Moira Millán

Terricidio. La voz de quienes cuidan la tierra tiene mucho que decir

Moira Millán, weyfache mapuche activista por los derechos humanos y ambientales,  es una de las líderes del movimiento de recuperación de las tierras ancestrales. Referenta para las mujeres indígenas de nuestro país, en esta entrevista con Julia Rosemberg explica los alcances de la palabra “Terricidio”, usada para referirse a una destrucción de la vida que excede el mundo tangible, que ataca incluso a los ecosistemas espirituales. El pueblo mapuche y las naciones indígenas, con miles de años de desarrollo cultural, histórico, espiritual, plantean un nuevo modo de vivir en esta tierra, una lucha por la construcción de una nueva matriz civilizatoria.  Con sus convicciones optimistas y guerreras, Millán está segura de que es posible vencer a los mentores de la muerte si confiamos en el diálogo con la tierra y volvemos a dialogar con ella, si nos dejamos habitar por en la sabiduría ancestral.

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MOIRA MILLÁN: Mari mari kom pu lamngen, mari mari kom pu che, mari mari kom pu wenuy. Pillañ Mahuiza significa montaña sagrada. Al pie de la montaña se hacían las ceremonias y siempre decimos que estamos retornando a nuestro territorio ancestral. Entonces, hemos recuperado el nombre ancestral, antes les llamaban Cerro Centinela, a esa parte también. Una papay kuche de ese lugar recordó que se llamaba Pillañ Mahuiza, así que estamos también tratando de que las nomenclaturas ancestrales empiecen a instalarse en la narrativa actual, no solamente en la memoria. Así que vengo de este Lof. Y weychafe significa: el weychan es la lucha, entonces algunos traducen como guerrera, pero en realidad no es así porque la nación mapuche no se dedicaba a ser expansionista ni a guerrear, sino que se defendía y el weychan es el proceso legítimo de autodefensa. Quienes salimos a luchar y ponemos el cuerpo y ahí estamos habitados por un espíritu que nos obliga, que nos lleva al resguardo de la vida, somos los pu weychafes y cada vez nacen más en nuestro territorio, en Lawal Mapu. La nación mapuche está recibiendo esa fuerza fundamental para resguardar la vida que ya no se trata sólo del territorio mapuche, sino del planeta. 

 

JULIA ROSEMBERG: Moira, para arrancar agradecerte nuevamente que estés acá acompañándonos en este Proyecto Ballena, para nosotros es un gustazo realmente. Cuando inauguramos Proyecto Ballena hace dos días nos preguntábamos qué tipo de crisis es la que está atravesando la humanidad. Claramente, la pandemia lo puso todavía más en evidencia. Y vos venís hablando de una crisis civilizatoria. Quería arrancar por ahí, preguntarte de qué se trata la crisis que está atravesando la humanidad y el planeta como lo acabás de decir.

 

M.M.: Esta crisis civilizatoria plantea de manera categórica la diferencia entre el modo de habitar el mundo de las naciones indígenas y de la cultura dominante. Esta civilización que se ha expandido por toda la tierra, una civilización antropocéntrica, patriarcal, racista, por lo tanto, sexista también con el patriarcado, una civilización muy especista, materialista, individualista y todos esos valores que van dando estructura a ese modelo civilizatorio, hoy plantea una crisis enorme en todo el planeta porque no encuentra salida. Todos los Estados coloniales, como así también los diferentes mecanismos de pseudo democracia que responden a esa estructura no están logrando reciclar este modelo civilizatorio. Se cae y es por ello tan importante la presencia de las naciones indígenas que tienen miles de años de desarrollo cultural, histórico, espiritual en los territorios, para plantear un nuevo modo de vivir el mundo, que justamente dé respuesta a esa crisis civilizatoria. Una epistemología por la vida y no por la muerte. 

 

J.R.: Hay una palabra que utilizás mucho y que, quizás, no es tan conocida por muchas personas que están acá acompañándonos, que nos están viendo y que me gustaría que expliques de qué se trata: el terricidio. 

 

M.M.: Recorriendo los territorios y escuchando los testimonios de todas las hermanas de todas las naciones aquí en Argentina, hemos podido identificar los distintos modos de asesinar la vida que tiene este sistema y había que ponerle una palabra porque, cuando logramos darle un nombre a ese dolor, podemos recién ahí pensar cómo combatirlo. Y teníamos que encontrarle un nombre a toda esta narrativa. Entonces terricidio es la palabra que sintetiza esa forma de destruir la vida en todos sus modos, porque creemos que no solamente está el mundo tangible, el ecosistema tangible, también hay un ecosistema perceptible, espiritual que está siendo atacado de manera sistemática. Yo siempre digo que tenemos que hacer un diccionario de las malas palabras y recién les comentaba a las compañeras que la palabra interseccional no me gusta porque admite que nuestro cuerpo o territorio puede ser diseccionado y lo que estamos haciendo es desintegrarnos. Esta corporalidad territorial ensambla todas las líneas. El terricidio sabe eso y esta forma de ir matándonos de diferentes modos debilita el círculo de la vida, el núcleo que da estructura a esta fuerza vital cosmogónica. Entonces, el terricidio es la síntesis del ecocidio, del epistemicidio, del feminicidio. Hablamos de feminicidio, porque una cosa es el femicidio, que es el asesinato de las mujeres por su condición de mujer, pero el feminicidio es algo sumamente perverso porque cuenta, inevitablemente, con la complicidad del Estado. Son las empresas extractivistas juntamente con el Estado que provocan el feminicidio indígena, por ejemplo, en Argentina. También identificamos lo que entendemos como la destrucción de la espiritualidad, que entraría también dentro del epistemicidio y con ello, también, el genocidio. La espiritualidad es fundamental para los pueblos originarios. Tenemos cantidad de expresiones religiosas en los territorios sirviendo, siendo muy serviles a los intereses transnacionales, extractivistas, planteándonos un paraíso, algún día, cuando vayamos a morir y, mientras tanto, que permitamos que este paraíso que habitamos sea destruido. Es muy importante recuperar la espiritualidad de los pueblos indígenas, de las naciones indígenas, porque allí habita la sabiduría, la llave para el diálogo, para la comunicación con las fuerzas de la naturaleza, con el espíritu de los animales. Es muy importante recomponer el vínculo con los animales, recomponer el vínculo con la montaña, recomponer el vínculo con toda la tierra, con todos los elementos y las fuerzas vitales que viven en ella. Antes había un diálogo, miles de años de diálogo entre los pueblos originarios y el entorno natural en que desarrollamos nuestra vida. Y hoy lo estamos recomponiendo, por eso hay recuperaciones territoriales, por eso están naciendo machis, mujeres medicinas, que justamente los grupos religiosos están atacando, están matando, están persiguiendo, están demonizando a las mujeres y los hombres medicinas en Argentina. Esto no está pasando en Guatemala, en Ecuador solamente, está pasando también aquí, en Argentina. Y por eso es muy importante que se entienda que el terricidio es un crimen y, por lo tanto, tiene que ser juzgado y condenado. Todos los gobiernos terricidas y las empresas terricidas tienen que ser juzgadas y condenadas. Los pueblos del mundo tenemos derecho a amplificar nuestra perspectiva de justicia. Donde no hay justicia, los pueblos del mundo debemos tejer en solidaridad y en reciprocidad con la tierra la justicia.

 

J.R.: Moira, en los últimos años, se está viendo cierto ecologismo o ambientalismo que toma banderas más superficiales y que pueden ser cooptadas por partidos de derecha. Pienso, por ejemplo, en Europa, pero no hay que irse tan lejos para ver cómo ciertos sectores conservadores quieren tomar la bandera de lo sustentable, de lo verde, para ser políticamente correctos, como si eso fuese lo que hoy es lo correcto. ¿Cuál es la discusión con ese ambientalismo por parte de las creencias que que vos tenés y que tiene tu pueblo? 

 

M.M.: Ese ambientalismo hace un recorte de la mirada. Ese ambientalismo no se plantea de manera categórica como antisistema. Lo que está sucediendo con la Tierra es parte de ese fenómeno sistémico de muerte que se emplaza en todo, en toda la agenda de la política global. Ese ambientalismo dialoguista, institucionalista, generalmente recibe el sustento de las mismas empresas terricidas. Y de pronto, podemos entender por qué ciertos personajes que aparecen en la palestra ambiental logran una proyección mundial, se amplifica su voz, se la trae incluso hasta los estamentos de Naciones Unidas para hablar con los mandatarios. Y esta persona está hablando del cambio climático, está hablando de lo que afecta a la tierra, pero no menciona la masacre contra los pueblos indígenas en el Amazonas, no menciona la persecución, la judicialización, el hostigamiento constante que los pueblos defensores de la vida de los territorios están sufriendo. Entonces, a veces el conservacionismo quiere una superficie de bosque preservado, pero no importa si los guardianes milenarios de bosques son asesinados. Y ahí es muy importante tener claro, otra vez, lo del territorio. Es decir, todas las vidas se ensamblan: si queremos defender el Amazonas, tenemos que defender a los pueblos originarios del Amazonas; si queremos defender la Patagonia, tenemos que defender la lucha del pueblo mapuche.

Soy un poco desprolija para hablar, voy a responder a todas las preguntas. Es como si estuviéramos tomando mate y conversando. Hay que entender que la lucha del pueblo mapuche, la lucha de las naciones indígenas en general, no es una lucha por la propiedad de la tierra, no se va a resolver con la mensura de un espacio determinado de tierra y la propiedad comunitaria, sino que es una lucha por un modo de vida en la tierra. Entonces plantea una discusión mucho más profunda que es, justamente, cómo queremos habitar el mundo. En esa discusión de cómo queremos habitar el mundo, los intereses de los poderosos de esta corporocracia que detenta el poder en el mundo, son billonarios y van a levantar calumnias sobre los pueblos indígenas. Necesitan ecologistas que salgan a hablar de manera recortada de la realidad y omitir que hay guardianes de la tierra, omitir que hay pueblos originarios que guardan secretos maravillosos para poder recomponer el vínculo de la vida. Necesitan silenciar a esos pueblos. Entonces, toda vez que ustedes vean que los medios de comunicación, que las instituciones realzan la voz de pseudo referentes de la ecología y esos ecologistas no hablan de la totalidad de la vida que está siendo amenazada y de las vidas que están siendo amenazadas, entonces esas voces son parte de los artilugios de los mercenarios de la comunicación.

 

J.R.: Sos una de las fundadoras del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir. ¿Cuándo se fundó? ¿Cuándo lo fundaste? ¿Cómo? ¿Qué significa esta opción por el buen vivir? 

 

M.M.: Antes contestaba siempre: «en tal fecha se fundó, nació». Ahora, me he ido a vivir unos meses al norte nuevamente y me di cuenta de que nació antes, incluso, de que yo tuviera conciencia de que tenía que salir a caminar por los territorios. Fue un despertar telúrico, quién sabe en qué momento empezó a suceder. Un día sentí que tenía que recorrer los territorios y encontrarme con las hermanas, que ese mapuchecentrismo que yo tenía no bastaba, que había que llenarme de esa amorosidad en la tierra y de esta plurinacionalidad que habitan los territorios. Por supuesto que los Estados nación y los gobiernos de turno no van a financiar ningún tipo de campaña que tenga que ver con la unidad de los pueblos para luchar por los derechos. Así que salí a caminar en el mes de mayo, con mucha nieve desde Ushuaia, en el 2013, pero no salí sola. Salí, primero, acompañada por todos mis ancestros, mis ancestras y de espíritu la tierra que me cuidaba porque a veces me tocó estar en temperaturas bajo cero haciendo dedo, nadie me levantaba. Recuerdo una vez en Tolhuin, estar casi congelada pensando que me iba a morir y hablándole a la Tierra al atardecer, hablándole a mi madre y para un auto. Cuando realmente creí que ese día iba a terminar mal, me levanta y me lleva al destino al que tenía que ir. Y pensé: no estoy sola, estoy caminando con un propósito y ese mismo propósito parece que anidó en el espíritu de todas las hermanas que me esperaban, porque las hermanas se organizaban. Hubo mucho boicot de los hombres. Mucho boicot incluso de organizaciones sociales que no querían que llegara al territorio y planteara la necesidad de autonomía de las mujeres. No hay libre determinación de los pueblos si no logramos, las mujeres, la libre determinación de nuestras cuerpas, de nuestros territorios. Recién ahí los pueblos van a poder encaminarse en unidad y como naciones originarias hacia la libre determinación. Las mujeres indígenas en este país, lamentablemente, estamos sufriendo múltiples yugos, también el de nuestros wentru, también el de nuestros hombres. Fue muy duro, recién en el 2015 se dio la primera marcha de Mujeres Originarias por el Buen Vivir, así se llamó. Pensaba que íbamos a ser un puñadito y marcharon 15.000 personas. Y entramos al Congreso de la nación por primera vez en la historia de este país eurocéntrico, racista. Entramos al Congreso de la nación para proponer, las mujeres más humildes, más sufridas, más invisibilizadas, inaudibles para esta sociedad racista. Llevamos una propuesta llena de amorosidad: el buen vivir como derecho. No íbamos con resentimiento, no entramos a reprocharles a la sociedad todos los dolores añejos, le diría de siglos, sobre nuestra espalda. Vinimos a decirles: miren, aquí hay una propuesta, vamos a tejer la juntos, vamos a crear un nuevo país donde los derechos de la tierra y el de todos los pueblos puedan ser interpretados y construidos en acciones concretas. Y nos pusimos a soñar. Yo recuerdo cuando se fue elaborando esa ley con Estelita de Amaicha, que proponía que el ferrocarril fuera administrado por todos los pueblos originarios. Empezamos a soñar. Dijimos: soñemos, planteemos políticas de transporte, políticas de educación, políticas de salud. Cómo sería el buen vivir como derecho en este país desde la perspectiva de la plurinacionalidad de los territorios. Soñemos y hagámoslo realidad. Estamos caminando hacia eso. 

 

J.R.: Yo también soy desorganizada preguntando, porque lo que decís es muy potente y me dan ganas de preguntarte muchas cosas, así que voy a tratar de ordenarme. En referencia a esto último que decías, este país eurocéntrico y que se cree blanco, pensaba: tenemos una historia que es una historia que se cuenta nacional, que se cuenta desde 1810 y que tiene hitos como la llamada «Conquista del desierto» o, con la llegada del peronismo, a quienes no eran blancos se los denominó «cabecitas negras», una serie de secuencias que se pueden hilar y que dan como resultado eso que vos decías recién. Me interesaba preguntarte por qué creés que, cada tanto, reaparece en la opinión pública, en el escenario público, en los medios de comunicación, la demonización a determinados sujetos indígenas, generalmente mapuches. ¿Por qué crees que está esa demonización que vemos reaparecer cada tanto en los medios de comunicación? 

 

M.M.: Yo creo que porque nuestro pueblo nación mapuche tiene memoria reciente de la libertad. Y cuando nuestro pueblo piensa cómo imagina el mundo en el que quiere habitar, recuerda no muy atrás cómo habitamos este mundo, cómo era ese paraíso, como era nuestra Wallmapu y queremos volver a traer ese mundo a nuestros nietos, a nuestros hijos, a las generaciones futuras. Ese mundo propone una oposición absoluta a los valores que tiene este sistema. Entonces, el sistema y, por supuesto, los Estados nación coloniales, las repúblicas coloniales, no pueden admitir que haya una alternativa civilizatoria tejiéndose en el sur del mundo, donde debajo de nuestros pies hay billones de dólares de intereses para esas transnacionales. Porque es una lucha tan diferente que no se va a solucionar con amplificar derechos civiles, con darnos planes de vivienda, con casas o programas de desarrollo económico, porque lo que venimos a plantear es completamente otro modelo civilizatorio. Es realmente un umbral epistémico que va a abrazar al mundo lo que está pasando. Todo el pueblo mapuche sale a pelear la oportunidad de generar una nueva civilización y eso no se lo va a permitir, no solamente los Estados nación de Sudamérica, no se lo va a permitir el mundo. Y creo que este paradigma civilizatorio que traemos en nuestra lucha, no lo estamos peleando solo. Lo está peleando la Mapu, las fuerzas de la naturaleza. Hubo un gran weychafe que se llamó Kalfukura, aquí en la Puelmapu, que decía: «cuídate winca, cuando hayas terminado con el último de los mapuches, cuídate del mañke, cuidate del pangui, cuídate de cada animal porque todo eso somos nosotros». Y justamente, una ancianita en el norte, en Jujuy, me decía que en este momento los animales están dando pelea también, el espíritu de los animales está dando pelea. Estábamos hablando de la cantidad de incendios que hubo en el norte tanto como en el sur. El espíritu de esos animales asesinados por los incendios también se eleva y en otra dimensión están peleando contra este sistema terricida. El pueblo mapuche lo sabe, su verdadero aliado no son los Estados, ni los políticos, ni los partidos progresistas, los verdaderos aliados de nuestro pueblo son las fuerzas de esos seres que están acompañándonos en esta lucha. Creo que ese es el temor que tiene este sistema: desplomarse y que los pueblos no queden vencidos cuando se desplome, sino que se levante una nueva civilización que abrace la vida. Por eso es tan importante la lucha del pueblo mapuche, por eso es tan importante la solidaridad, por eso es tan importante que la unidad de los pueblos logre justicia.

 

J.R.: Pensando en el caso de Bolivia, un Estado Plurinacional, ¿creés que es posible lograr que el Estado argentino, el Estado nacional, se reconozca como plurinacional? Y en ese sentido, también quiero preguntarte si la lucha que están emprendiendo se ve ligada a lo que está sucediendo en otros lugares de América Latina, con otros pueblos en estos momentos. 

 

M.M.: Para mí el tema de un Estado Plurinacional es contradictorio. Para empezar, la libre determinación de los pueblos tiene que garantizarnos la decisión de organizarnos de acuerdo como queramos. Hay que elevar la mirada y soñar, buscar alternativas, por eso es muy importante una democracia participativa y directa. Yo creo que un modelo democrático son las asambleas, los trawun en el caso del pueblo mapuche, pero las asambleas ciudadanas que se dan también, donde se debate, se decide. Entonces, ¿cómo sería la libre determinación de los pueblos? Sería un consenso por la vida, un consenso por la totalidad de los derechos que nos traiga nuevamente el buen vivir como derecho. La diferencia entre Bolivia y Argentina es que también hay diferentes pueblos porque siempre en esta homogeneización que se hace de la condición histórica y organizativa de las naciones indígenas, se plantea a todos los pueblos como una uniformidad y, en realidad, tenemos orígenes diferentes. Teníamos a los pueblos que eran Estados religiosos, como los incas, los mayas, los aztecas, y tenemos a las naciones sin Estado, como la nación mapuche. Entonces, no se puede transpolar la experiencia de Bolivia acá porque acá hay montón de naciones sin Estado que todavía se articulan y se organizan desde esa estructura ancestral. No creo que la respuesta sea un Estado Plurinacional, creo que tenemos que refundarnos en algo mucho más abierto, elevado, que pueda dar voz y participación y, sobre todo, consensuar. El consenso es muy importante y el consenso no es el triunfo de la mayoría. Es otro concepto como nosotros lo aplicamos. Voy a ilustrarlo: Cuando se hacen los trawun, se trae un temario. Los trawun serían la parlamentación. Si tenemos diez temas y sólo hemos consensuado dos, se ejecutan esos dos. Por más que en los otros temas haya habido mayoría, si no hubo consenso no hay armonía. Justamente, la estructura nodal del pensamiento filosófico del Kuyfi Kimün, del pensamiento ancestral, es la reciprocidad, el respeto y la armonía. Debemos reestablecer la armonía y sólo mediante el consenso. Esto es muy difícil con los Estados nación, por más que se pongan el rótulo de plurinacional. 

Perdón, quiero agregar algo. Cada vez que hablo de este tema quedan como tristes. Yo pienso que los señores feudales cayeron, cayeron las monarquías, todos los sistemas que rigieron en algún momento del mundo y que no respondían al respeto de la totalidad de les humanes fueron cayendo, que caigan los Estados republicanos coloniales no es algo para entristecerse, porque sí podemos construir algo alternativo. Lo que no debemos permitir es que la corporocracia que gobierna el mundo sea la que retire a todos los Estados republicanos para después uniformar en una sola dictadura global, porque eso puede llegar a suceder. Entendiendo cómo se está dando todo este proceso de transformación global, me preocupa mucho que esa distopía absoluta, esa pesadilla de ser gobernados por corporaciones de manera completamente abierta – porque ahora lo hacen de manera encubierta – puede ser mucho más terrible. Preparémonos en esta crisis civilizatoria a plantear alternativas organizativas políticas donde los pueblos podamos acercarnos y ojalá logremos la libre determinación, porque ni siquiera el pueblo argentino se libredetermina. Doy un ejemplo más de esto. Cuando el pueblo argentino, conjuntamente con los pueblos originarios, decimos no a la megaminería, nos autoconvocamos para votar, para decidir si queremos o no megaminería, el Estado contesta que esos procesos de consultas no son vinculantes. No escucha ni siquiera a su propio pueblo, al pueblo argentino, mucho menos va a escuchar a las naciones indígenas. Entonces, si creemos que tenemos una democracia que nos permite libertad, estamos autoengañándonos, porque sobre la agenda verdadera, la que nos atraviesa la territorialidad, no tenemos decisión, por más que vociferemos que no queremos extractivismo, igual en nombre de la supuesta patria, se nos impone un modelo de desarrollo que no queremos. Así que tenemos que luchar por esa libre determinación. No sé qué forma tendrá. No sé cómo la llamaremos. Pero si nos decidimos a tratar de alcanzar la libertad, lo vamos a lograr, porque la unidad de los pueblos lo pueden lograr: los pueblos unidos jamás serán vencidos. 

 

J.R.: Creo que ya sé la respuesta, pero te lo voy a preguntar igual. En este camino, en el proceso de transformación y de lucha que encarnás, lo que se combate parece ser algo muy poderoso. El neoliberalismo actual parece ser un poder que no tiene quien le haga contrapeso, parece haber tenido un triunfo total a nivel sistema político, sistema económico, incluso pensando en esto que hablábamos en la inauguración del Proyecto Ballena con Jorge Alemán de lo fuerte que es el neoliberalismo al crear subjetividades, individualidades muy ligadas al consumo, alejadas de la idea del bien común. En ese sentido, siendo que lo que está en frente es tan poderoso, la pregunta que quería hacerte es si en este camino de transición los Estados nacionales, dependiendo quien gobierne, pueden cada tanto funcionar como aliados en esa transición o en los objetivos intermedios de conseguir ciertas demandas, ciertas conquistas. Para ustedes, para el pueblo mapuche, ¿el Estado siempre es visto como un enemigo que los reprime y los avasalla o, cada tanto, puede arrancarse al Estado nacional, al Estado provincial, a los Estados, algún beneficio en esa lucha, en ese camino en transición hacia la victoria? 

 

M.M.: La verdad es que los Estados son Estados invasores. Son Estados que se montaron sobre la territorialidad de un montón de naciones indígenas y siguen, lamentablemente, perpetrando genocidio. Estos Estados nacionales, coloniales, no han admitido eso. De hecho, presidente tras presidente y sus antecesores hasta la fundación de este Estado, tienen una política negacionista respecto a los derechos de los pueblos indígenas. Cuando avanzamos en el derecho, ese avance se logra en una agenda de consenso con las organizaciones sociales, con la sociedad civil. ¿En quién creo? En la fuerza organizada de los pueblos. Vuelvo a repetir, yo amo el pueblo argentino, creo que podemos caminar con el pueblo argentino, que al igual que a nosotros les duele la deforestación de los bosques, les duele el asesinato de los ríos. Ahora, esa fuerza organizada en los pueblos es la que emplaza la agenda. Cuando nosotros emplazamos la base de lo político, entonces viene la política y recoge lo que le conviene. ¿Pero quién puso la base de lo político? Los pueblos. Creo que el Estado no es nuestro aliado. Sin embargo, el pueblo argentino sí lo es organizado en diferentes sectores y, por supuesto, la naturaleza y la unidad de todos los pueblos oprimidos. El cambio y la transformación, esta lucha revolucionaria, que es una lucha por una construcción de una nueva matriz civilizatoria, no se va a dar con las herramientas que el propio opresor nos dé. Voy a dar un ejemplo muy claro. En estos días estuve pensando mucho en lo que está pasando con mi pueblo, que me duele. Hace 21 años que he recuperado territorios con mi familia y no tengo televisión allá, no miro televisión. Cuando llego a la ciudad me entero las barbaridades que dicen de nuestro pueblo y entonces qué veo ahí. Veo que sí se está emplazando agenda, a tal punto que le resulta oportunista a la derecha fascista, en coyuntura electoral, utilizar el tema mapuche. ¿Por qué lo utiliza? Porque hay una verdadera grieta en este país: los colonizadores o los que tienen una mentalidad colonizadora, racista, supremacista, que están en todos los sectores, incluso hasta en el campo popular y nacional encontramos gente con ese pensamiento, y están los plurinacionalistas que empiezan a plantearse una forma de vivir diferente en este país. Esa es la verdadera grieta. Esa es la grieta que se pone en evidencia en esta coyuntura electoral porque la derecha fascista – si la tengo que identificar con un grupo de poder digo la Sociedad Rural – sale a aglutinar a todos estos supremacistas, a todos contra el pueblo mapuche. ¿Y por qué? Porque hemos logrado emplazar agenda, hemos logrado articulación, hemos logrado unidad y creo que este sistema, que parece todopoderoso, que en realidad es una puesta en escena, es una apuesta mediática muy fuerte, no lo es tanto. Y si aquí nos pusiéramos a hablar de todas las luchas ganadas, que son muchas desde los pueblos en el resguardo de la vida, veríamos que no son tan poderosos y que, por eso, acuden a ese tipo de estrategias y artilugios para mostrarse como triunfadores cuando, en realidad, saben que están colapsando. Creo que tenemos que tener la capacidad de interpelarlo todo, interpelar también este Estado, no temerle a esa interpelación de la memoria, a criticar esas políticas segregacionistas, no hay ni siquiera herramientas jurídicas que puedan reprimir las actitudes sobre todos los medios comunicacionales, que yo llamo el sicariato de la muerte, esos medios comunicacionales que fomentan odio, no se los puede juzgar por apología criminal, racista y segregacionista, no se los puede juzgar por difamar, tienen absoluta impunidad. Entonces ahí vemos cómo el Estado no es ambiguo. Hoy me decían «el Estado es ambiguo, tiene una postura ambivalente». No, el Estado es categórico, es cómplice de este genocidio, nos guste o no es así. Entonces apelamos al pueblo argentino y realmente tengo esperanza. Tengo esperanza de que los pueblos y los territorios puedan unirse en una lucha contra este modelo de muerte; si no, no estaría ofrendando en mi vida en esto.

 

J.R.: ¿Qué vínculo hay entre el colonialismo y el patriarcado? 

 

M.M.: La colonización trajo la estratificación de la vida. Ellos decidieron cuáles eran los cuerpos asesinables, las cuerpas asesinables, ellos decidieron qué vida valía más que otras y justamente hablábamos del supremacismo. Eso es una idea civilizatoria traída por la colonización. En esa estratificación de la vida, los cuerpos racionalizados no valen, los cuerpos con útero no valen, los cuerpos disidentes no valen. Ellos deciden los cuerpos y las vidas que sí son valiosas. Entonces, luchar contra el patriarcado y no ser antisistémica, anticolonial es una contradicción. No se puede luchar sólo con algún aspecto del patriarcado, se tiene que ir contra todo, contra toda la estructura colonizadora. Y en esta estructura colonizadora tenemos que denunciar, por ejemplo, los referentes ideológicos de estos mecanismos opresivos. Todo el tiempo en las redes vemos cómo se denuncia violadores, cómo se escracha a violadores, a abusadores y, de repente, esas mismas compañeras feministas no escrachan y denuncian a Julio Argentino Roca y a todos sus seguidores que también son violadores, que fueron también feminicidas, que fueron también patriarcas patriarcales y hasta la palabra «patria» me parece una aberración. Hay que empezar a interpelar las nomenclaturas que ponen arriba, en la pirámide de ese poder, de esa estratificación de la vida, esa ideología de la muerte. La colonización y el patriarcado son hermanas siamesas y no vamos a poder vencer una si no luchamos contra la otra.

 

J.R.: Dentro del movimiento de mujeres indígenas ¿hay debates, diferentes posturas respecto del feminismo o hay una línea en común? 

 

M.M.: El Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, que es una organización enorme, con centenares de mujeres organizadas en más de 36 naciones, tenemos una postura: no somos feministas, sí somos anti patriarcales. Siempre decimos que el feminismo no tiene el monopolio de la lucha antipatriarcal, es una expresión de lucha anti patriarcal, más grande, más visible, pero no es la única. Nosotras estamos también en la lucha antipatriarcal porque somos guerreras en una lucha anticolonial y queremos recuperar la visión ancestral de la dualidad complementaria. La dualidad complementaria no es, como dicen algunos wentru, algunos hombres de nuestras comunidades, justificando la opresión, que el hombre y la mujer siempre tienen que caminar juntos, no importa las condiciones. No, la dualidad complementaria se daba en reciprocidad, en amorosidad, en armonía, y eso ha sido quebrantado. Porque no solamente les estamos pidiendo a las compañeras feministas que recojan la lucha anticolonial, se lo estamos pidiendo a nuestros propios wentru, a nuestros propios hombres de las naciones indígenas, que se descolonicen, que entiendan que el patriarcado que les habita es parte de ese legado del opresor blanco, de esa colonialidad que todavía está enquistada en las estructuras de los pueblos originarios. Queda muy claro que no puede haber una lucha anticolonial y por la libre determinación de los pueblos indígenas si los propios hombres indígenas siguen subyugando, maltratando, violando a nosotras en los territorios. Creemos que sí el feminismo es una aliada con la que vamos a caminar, es una aliada que tiene que interpelarse muchísimo en su colonialidad, en sus privilegios, que tiene que escuchar, tiene que dejar de tratar de tutelarnos, cada vez que puede nos vuelve a colonizar, porque si hay una lucha protagonizada por mujeres indígenas dicen «las mujeres de pollera son feministas». ¿Les preguntaron a las mujeres de pollera si están de acuerdo con esa categoría? Yo creo que, en parte también, hay un sector social eurocéntrico que quiere redimirse, que quiere aparecer en la narrativa histórica como la redentora o el redentor que viene a rescatarnos de la opresión que fue generando su propio legado civilizatorio. Y ya no queremos redentores, no queremos tutelajes, hemos demostrado la capacidad de resistir, de luchar, de resiliencia y de volver a organizarnos para recuperar nuestra forma de habitar el mundo, para volver a hacer en la tierra tal cual éramos.  Europa, digo Europa porque el feminismo también sale de allá, es un sector social global que tiene que empezar a callarse la boca, que tiene que dejar de dar conferencias y magíster, que tiene que empezar a escuchar, porque ya habló, ya dijo demasiado y así está el mundo.

 

J.R.: Quería preguntarte, ¿cómo es esta lucha, este camino de construcción, con los compañeros de la comunidad mapuche? ¿Cómo se da esta lucha que también es para con ellos? ¿Se puede articular? ¿Son pujas muy duras? ¿Cómo están construyendo? 

 

M.M.: El pueblo mapuche es muy particular. Yo vengo del norte, de estar tres meses allá, y vi que el machismo es terrible. El pueblo mapuche, como nos estructuramos a partir de nuestra espiritualidad, creemos que cada elemento, cada pu newen, cada fuerza, cada fuerza espiritual, tiene en sí mismo la fuerza femenina y la fuerza masculina, la fuerza anciana y la fuerza joven. Y esto es muy importante porque no hemos hablado tampoco de la discriminación etaria. Hay mucho para charlar sobre eso. En el mundo mapuche, la fuerza más sagrada, la que está más arriba, es la fuerza de la anciana mujer. Es completamente inversa en este sistema, donde ya ser mujer es difícil y, encima, si sos anciana sos absolutamente descartable, oprimida completamente. Y en el mundo mapuche es al revés: la fuerza anciana mujer, la fuerza anciano hombre, después la fuerza de la mujer joven y, por último, la fuerza joven del hombre, exactamente a la inversa. Entonces, el pueblo mapuche ya tiene una estructura horizontal en ese sentido y tenía, antes de que existiera Simone de Beauvoir, el pueblo mapuche ya tenía una concepción de equidad de género. El tema fue la colonización y las religiones opresoras que llegaron. Entonces, nos está costando no mucho, por suerte. Están despertando, están entendiendo que tienen que descolonizarse, estamos parlamentando y estamos caminando en el weychan también. Por eso, también, la gran persecución que hay hacia muchas de nuestras lamngen. Aprovecho el momento para expresar mi solidaridad y pedirles a ustedes toda la fuerza y el acompañamiento con nuestra lamngen, Gloria Catriman Colihueque, que está siendo judicializada por defender su territorio, por acompañar a su ñuke, a su madre, que está siendo hostigada por un terrateniente de la Sociedad Rural, que fue procurador fiscal en la provincia de Chubut, miembro del Partido Radical, senador en su momento, diputado también. Ahí vemos cómo las mujeres, las pu lamngen, están protagonizando una lucha tenaz contra el terricidio contra la colonización contra este sistema y están siendo apoyadas por los pu wentru. Igual también tenemos casos de denuncias de abuso, de violaciones, en las comunidades y, cómo las lamngen se están plantando firme diciendo por más que seas lonko no tenés impunidad, no hay impunidad. Tu investidura de lonko lo único que hace es profundizar más la injusticia que has cometido cuando has abusado, has violado. Las comunidades se están encargando de hacer una depuración de eso. Lo cual no significa que ustedes vayan a Puelmapu y no se encuentren con imbéciles que tienen una conducta tan colonizadora y machista como cualquier idiota patriarcal de esta sociedad. Eso aparece también, pero apelamos a la sabiduría, a la espiritualidad y a la fuerza de nuestra Mapu y de la pu lamngen de ir limpiándonos de tanta colonización que ha sido devastadora en las estructuras, la cultura y la espiritualidad de nuestro pueblo. Vamos a lograrlo, vamos a lograr depurar. Está naciendo una nueva generación, un renuevo. Un folil de pichikeche, que están trayendo otra actitud, habitados por una diversidad están construyendo un nuevo amanecer. 

 

J.R.: Moira, cuando hablás aparece una y otra vez la historia, es una presencia permanente incluso cuando hablás de aquello a lo que se quiere llegar. Y quería mencionar el libro que publicaste en el 2019, El tren del olvido. Justamente con ese título, también mencionaste la palabra memoria, es un libro que trata sobre parte del pasado de una familia de la comunidad mapuche. Sé que estás escribiendo más cosas, otras novelas, ¿hay una intención de narrar la propia historia del pueblo mapuche? Ya que, también, la historia argentina se ha narrado siempre desde un centro que se pretende blanco y que se pretende eurocentrista. ¿Existe esa esa intención en lo que estás escribiendo? 

 

M.M.: Sí, definitivamente. La idea es poder otorgar la posibilidad de traer la voz de nuestro pueblo y nuestra memoria a través del formato de novela, de contar cómo hemos vivido, lo que por ejemplo se ha mal llamado la conquista del desierto, que fue un genocidio sobre nuestros pueblos. Estaba leyendo por ahí que Estanislao Zeballos recibió de Julio Argentino Roca la misión de justificar la campaña del desierto y que esa complicidad que ha tenido la Academia, que ha disfrazado de argumentación científica lo que era un posicionamiento político racista, se ha perpetuado en las aulas, se ha perpetuado en la lógica de la construcción narrativa oficial. Y ahora, es necesario que los pueblos oprimidos empecemos a escribir, empecemos a contar desde nosotras, a demostrar que no solamente es una memoria, una oralidad, que se ha preservado al interior de nuestros pueblos, sino que encima podemos cotejar hasta con documentos del Archivo General de la Nación. Demostrar cómo el genocidio no es una invención producto de la imaginación de nuestro pueblo, sino que sucedió. El tren del olvido trata de traer a la memoria un retazo de la historia no contada, de cómo, por ejemplo, el poderío de la Corona británica se instaló en la Patagonia, en Puelmapu, generando un Estado dentro de otro Estado y contribuyendo al genocidio. Y cómo eran serviles de una manera tan patética los funcionarios argentinos, frente a la presencia británica. Esta idea de querer siempre aspirar a ser anglosajones, europeos, y que gran parte del flujo migratorio de los europeos traídos a Argentina o a Puelmapu y todos los territorios indígenas, tenía esta idea de ir blanqueando la población y, para blanquear la población, tuvieron que destruir, asesinar. Todavía hoy no se hacen cargo, jamás han pedido disculpas, pero no pedir disculpas retóricamente. La manera en que entenderemos que hay una disculpa del Estado es cuando se traduzca en política de restitución territorial, por ejemplo. 

 

J.R.: Mucho de la cultura mapuche es tradición oral, entonces por eso esto del registro escrito es fundamental también en ese sentido. Bueno, esperamos las próximas publicaciones. Me mencionabas también una respecto de la alimentación. No sé si quieres contar algo de eso.

 

M.M.: Me gusta mucho cocinar, aunque muy pocas veces puedo hacerlo con tiempo. Mi mamá era una gran cocinera. Y en la cocina, en los sabores, en el aroma, en la identidad gastronómica, anida la memoria de los pueblos, anida la cultura, te cuenta procesos históricos que hemos atravesado como pueblos y como humanidad. Y hoy la alimentación está siendo manipulada para el debilitamiento de nosotros como personas, como seres. Una vez, hablando con una machi le preguntábamos cómo se trataba el pánico, porque cuando fue la conquista del desierto el Estado argentino cometió aberraciones terribles. Fíjense en lo que hacía el Estado argentino, digo, porque al no haber una revisión histórica, al no haber asumido las políticas criminales que ha cometido contra los pueblos indígenas originarios, una y otra vez se repite. Una de las aberraciones que yo recuerdo desde niña que me han contado es cómo engrillaban a toda nuestra gente, columnas de miles de hermanos mapuches caminando en el desierto y caían primero los niños y los ancianos. ¿Y entonces qué hacía el Estado argentino, los soldados argentinos? Iban y les cortaban, nuestra gente lo dice así, les cortaban los garroncitos a los niños, les cortaban los piecitos y los dejaban muriéndose. Imagínense las mamás cómo pueden sobrevivir a esa imagen de sus hijitos, con sus piecitos cortados, tendidos en el desierto. Entonces, para poder reponerse a eso, aparece una narrativa muy fuerte que es la del Namuncurá. Ustedes han escuchado de Ceferino Namuncurá. Namuncurá significa pie de piedra. Cuando aparece un piecito de piedra pequeño, se nos dice que esos son nuestros niños que fueron asesinados durante la conquista, que pisaron en las piedras, dejaron marcada su huella y se elevaron a la wenu mapu y dejaron, en ese pie de piedra, la fuerza para continuar el camino. Imagínense cómo tuvimos que alimentarnos de narrativas propias, de crear formas de fortalecernos para no caer en la locura. Ese es el Estado argentino. Aquel que fue capaz de cortar los piecitos de miles y miles y miles de niños indígenas para poder llevar adelante este Estado en el cual hoy habitamos. Esta machi nos decía que mucha gente enloquecía de miedo, hoy se le llama ataque de pánico. Entonces, salían a cazar el animal más valiente. «Ojalá fuera un Puma», decía ella. Y cuando comían la carne del puma eran habitados otra vez de coraje. Y nosotros, hoy en día, comemos carne acobardada. Nos alimentamos del terror de los animales. Nos alimentamos del terror de los trabajadores y trabajadoras en los campos que están rociados de glifosato, de agrotóxicos, nos alimentamos del dolor, de la tristeza. Eso es lo que comemos. Y eso es lo que somos. Sociedades depresivas, dependientes de pastillas para poder sobrevivir, llenas de ansiedad, sociedades debilitadas. Entonces la alimentación no es un tema menor. Podrán inventar millones de vacunas contra las pandemias que se vengan, pero si no recuperamos la autonomía alimentaria, nuestro cuerpo y nuestro espíritu continuarán siendo receptáculos de todo tipo de enfermedades, porque nos quieren matar de a poco, lentamente. Si somos capaces de abrazar la vida, tenemos que recuperar territorio, tenemos que sembrar nuestras semillas ancestrales y recuperar la identidad gastronómica, porque cuando recuperemos los sabores y los aromas de esta tierra, de esta Indoamérica, volveremos a recordar quién fuimos. 

 

J.R.: Para cerrar, vos sos una militante, además de dirigenta… 

 

M.M.: No soy dirigenta. Nosotros estamos en contra del verticalismo. La idea de representación, de dirigente, de líder, de caudillo y todos sinónimos de esas categorías los trajo la colonización. Cada uno de nosotros cumple un propósito habitado por el espíritu que lo determina. Entonces yo soy una weychafe, no dirijo nada. ¿Saben quién dirige nuestros procesos? A ver los servicios de inteligencia, la derecha, atenta que voy a revelar quién nos dirige. Nos dirige la Mapu, la tierra, el espíritu de la tierra nos determina, no constituye, somos mapuches, gente de la tierra, la tierra va a decir quiénes somos y qué tenemos que hacer. 

 

J.R.: Venís hace tiempo en una lucha, un perfil bajo, con un trabajo de hormiguita día a día y la sensación que hay en el presente es que hay cierto escepticismo, cierta decepción, cierto desencantamiento, sobre todo en aquellos y aquellas que se incorporan por primera vez a la política. Quizás un mensaje, unas palabras para aquellos que se están incorporando y se encuentran con un mundo que no los convoca, no los invita a participar. Un mensaje de tu parte me parece que puede ser interesante. 

 

M.M.: Quiero situar de qué hablo yo, al menos, cuando hablo de política. Cuando digo política es toda acción que nos involucra como pueblos para poder garantizar derechos. No la política partidaria, sino la política del día a día. La política de recuperar la alimentación, como decías, recuperando la identidad estamos haciendo política, recuperando nuestra espiritualidad estamos haciendo política, recuperando el derecho a maternar desde nuestra identidad estamos haciendo política y es imprescindible que hagamos política, que podamos autoderminarnos en cada aspecto de nuestra vida: decidir cómo queremos vivir, cómo queremos amar, cómo queremos criar, cómo queremos parir, cómo queremos desarrollar cada aspecto de nuestra vida. Todo eso es política y tenemos que empezar a tomar decisiones. No podemos dejar que otros sectores tomen las decisiones por nosotras, por nosotros, por nosotres. Fíjense, 14.000 años de historia en este territorio, en Puelmapu. Cuando llegaron los conquistadores, cuando llega el Estado argentino a nuestro territorio Puelmapu, se encuentra con paisajes prístinos, con un pueblo que vivía con abundancia, con un pueblo que vivía en reciprocidad y todo eso fue avasallado y destruido. Ese Estado, esos gestores de un modo de hacer política, son los que hoy están también gobernando. Tenemos a muchos de esos apellidos sanguinarios, como los Bullrich por dar un ejemplo, todavía gobernando. Necesitamos contrarrestar a esos sectores del mal. Y la diferencia es sustancial entre que nos involucremos y no, es determinante porque no hay otra alternativa y porque no hay tiempo. Sobre todo, tenemos que entender que no hay tiempo, que están destruyendo el planeta. Y no es «los humanos están destruyendo el planeta» como que nadie se hace cargo. No, no, señores, no somos los humanos los que están destruyendo el planeta, está destruyendo el planeta la corporocracia, las grandes corporaciones extractivistas, los gobiernos serviles y sicariatos de estas grandes empresas. Entonces tenemos que involucrarnos, tenemos que involucrarnos en la política para decir basta a las represas, al fracking, a todo lo que destruye la vida, basta a los feminicidios, a los travesticidios, basta a las políticas de odio, de segregacionismo, basta también a la prensa mercenaria, comunicacional. Estaba viendo lo que está pasando en Chile, con los medios de comunicación que están siendo escrachados y están siendo combatidos por la población, porque están hartos de las mentiras. Entonces, hacer política no solamente es imprescindible, sino que es nuestra obligación. Tenemos la obligación de hacer política en todos los aspectos, desde cómo consumimos, de cómo vivimos, de cómo queremos caminar y también cómo queremos educar a las generaciones venideras. Hay algo muy importante, me parece a mí, con lo que me gustaría cerrar. Se está planteando una guerra donde la diferencia es la vida y la muerte, y esta guerra tiene armas muy diferentes. Está la guerra belicista con todo un arsenal militar contra los pueblos, bacteriológico, viral contra los pueblos del mundo y la autodefensa que estamos dando los pueblos tiene que ser desde la sabiduría ancestral y desde la espiritualidad. Recuperemos la espiritualidad. Volvamos a dialogar con la tierra, volvamos a dialogar con cada elemento, pidamos sabiduría, dejémonos habitar por la sabiduría, porque la única manera de poder derrotar a estos necios, a estos mentores de la muerte, va a ser la sabiduría abrazando la vida y podemos vencer. Yo estoy segura de que podemos vencer.

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