades que soporta convierten su nombre en ironía. 

El último diciembre de 2020, en medio de una pandemia que todavía azota al mundo y desconcierta al pensamiento en los centros de poder, fue momento de preguntarnos desde América Latina a qué “normalidad” queremos volver, qué compromisos la democracia es capaz de renovar. ¿Qué alternativas podemos ofrecernos para mejorar las condiciones de vida de los seres que habitan este planeta? 

Esta interrogante dio rienda suelta a una serie de nuevas preguntas: ¿Tiene sentido hablar de democracia sin ampliación de derechos? ¿Existe democracia con desigualdad? ¿Puede haber democracia sin desacuerdo? ¿Hay democracia sin las demandas de los activismos y militancias? ¿Existe la democracia autoritaria? ¿Qué nuevas promesas puede formular la democracia? Partiendo de estas inquietudes convocamos a distintos actores del universo cultural, político, académico y artístico de nuestro país -y continente- a trazar puentes entre perspectivas y abordajes de acción colectiva.