Texto: Santiago González Casares
Pintura: By the light of a silvery moon, Bosich
A Palo

Crónica Filosófica (I)

Contar el tiempo. Contar que pasa cuando pasa el tiempo, o en este caso, que me pasa a mí cuando pasa el tiempo. Debo aclarar a que al tiempo al que me estoy refiriendo no es otro que el tiempo de la narración. Paul Ricoeur, daba una definición de narración en su Temps et récit, que dice que la narración es una manera (entre otras) de comprenderse a sí mismo, una mediación para interpretarse. Sabiendo por supuesto que será esta una tarea inagotable, pero guardando su consejo de que esto no es otra cosa que un dialogo conmigo mismo, me dispongo a narrarme en el proyecto ballena, escribir sobre lo que vi y escuché como parte de una relación hermenéutica conmigo mismo, como excusas para interpelarme, un medio para sincerarme. 

Por estas razones y otras que irán asomando a lo largo del narrar, no prestaré juicio sobre lo que me ha sucedido durante estos cuatro días ya que – sería redundar en mi parecer- del cual no podré de todos modos escapar y, por otra parte, no tiene importancia alguna en el transcurrir de los hechos. Si esto es una crónica filosófica, debe al menos intentar sostener el rigor que esta última impone, un rigor orientado desde y hacia las cosas mismas, no a las impresiones que me puedan generar.   

Intentaré entonces hablar de la tierra en cuanto tal desde distintos lugares que han sido evocados en el transcurso del festival intentando elevar al concepto estas experiencias y reflexiones para así aunar una idea de qué es la tierra, y su rol fundamental en nuestro obrar. Sin duda, este ultimo implica distintas maneras de lo humano, algunas de las cuales evocaremos y otras que quedarán al menos esquematizadas. Para comenzar debemos establecer un orden conceptual, disciplinar, para entender qué decimos cuando decimos t/Tierra y qué es lo que esta pasando con ella. 

 

Origen. Metafísica. ¿Qué es?

El proyecto ballena intenta mantener viva la pregunta por el origen, por el principio y el fundamento y se da cuenta inmediatamente de que cada una de estas definiciones de la tierra implica una disputa (Rosemberg), por ende, una política. Como le gustaría al filósofo alemán Georg Wilhelm Hegel, empezaremos por el final, por la provocación culminante en la voz de la antropóloga Rita Segato de volver a filosofar. ¿Y qué dice la filosofía sobre la tierra? ¿Cuál es el lugar que ocupa la Tierra en el pensamiento occidental?  

El pensamiento occidental nace en alguna colina de las hermosas islas griegas, un hombre, blanco, por primera vez se asombra frente a la magnanimidad de la naturaleza. De allí, los filósofos monistas encuentran en los elementos básicos de la naturaleza la explicación para Todo lo existente, agua (Thales), aire (Anaximandro), fuego (Heráclito), Tierra (Jenófanes). De la misma manera, podríamos hasta llegar a decir que la tierra es el motor inmóvil del que nos hablaba Aristóteles. Es entonces la Tierra un concepto fundacional en la filosofía y como tal, da cuenta de una cierta definición de lo Real, es por esto que debemos, antes que nada, dar una primera definición, un primer acercamiento al problema de la Tierra, pues ella nos ayudara a entender nuestra Realidad. 

La tierra es un Don y en cuanto tal no pertenece a nadie, a nadie en particular, es de todos, es de aquellos que acepten la responsabilidad y el privilegio de habitarla. Es un don que puede ser desperdiciado cuando algún miembro de la comunidad tiene más de lo que necesita y perjudica así el contrato y el destino de la dicha comunidad. John Locke, el mismísimo guía espiritual del liberalismo, entendía que el problema, la amenaza al pacto social, vendría de aquellos que al tener más de lo que necesitan, terminan monopolizando la tierra en detrimento de lo común – de la comunidad. Si ese estado de las cosas persiste, la comunidad terminará desapareciendo pues la tensión que ese monopolio impone se vuelve irresistible y se rompe así el tejido social. Pensar la tierra como un don impide el monopolio, cada miembro habiendo adherido previamente al pacto social, no debe tener mas de lo que necesita. Quizás Joe Lewis tenga más de lo que necesita (Maicoño).

 

Madre. Ética. ¿Qué hacer? (II)

La tierra es madre, abundancia y fertilidad (Pachamama). La tierra es vida, es universo, según la sabiduría mapuche el origen del universo se da a través de la interrelación entre los elementos, en solidaridad y reciprocidad los unos con los otros. De esta manera, el cosmos se co-genera desde los elementos permitiendo así una lógica paraconsistente, una lógica que permite la contradicción (A . -A). Por su parte, en las religiones monoteístas el cosmos se genera independientemente, desde luna lógica exclusiva, una única forma de Bien y de la Belleza (monopolio). Las religiones monoteístas que imponen su Dios único y omnipotente, sin duda, patriarcal, terminan por lo general en violencia (Segato). La manera del mapuche (pueblo del mapu, de la tierra) entiende a la fertilidad de la tierra como un vínculo, y más aún, como un dialogo con el mundo vegetal y animal. Son las fuerzas naturales las que forjan este vinculo con la tierra a partir del “buen vivir” (Millán).

Del lado del capital financiero internacional, la madre es sierva del consumo, único vínculo con la tierra.  Es algo que se ha dejado de lado, botado a los márgenes del pensar occidental y que, sin embargo, encarna su nacimiento, es su primera palabra: Agua es la primera palabra de la filosofía, Todo es agua.  De la misma manera, todo fue fuego, fue aire y claro está, Tierra. Y no solo eso, la madre ha sido sometida desde, al menos, el nacimiento de la modernidad, o el advenimiento de la revolución productiva. Desde que el ser humano se ha declarado el centro del universo, su relación con el cosmos se ha ido deteriorando, al punto de estar enfrentando al día de hoy, el peligro certero de su autodestrucción. Las predicciones no son buenas, el nivel de consumo que tenemos, al menos la mayoría de los que estemos leyendo estas palabras, precisamos de tres mundos, para mantener el nivel de consumo que cada uno de nosotros tenemos. Es decir, que para que yo pueda mantener mi nivel de vida y no dañar profundamente el bienestar de la tierra, necesito de los recursos naturales de tres mundos (Schteingart). Esos somos nosotros, imaginen cuantos mundos necesita Bill Gates para seguir sobreviviendo, antes que el mundo se le acabe. Porque en el fondo de eso se trata, del limite de los recursos, la agotabilidad del suelo. Como dice, Frazer, construir una contrahegemonía que impida a las grandes corporaciones expropiarnos del sentido común. Allí radica la disputa, en apropiarse nuevamente del territorio que cada uno de nosotros habitamos, no solo de consumir un poco menos, sino de cambiar el sistema social en su totalidad, liberarnos definitivamente del capitalismo global. Este ultimo tiene ciertos mecanismos de distracción que nos hacen creer que se preocupa por el medio ambiente, por los recursos naturales (medio ambientalismo corporativo) y que en realidad no hacen más que servir los intereses del capital (García Linera). Quizás una alternativa para combatir esa distracción, sea pensar en un pacto social del sur (Svampa), una unión del sur global que pueda luchar conjuntamente (Arauz, Varoufakis) para defender sus propios intereses, y estar pendientes de sus verdaderas preocupaciones, de su realidad. 

Es la razón instrumental la que se ha ido ganando este lugar de mediación de nosotros con nosotros mismos, de los unos con los otros. En dicho lugar, en el medio de nosotros con nosotros, desde la última revolución industrial, se ha instalado el capital cibernético, es a partir de el que se instala un sentido común ajeno a nuestros propios intereses, se impone un sentido común neoliberal. 

Cuando pensamos el sentido de lo común y lo nacional, estamos pensando en la comunidad como cuerpo orgánico de un sentido que es el destino de un pueblo. Es a partir de este sentido que lo común y lo nacional deben organizarse (Guzmán). Dicho sentido debe instituirse en norma y así constituir una sociedad político-económica. Esta instauración lleva una inspiración, el amor del pueblo, y una destinación, su felicidad (eudamonia). Todas y cada una de las instituciones regidas por las normas de lo común deben garantizar la posibilidad de la felicidad para cada uno de sus miembros. Esto solo es posible a partir de la justicia social, única capaz de garantizar la distribución equitativa de la riqueza que el pueblo genera. Es decir, que la felicidad como destino de lo popular tiene a su vez un sentido, y es el de la justicia social. No se trata aquí solo de un sentido racional (la causa primera de la felicidad es la justicia social) sino también del sentido en cuanto palabra común, la justicia social como génesis de la felicidad de un pueblo, la fecundidad de su acontecimiento. 

 

Lo Común. Política ¿Cómo? (III)

“La tarea ahora es nuestra” (Bauer)

La tierra es lo común que hace a la comunidad, la tierra es lo que compartimos, por eso la tierra es sobre todo relación, vinculo con el otro, con el prójimo. La tierra es lo común que hace que haya algo en común, que compartamos algo. Ese es el vinculo que decide la política, eso es lo que delegamos al entrar al contrato social. La tierra es ese contrato, un pacto social que nos permite adquirir una libertad superior, la libertad política, la libertad de vivir con los otros, esa libertad esquiva que nos habilita y nos obliga a vivir con los demás. Esa libertad que no es individual no es más que la respuesta a un llamado, esa libertad me impone, me abre la puerta para abrirme a los demás. No existe una libertad individual que me permita actuar sin tener en cuenta a aquel que está a mi lado, que me acompaña. No existe la libertad que no incluya, que no comparta. No existe la libertad autista, ignorante de la felicidad de la comunidad (Rousseau). Es por eso, que el yo solo se realiza en el nosotros, sin el no es nada mas que deseo e incertidumbre. El otro, que implica el nosotros, me da seguridad, la mía, la de saber que puedo amarlo, que debo ser responsable de el y de todos nosotros, que al menos yo me juego en ello. Es esta la clave de la cuestión, yo me realizo en nosotros, no porque el otro me de la certeza de su bienvenida, sino porque yo se me en ese sacrificio, soy en cuanto me entrego al otro, a nosotros. 

La tierra es nosotros, el suelo de la casa (oikos) común (economía). Es un recordatorio de que no estoy solo, es por ende un privilegio, pero sobre todo una responsabilidad. La tierra es un puente pues es siempre compartida, es una riqueza para ser distribuida equitativamente, es un derecho (Papa Francisco). Para esto hace falta la independencia económica, no se puede disponer de lo que no se tiene, de lo que ha sido ex-propiado por la dominación del capital. Y es allí donde se juega la soberanía de un pueblo, la posibilidad autentica de su autodeterminación. Solo podrá liberarse un pueblo que sea soberano, que pueda llevar a cabo su destino. Es aquí donde juega la ciencia que debe gobernar la razón instrumental, es decir, hacer lo contrario, revertir la situación, instrumentar su razón a partir de su ciencia (política). Es decir, que la comunidad debe apropiarse de su razón, y someter los objetos a sus propios designios, y no al revés. La razón instrumental, sobre en estos tiempos de penuria, gobierna los designios populares, somete a los pueblos a su gobierno a través de sus redes virtuales y sus mercados financieros. Pero sobre todo a través de la imposición de un logos global que impide a lo común de manifestarse en la común-idad y evita que el pueblo sea capaz de apropiarse de su destino e imponer su razón. Mientras la razón este del lado del instrumento y no sea ella la razón de un pueblo, siempre se someterá al pueblo y este nunca será capaz de realizarse. El mercado está conformado desde las leyes económicas de la oferta y la demanda, y estas deben estar equilibradas para mantener al sistema funcionando. Estas normas económicas pueden estar al servicio del pueblo o ejercer sobre este el dominio del capital. Sugerimos aquí que lo instrumental está regido por la ciencia matemática y se expresa en términos de capital, y cuando está sometido al mercado, en términos de capital financiero. Para el funcionamiento cabal de dicho capital, hace falta que este sea de carácter internacional para sostener lo que en dicho mercado se intercambia. El mercado que llamamos de valores, trata únicamente con valores materiales en sus abstracciones en forma de mercancía, nada tienen dichos valores de moralidad, sino más bien que la rigen y condicionan. Los verdaderos valores son creados a partir de un pueblo que goza de la soberanía política para lograr establecer una constitución nacional.   

Niñx. Estética. Belleza.

La tierra es juego, instinto, creación y recurrente eternidad (Nietzsche). Sin duda otra de las presencias vivas en el Proyecto Ballena, fue la preocupación por la belleza, y sus posibles transformaciones. Esa preocupación esta encarnada por un lado en las distintas manifestaciones artísticas que embellecieron la totalidad de los encuentros, aunque también por la presencia constante de las semillas, de las plantas, en manos de niños, en manos de familias, de parejas.

Entender la tierra, aquello que nos reúne; como un juego, como una invitación, quizás nos acerque más aun al verdadero significado de la Tierra. Si la tierra es comienzo, si la tierra es origen, entonces debemos observar al niño. Debemos ir al origen, ir allí donde todo empieza. El niño es un modelo, una idea de Ubermensch, de superhombre, de sobrehumano. Aquel ser indivi-dual que logra vivir el instante, vivir el momento como si fuese a recurrir eternamente
(Nietzsche). El niño es una figura estética, una vía privilegiada hacia la belleza, el artista en búsqueda de un lugar siempre nuevo. 

De esta manera podemos pensar a la tierra como resurrección. Se puede pensar la tierra como una posibilidad de renacer en el otro, de entregarnos al azar de la sorpresa, al misterio de lo que aún no sabemos, de lo que intuimos, a la incógnita que anuncia que la tierra es el don de la humanidad. Pues la tierra nos muestra lo que realmente somos, una pregunta que solo puede responderse desde el colectivo en la comunidad. Es que somos solo una fracción de la voz de un colectivo, cuya palabra es siempre mayor a cualquier traza individual. Soy lo que me falta, soy la deficiencia de lo que aun no entiendo pero que sin embargo no deja de mostrarme el camino que debo transitar.

 

CRISIS. CRISIS. CRISIS. (Prescripción)

 

Debemos desde ahora, ya mismo buscar una nueva palabra, un concepto que nos defina, que sea nuestro. Es el momento de comprender que es lo que nos esta pasando, que es lo que sentimos. Que precisamos como comunidad a causa de esto. Debemos nombrarnos, apropiarnos de la palabra y del acontecimiento venidero. El tema es que al llamarlo crisis neutralizamos todo intento de aprehendernos, de sabernos. Porque la crisis que sabe por nosotros, nos anula fácilmente en el sinfín de reproducciones de lo mismo, sea una imagen del COVID o el zócalo rojo furioso de todas las A L E R T A S mediáticas, ¿cuántas de esas habrá por día? ¿Si juntáramos las alertas en los televisores y pantallas de todo el mundo, cuantas reproducciones serian? ¿Cuántas personas las vieron?

Esto no es una Crisis, no es algo que le pasa a un inmigrante Mali en París, o a un soldado israelí en la franja de Gaza, la crisis es algo que le pasa a otro, con su fuerza neutralizante, la crisis como logos mediático logra suspender todas las particularidades del sufrimiento colectivo. Todos estamos en crisis, todo el tiempo. Y en este caso, todos es nadie, nada está pasando. En todo caso no a nosotros, no a esta comunidad. Pues lo que nos ocurre, nos transforma para siempre, sino no ocurre. El tamiz sintético de la pantalla de una manera quizás no tan sutil neutraliza el acontecimiento, logra que no nos demos cuenta de lo que realmente está ocurriendo, nos está ocurriendo. Eso que llamamos logos mediático ha adquirido la fuerza para alejarnos a nosotros, de nosotros mismos. Se ha apropiado del sentido común al punto de que no podamos distinguir entre lo que me pertenece y lo que es de todos y de nadie. Si la pantalla lo repite la suficiente cantidad de veces (alta rotación) quizás uno llegue a creerse seriamente que vive en Brooklyn o en Tel Aviv, o donde sea. La clave de este comportamiento de la lógica cibernética es que opera directamente sobre lo real, fabrica lo real, lo produce. Algorítmicamente diseñado para cada uno de nosotros, aunque claro ese algoritmo es a su vez de todos, y por ende de nadie. La pandemia Covid-19 aún no ha ocurrido. 

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