Hablemos de T/TIERRA: polifonías políticas

Apuntes para pensar un futuro ambientalista

Aquí un resumen de las preguntas, las ideas, las soluciones colectivas que fue aportando cada participante del encuentro virtual que se produjo en junio y que puede verse completo en el canal de YOUTUBE del CENTRO CULTURAL KIRCHNER, en la plataforma CONT.AR y también en esa misma página.


¿El extractivismo ya fue?  ¿El ambientalismo es un reclamo superficial? ¿Economía verde o economía circular? ¿Cómo construir una nueva normalidad?  ¿Es compatible el cuidado del medio ambiente con la inclusión social en un país como el nuestro? ¿Existe un racismo ambiental? ¿La tierra puede ser de quien la trabaja? ¿Existe una ecología políticamente INcorrecta? ¿Es más fácil pensar en el fin del mundo que en el fin del capitalismo?

A lo largo de las diferentes actividades que dieron forma a  Proyecto Ballena 2021 durante el mes de Junio fueron apareciendo conclusiones, posibles soluciones,  distintas preguntas y reclamos frente a las problemáticas ambientales y climáticas en toda Latinoamérica. Este proyecto, que pretende operar como un puente entre el mundo de la academia y las experiencias de aquellas personas que habitan y trabajan la tierra, que viven en carne propia las consecuencias del extractivismo y la destrucción ambiental, ha acercado múltiples diagnósticos y puntos estratégicos llegados desde diferentes campos: la política, el arte, la sociología, la poesía, la militancia o la filosofía, y que a su vez se entrelazan con las voces de los movimientos populares. Lejos de seleccionar o definir alguna de estas ideas como una conclusión final o una respuesta única, estas discusiones nos encaminan hacia mundos más habitables, abren nuevos territorios discursivos y políticos que hacen eco en nuestras discusiones colectivas. 

¿Qué es el extractivismo y cómo salir de allí? ¿Cómo opera el greenwashing? ¿Quiénes son los sujetos que tienen que liderar un cambio desde la perspectiva ambiental? 

           Para Mario Santucho, en nuestro país la cuestión ambiental está directamente relacionada con el tipo de inserción que la globalización nos impuso como exportadores de recursos naturales y bienes primarios. Así abre el debate de la mesa de CRISIS, bajo el título de “Las venas abiertas por el extractivismo en América Latina”. Cuando a Mercedes Pombo se le pregunta si es compatible el cuidado del medio ambiente con la inclusión social en un país como el nuestro, con altos niveles de pobreza, ella contesta que pensar estas dos posibilidades como incompatibles es una concepcion erronea: “Tiene que ver con esto de pensar a lo ambiental como una cuestión utópica, como un problema abstracto y a futuro y que, por eso, es incompatible con la realidad material de los países latinoamericanos. Parte de la premisa de pensar al ambiente como algo disociado de la sociedad “  Estas dos cuestiones no sólo se vinculan, sino que están conectadas: para resolver la crisis climática y ecológica también hay que reducir los niveles de desigualdad a nivel mundial. La crisis  es económica y sanitaria y también climática y ecológica, no son crisis contrapuestas, sino que son expresiones de una misma crisis.  

                          Julia Rosemberg hace referencia a la idea que se ha instalado en la opinión pública: que el ambientalismo es un reclamo superficial, un hobbie de las clases altas y de los países primermundistas. De la misma forma en que Mercedes Pombo sostiene que pensar el cuidado del medio ambiente como una preocupación incompatible con la inclusión social es una concepción errónea, Rosemberg asegura que es necesario dar una batalla narrativa para desmentir estas creencias. Desde su punto de vista, tomarse el ambientalismo en serio implica inevitablemente el enfrentamiento y el conflicto con poderes políticos muy fuertes. Y también pone en juego una pregunta que podría ser fundamental para pensar el futuro del ambientalismo en nuestros territorios: “Si durante los siglo XIX y XX el sujeto interpelado siempre era el estado, la pregunta es si alcanza con exigir a los estados nacionales -a los estados débiles que tenemos en América Latina- que generen estos cambios. ¿Es solamente el estado? ¿Hay otros sujetos que deberían impulsar estas nuevas formas de producción, de consumo, de alimentación? ¿Quienes son los sujetos que tienen que liderar un cambio desde la perspectiva ambiental?” 

                El principal problema ambiental es la pobreza, así lo deja en claro Julia Mengolini, quien se encargó de dialogar con movimientos populares -muchos de ellos agrupaciones campesinas- en esta edición de Proyecto Ballena. Ella sostiene que los pueblos deben ser los sujetos que impulsarán los cambios de los que habla Rosemberg, con el apoyo de los gobiernos populares.  “A mi me tocó entrevistar a colectivos que trabajan la tierra, personas que viven en el campo. Ahí quedó muy evidenciado que los primeros damnificados por el extractivismo son ellos. La matriz productiva, tal y como está organizada, los damnifica en primer lugar a ellos, a las poblaciones vulnerables de todo tipo. Y creo que la salida a esta crisis va a ser de la mano de un desarrollo inclusivo.”  

Si vamos a referirnos a las antiguas -y muchas veces erróneas- concepciones del activismo ambientalista como un lujo de las clases altas, es necesario desenredar las posibles raíces de esos prejuicios. En la mesa de CRISIS aparece muchas veces la noción de greenwashing, un término que podría traducirse como “lavado verde” y que comenzó a ser usado para describir la estrategia de marketing de las compañías que presentan y comercializan sus productos como si fueran ecológicos y cuidadosos con el medioambiente mientras ocultan el auténtico daño que ejercen contra la naturaleza. “De nada nos sirve el greenwashing, que lo único que busca es lucrar ahora también con la economía verde para seguir concentrando riqueza, porque lo que nosotros buscamos es generar riqueza, pero no para acumular sino para redistribuir. Y por eso, nosotros no hablamos de economía verde, sino de economía circular.” dice Danela Vilar. Y sostiene que la pandemia de COVID que estamos transitando es una alerta que recuerda que este modelo productivo individualista, extractivista, patriarcal y depredador ya no da para más, que está gastado. Además, hace hincapié en que la preocupación de las  nuevas generaciones  frente a problemáticas como el calentamiento global fue fundamental para que se comenzara a asumir la urgencia de vivir en un ambiente más sano. “Cuando hablamos de construir una nueva normalidad, tiene que ser una nueva normalidad absolutamente distinta a esta que es depredadora, excluyente, individualista, creadora de pobreza. Sabemos que el 10% de las personas más ricas del mundo produce más del 50% de las emisiones de carbono, mientras que la mitad de la población mundial más pobre tan sólo el 7%. Esta es otra imagen de gran desigualdad que tenemos hoy y que es parte fundamental de este problema ambiental.”  

                      La idea de greenwashing no se utiliza únicamente para referirse a las estrategias de marketing. También es una manera de describir un formato liberal de la ecología y del ambientalismo que se basa en las acciones individuales, en “el pequeño granito de arena que cada persona puede aportar”. Un ambientalismo importado que no guarda relación alguna con las problemáticas propias de los territorios latinoamericanos. “Hay un sector del ambientalismo que está basado en planteos más liberales: por ejemplo, que ser ecologista implica modificar acciones individuales como separar la basura. Mientras que hay otras lecturas que para mí son más políticas, que tienen que ver con involucrarnos de una manera más comunitaria, y eso implica generar demandas que se transformen en políticas“, explica Julia Mengolini. Y Mario Santucho sintetiza perfectamente esta idea de un ambientalismo popular, participativo, movido por las problemáticas locales: “Tendríamos que ver lo interesante que es cuando el ambientalismo tiene una voluntad popular, y cuando la justicia social deja de ser una narrativa del siglo XX y empieza a preocuparse por nuevas ideas de lo que es la justicia hoy en día”.

Tecnología: ¿Herramienta de dominación o de resistencia? ¿Cómo resistir a los medios hegemónicos, al imperativo de los imaginarios neoliberales? 

               Desde otro ángulo, Gustavo Béliz también habla de extractivismo, pero de otro tipo: “El extractivismo no es sólo de recursos naturales, es también de datos. Los gigantes tecnológicos tienen un nivel de extracción de nuestros datos que terminan cosificándonos. Nos hemos convertido en producto y no en una situación a la inversa”. Béliz no es el único en problematizar la dominación tecnológica, la enorme influencia de los medios de comunicación sobre las mentes humanas. Para pensar el extractivismo de datos también resulta pertinente tener en cuenta la mirada de Adolfo Pérez Esquivel: «Los grandes medios hegemónicos de comunicación van generando una conciencia colectiva, el pensamiento único. El monocultivo de las mentes, esa es la dominación. La dominación pasa por lo cultural. Fíjate en los medios de comunicación nuestros. El 90% habla todos los días de Estados Unidos. Pero no hablamos de África, no hablamos de América Latina, de la cultura latinoamericana, que es extraordinaria, de sus artistas, de sus escritores, de los pueblos, de los campesinos, la riqueza que hay en la sabiduría de los pueblos”.  

                             Tristán Bauer retoma las ideas de Pérez Ezequiel, quien asegura que la única salida hacia mundos más justos es la revolución cultural, y aporta su propia noción de la palabra cultura: “Este mundo que nos toca vivir es un mundo de pandemia, un mundo en crisis cultural.  La palabra cultura es una palabra bellísima, hermosa y muchas veces la asociamos al Ministerio de Cultura: ahí está la pintura, ahí está la poesía, y por supuesto que las disciplinas artísticas son fundamentales, pero esa palabra, «cultura», es mucho más vasta. Viene, en su origen, del cultivo, de cultivar la tierra, que lo hacemos en comunidad para que florezca la naturaleza”.

                   Podríamos relacionar el concepto de la tecnología como herramienta de dominación con la opinión de Juan Grabois sobre el libro del Papa Francisco, Tierra Techo y Trabajo: “El magisterio del Papa Francisco nos habla de una crisis integral que es el grito de los pobres y el grito de la naturaleza en un mundo que él caracteriza como dominado por un paradigma tecnocrático, de alianza entre las finanzas y los sectores de alta tecnología que está dominado por una cultura del descarte: que descarta personas, que descarta objetos” 

                      Brigitte Baptiste, en cambio, tiene una perspectiva esperanzadora sobre los vínculos que la tecnología puede facilitar entre humanos de todas partes del mundo, fomentando la conversación colectiva, que desde su punto de vista es la herramienta fundamental para construir las identidades ecológicas de los territorios: “Ahora, a través de la tecnología, a través de los viajes, de la cultura, de tener una experiencia compartida del planeta es donde yo puedo hablar con comunidades Masai y sentir el eco de mis afectos por mi territorio” 

Hacia democracias menos débiles: ¿Cómo se construye la economía latinoamericana?

           Quizás sea difícil entender por qué a los ateos puede llamarles la atención o incluso interpelarles el discurso de una figura como la del Papa Francisco. Es probable que tenga que ver con lo que dice Julia Rosemberg: un poder que tiene miles y miles de años, el poder más conservador que ahora propone la línea más radical del ambientalismo. Un ambientalismo enfocado en generar una comunidad, la casa común, y en discutir con el neoliberalismo.  Pablo Bustinduy también encuentra las posibles raíces del interés que provocó su libro y su discurso ambientalista: Francisco busca comprender un mundo que ha sido vaciado de sentido, un mundo asolado por el relativismo, asolado por el individualismo, un mundo que ha perdido su relación con la verdad y con lo absoluto y que, por tanto, anhela sentido, anhela significación, anhela reunificación. Es un mundo dominado por la pobreza moral y espiritual que, por lo tanto, busca recobrar un sentido de trascendencia”. Para Francisco la pobreza no es sólo espiritual y moral: la relaciona directamente con un sistema económico que funciona generando permanentemente desigualdad y exclusión social.   

           Precisamente, en relación a este tipo de sistema económico, Ignacio Ramonet explica el neoliberalismo como la reducción y contracción  del Estado: “La reducción del número de funcionarios, la supresión de puestos, la reducción de todo lo que es el gasto público. Y, al reducir el gasto público, pues se reduce la dimensión, la talla, la maqueta del Estado”. Ramonet también analiza la construcción de la economía latinoamericana: “La economía de la mayoría de los países latinoamericanos está basada ya sea en el suelo o en el subsuelo. De la agricultura, en el caso de Argentina, en el caso de Uruguay, ya sea por la producción agrícola, ya sea por la producción ganadera.  Y también en países como Perú y Chile. Pero no se ha desarrollado una economía de servicios, no se ha conseguido una verdadera industrialización. En este sentido hay una fatalidad”. Además, el pensador sostiene que otro mundo es posible si transformamos el modelo económico depredador actual, si mutamos hacia un modelo más austero, más económico, en sintonía con la naturaleza que nos protege y que nos dará continuidad.

           Según la mirada de Adolfo Pérez Esquivel, en Latinoamérica tenemos democracias débiles, democracias delegativas que ya no responden a las necesidades de los pueblos. Por eso propone pensar en democracias participativas. Y recuerda que las venas de América Latina siguen abiertas hasta el día de hoy: “La conquista europea fue una invasión, una apropiación. No vinieron a civilizar, la cruz y la espalda eran la misma cosa. Vinieron a imponer y a saquear el continente. El  problema de la tierra es el de la apropiación de la tierra, de los recursos, del oro. Colón lo primero que hace es llevarse como 400 indígenas y los vende en Sevilla. Entonces, los seres humanos no cuentan como seres humanos”  

                       Pérez Esquivel relaciona la lucha actual por el derecho a la tierra con las heridas aún latentes de la colonización, una miseria que permanece en el tiempo pero muta en sus formas de manifestarse: “Cada vez son más expulsados los naturales y terminan en las favelas, en los tugurios, en las villas miseria. Yo digo que la miseria cambia de nombre en cada país, pero en todos los lugares tiene el mismo rostro. Esa es la destrucción.”  ¿Cómo avanzar hacia democracias menos débiles, más participativas? Es necesaria una redefinición del futuro, pero también hace falta redefinir nuestro pasado, así lo asegura Tristán Bauer. “Cuando los argentinos miramos nuestra historia, en esa memoria histórica, cuando tenemos el guardapolvo blanco y estamos en las escuelas, decimos, por supuesto, nuestras fechas extraordinarias que siempre vamos a conmemorar: la Revolución de 1810, la Independencia. Pero cuando uno mira en la línea de tiempo y nos vamos 9000 años atrás, empezamos a ver esa historia y cuánto tenemos que aprender de esa memoria de nuestros pueblos originarios”.

Estrategias de poder: ¿A quienes le pertenece el lenguaje? ¿Cómo disputar las subjetividades que produce el neoliberalismo? ¿Es posible desafiar al pensamiento único?

                    En el discurso de  Brigitte Baptiste vuelven a aparecer los seres humanos como sujetos sociales indiscutibles de la tierra que habitan. Ella reflexiona sobre cómo los procesos, las cuestiones “legales”, han moldeado las relaciones humanas con los territorios. Propone pensar en la historia de los países contemporáneos, que se consolidaron sobre distintos procesos, acuerdos y constituciones que hasta el día de hoy  afectan la relación humana con los territorios.  Dice que desconfía de que estas normas constitucionales se hayan estructurado sobre la idea de un bien común. Si los pueblos renuncian a la soberanía local de sus territorios, a estos subsuelos de los que hablaba Ramonet, en pro de un aparente “beneficio nacional”, ¿a quiénes beneficia realmente ese “bien común”?  “Por ejemplo, la Constitución colombiana promulga que el subsuelo es de la nación. Es decir, es producto de esta historia compartida y todos los colombianos hemos renunciado a la soberanía local del subsuelo en pro del beneficio nacional. Cuando llega una empresa minera, y te dice, perdón, voy al subsuelo, dices: “no, pero es mi territorio” y te dicen: “no, usted firmó la Constitución, usted aceptó que el suelo era de competencia de la nación, entonces, pues cumpla con su acuerdo social”. Y uno dice: “pero yo no me imaginaba lo que se me venía encima cuando dije que sí”. 

                              A lo largo de su entrevista, Baptiste denuncia las estrategias del  greenwashing, una noción que se ha discutido en varios diálogos de Proyecto Ballena. Discursos ambientalistas sin perspectiva social que actúan en nombre de este supuesto bien común pero empeoran las condiciones de vida locales mientras lucran con las causas ambientales.  “Hay una globalidad que se construye a partir de destruir mi localidad. El resultado de un discurso que pretende legitimar el bien común global y hacer desaparecer u olvidar el beneficio local o el mejoramiento de las condiciones de vida de los territorios, pues claramente estamos continuando en una época de colonialismo activo, pero con discursos simulados.”  

                     Esta crítica a la dominacion a traves de los recursos discursivos tiene fuertes similitudes con el pensamiento de Enrique Leff: “Vemos todas las estrategias de simulación de que el mundo es verde cuando es negro”.  Para Leff, el concepto de sustentabilidad es un término que, desde que se abrió el debate sobre la crisis ambiental ha estado en el juego del poder.  Estrategias de poder que juegan con el concepto para apropiárselo y para quitarle su radicalidad: greenwashing. Podríamos pensar: si la derecha se apropia de los lenguajes transgresores, ¿hay  que inventar lenguajes nuevos, maneras de comunicarse por fuera de estos conceptos coloniales? Para Leff, quien ha declarado que necesitamos reconstruir el tejido de la vida, parece que sí: La práctica de buscar, regenerar significantes, significados, sentidos, que viene de la escuela de Bajtín. Es decir, nuestras comprensiones del mundo, nuestros conceptos no están libres del poder. Cada palabra, cada sintagma, cada paradigma está inscrito en lo que Foucault llamó estrategias del poder en el saber. Entonces, desde ahí, tenemos que resignificar palabras”.  

                 Siguiendo esta misma línea de pensamiento, Jorge Alemán se refiere al neoliberalismo como un productor de subjetividades. Vuelve a aparecer la pregunta: ¿Cómo disputar esas subjetividades? Si Brigitte Baptiste es la referente, de alguna manera, del optimismo  y la fe en la juventud, en la posibilidad de cambio, Jorge Alemán podría representar la mirada opuesta: predice una catástrofe mundial casi irremediable. No hay imaginarios alternativos al capitalismo, sostiene, y se apoya en una frase contundente: “Es más fácil pensar en el fin del mundo que en el fin del capitalismo”. De todas formas, Alemán se pregunta si todavía existe la posibilidad de  un proyecto político colectivo que verdaderamente detenga la marcha incesante del capitalismo. No piensa una marcha  hacia “adelante”, imagina una emancipación que debería  ser un proyecto hacia el futuro pero también un paso hacia atrás: “recuperar ese momento en donde la naturaleza vuelve a ser un misterio y donde se la pueda leer poéticamente y se la pueda experimentar como tal, no como algo que se des-oculta integralmente, como si fuera un experimento científico y sale íntegramente a la luz, sino que permanece velada la verdadera experiencia de la naturaleza”.

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