Pablo Stefanoni, ¿La rebeldía se volvió de derecha?, Ediciones Siglo XXI, 2021, 205 págs.

Por Dolores Curia

Del Planalto a la Casa Blanca, de la deep web al Congreso de la Nación Argentina, en los últimos años libertarios contemporáneos y neoconservadores comparten un horizonte misógino y racista común, pero juegan la carta de la incorrección. ¿La rebeldía se volvió de derecha? (Siglo XXI Editores), el libro de Pablo Stefanoni, Doctor en Historia y jefe de redacción de la revista Nueva Sociedad, dibuja un mapa de las alt right (derechas alternativas), que se presentan como “antisistema”. 

El libro es una puerta de entrada para entender qué piensan, por qué crecen, qué tienen de nuevo y qué fibras juveniles tocan cuando fingen ser paladines de la transgresión. ¿Cómo leer las estrategias de estas fuerzas que ocupan el espacio de la “derecha de la derecha” y que en los últimos tiempos se han ido moviendo desde los márgenes para disputar el centro del tablero político en países como España, Brasil, Estados Unidos, Francia, Holanda y muchos más? ¿Cuándo fue que la libertad dejó de ser bandera de los progresismos? ¿Cómo se explica el fenómeno de que los neofascismos y los partidos verdes europeos voten juntos? ¿Y las simpatías entre los nacionalismos blancos y el movimiento de gays y lesbianas de algunos países no tan distantes del nuestro? 

El panorama se aclara especialmente si se empieza por el final del libro; por el glosario de las nuevas derechas. Allí se explica qué es el paleolibertarismo y por qué el sapo Pepe se convirtió en la mascota de la restauración conservadora. Qué es la cultura chanera (de la plataforma 4chan, muy activa durante la campaña de Donald Trump), por qué presentarse como “célibes involuntarios” (incel) es una insignia que une a chicos recién salidos del secundario como fuerza de choque de la masculinidad hegemónica para la quema virtual de feministas. Por qué estos sectores, como en una realidad paralela, aseguran que vivimos en un contexto tomado de “marxismo cultural” y donde “el comunismo ha triunfado”. 

¿La rebeldía se volvió de derecha? da la vuelta: recorre el mundo para poder explicar por qué es importante tener todas estas conversaciones en Argentina. Y es que acá faltan modos de nombrar, faltan genealogías, falta rastrear la bibliografía de los voceros más sobresalientes de “la revolución antoprogre”, que, a menudo tildados de irrelevantes, por bestiales, convocan a millennials y centennials. 

En el subtítulo está el quid: el libro ayuda a pensar con qué fórmulas “el antiprogresismo y la anticorrección política están construyendo un nuevo sentido común y por qué la izquierda debería tomarlos en serio”. 

Stefanoni señala el error de reducirlos a un anacronismo o a un meme. Por eso dice que «quizás sea el momento de prestar más atención a las derechas, y analizar algunas de sus transformaciones y de indagar en el ‘discreto encanto’ que, en sus diferentes declinaciones, pueden ejercer sobre las nuevas generaciones. Hay, en general, cierta pretensión de superioridad moral del progresismo que le juega en contra en el momento de discutir con las derechas emergentes, por una simple razón: porque la izquierda dejó de leer a la derecha, mientras que la derecha, al menos la ‘alternativa’, lee y discute con la izquierda». Y lo que afirma es muy relevante ahora que se empieza a percibir en estas tierras que las nuevas derechas son más que un grupo de skinheads desvelados o de resentidos con poca capacidad de convocatoria. Ahora que las performances anti-Estado del libertario “peinado por el mercado”, Javier Milei, traspasaron los paneles de talk shows para sentarse a discutir desde una banca en la Cámara de Diputados. Ahora que La libertad avanza también en el Poder Legislativo. Ahora tal vez sea tiempo de sentarse a leerlos.

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