Los Marginados de la Tierra del SXXI

A 60 años de la muerte de Frantz Fanon.

Los condenados de la tierra, de Frantz Fanon, marcó un periodo donde la rebelión, la violencia y la lucidez anticolonial formaron una atmósfera de acción directa. En su libro, Fanon hacía un llamamiento al Tercer Mundo a levantarse contra los diferentes tipos de operación colonial. Describía a lo colonial como un sistema que produce razas, que produce sexualidades, que produce patologías.  A 60 años de su muerte, esta mesa pretende ensayar una relectura a la luz de preguntas actuales, relacionadas con inquietudes de la organización política contemporánea. ¿Cuánto de colonia y cuánto de colonizadores hay en una villa y en una ciudad, hoy en día? ¿Qué significa la acción directa en el presente? ¿Qué es precisamente lo que hay que cambiar y con quiénes tenemos que cambiar?

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DOLORES CURIA: Desde Ballena habíamos leído el libro La ofensiva sensible de la Editorial Caja Negra y ahí Diego menciona una idea de Benjamin sobre el encuentro de las generaciones. Benjamín dice que toda generación tiene una suerte de derecho sobre el pasado a concretar lo que generaciones anteriores no pudieron terminar de hacer o no pudieron terminar de pensar. Esta es una cita imposible de concretar. Es una cita que no podemos realizar, pero que, sin embargo, no podemos dejar de buscar.

 

DIEGO SZTULWARK: Fanon es, sobre todo, alguien que escribe sobre la importancia de pensar la propia situación. Hicimos un trabajo de selección de algunos momentos del texto: tanto del prólogo de Sartre, que es mítico también, como mítico es el libro Los condenados de la tierra del año 61, escrito al calor de la lucha anticolonial argelina contemporánea con la lucha anticolonial de Indochina, de Vietnam. 

 

MORO ANGHILERI: Dice Sartre: 

“No hace mucho tiempo, la tierra estaba poblada por dos mil millones de habitantes, es decir, quinientos millones de hombres y mil quinientos millones de indígenas. Los primeros disponían del Verbo, los otros lo tomaban prestado. En las colonias, la verdad aparecía desnuda; las «metrópolis» la preferían vestida; era necesario que los indígenas las amaran. Como a madres, en cierto sentido. La élite europea se dedicó a fabricar una élite indígena; se seleccionaron adolescentes, se les marcó en la frente, con hierro candente, los principios de la cultura occidental, se les introdujeron en la boca mordazas sonoras, grandes palabras pastosas que se adherían a los dientes; tras una breve estancia en la metrópoli se les regresaba a su país, falsificados. No nos convertimos en lo que somos sino mediante la negación íntima y radical de lo que han hecho de nosotros. Lean a Fanon, comprenderán que, en el momento de impotencia, la locura homicida es el inconsciente colectivo de los colonizados. Esa furia contenida, al no estallar, gira continuamente y daña a los propios oprimidos. La condición del indígena es una neurosis introducida y mantenida por el colono entre los colonizados, con su consentimiento. Reclamar y negar, a la vez, la condición humana: la contradicción es explosiva. (…) Esa violencia irreprimible no es una absurda tempestad ni la resurrección de instintos salvajes ni siquiera un efecto del resentimiento: es el hombre mismo reintegrándose. (…) O se sigue aterrorizado o se vuelve uno terrible; es decir: o se abandona uno a las disociaciones de una vida falseada o se conquista la unidad innata.» 

 

Esto decía Sartre y ahora vamos a pasar a Fanon: 

(…) La descolonización es simplemente la sustitución de una «especie» de hombres por otra «especie» de hombres. Sin transición, hay una sustitución total, completa, absoluta.

La descolonización no pasa jamás inadvertida puesto que afecta al ser, (…) introduce en el ser un ritmo propio, aportado por los nuevos hombres, un nuevo lenguaje, una nueva humanidad. La descolonización realmente es creación de hombres nuevos. Pero esta creación no recibe su legitimidad de ninguna potencia sobrenatural: la «cosa» colonizada se convierte en hombre en el proceso mismo por el cual se libera. 

El mundo colonizado es un mundo cortado en dos. La línea divisoria, la frontera está indicada por los cuarteles y las delegaciones de policía. 

El intermediario del poder utiliza un lenguaje de pura violencia. El intermediario no aligera la opresión, no hace más velado el dominio. Los expone, los manifiesta con la buena conciencia de las fuerzas del orden. El intermediario lleva la violencia a la casa y al cerebro del colonizado. 

Ese mundo en compartimientos, ese mundo cortado en dos está habitado por especies diferentes. La originalidad del contexto colonial es que las realidades económicas, las desigualdades, la enorme diferencia de los modos de vida, no llegan nunca a ocultar las realidades humanas. Cuando se percibe en su aspecto inmediato el contexto colonial, es evidente que lo que divide al mundo es primero el hecho de pertenecer o no a tal especie, a tal raza. 

No son ni las fábricas, ni las propiedades, ni la cuenta en el banco lo que caracteriza principalmente a la «clase dirigente». La especie dirigente es, antes que nada, la que viene de afuera, la que no se parece a los autóctonos, a «los otros». 

La Iglesia en las colonias es una Iglesia de blancos, una Iglesia de extranjeros. No llama al hombre colonizado al camino de Dios sino al camino del Blanco, del amo, del opresor. Y, como se sabe, en esta historia son muchos los llamados y pocos los elegidos. A veces ese maniqueísmo llega a los extremos de su lógica y deshumaniza al colonizado. Propiamente hablando lo animaliza. Y, en realidad, el lenguaje del colono, cuando habla del colonizado, es un lenguaje zoológico. 

Para el pueblo colonizado, el valor más esencial, por ser el más concreto, es primordialmente la tierra: la tierra que debe asegurar el pan y, por supuesto, la dignidad.

El colonizado descubre que su vida, su respiración, los latidos de su corazón son los mismos que los del colono. Descubre que una piel de colono no vale más que una piel de indígena. Hay que decir, que ese descubrimiento introduce una sacudida esencial en el mundo. Toda la nueva y revolucionaria seguridad del colonizado se desprende de esto. Si, en efecto, mi vida tiene el mismo peso que la del colono, su mirada ya no me fulmina, ya no me inmoviliza, su voz no me petrifica. Ya no me turbo en su presencia. Prácticamente, lo fastidio. No sólo su presencia no me afecta ya, sino que le preparo emboscadas tales que pronto no tendrá más salida que la huida. 

(…) Esa agresividad sedimentada en sus músculos, va a manifestarla el colonizado primero contra los suyos. Es el periodo en que los negros se pelean entre sí y los policías, los jueces de instrucción no saben qué hacer frente a la sorprendente criminalidad norafricana. Frente a la situación colonial, el colonizado se encuentra en un estado de tensión permanente. El mundo del colono es un mundo hostil, que rechaza, pero al mismo tiempo es un mundo que suscita envidia. Hemos visto cómo el colonizado siempre sueña con instalarse en el lugar del colono. No con convertirse en colono, sino con sustituir al colono. La violencia eleva al pueblo a la altura del dirigente.  

El racismo antirracista, la voluntad de defender la propia piel que caracteriza la respuesta del colonizado a la opresión colonial representan evidentemente razones suficientes para entregarse a la lucha. Pero no se sostiene una guerra, no se sufre una enorme represión, no se asiste a la desaparición de toda la familia para hacer triunfar el odio o el racismo. (…) Esos relámpagos en la conciencia que lanzan al cuerpo por caminos tumultuosos, que lo lanzan a un onirismo cuasipatológico donde el rostro del otro me invita al vértigo, donde mi sangre llama a la sangre del otro, esa gran pasión de las primeras horas se disloca si pretende nutriste de su propia sustancia. Es verdad que las interminables exacciones de las fuerzas colonialistas reintroducen los elementos emocionales en la lucha, dan al militante nuevos motivos de odio, nuevas razones de salir en busca del colono «para matarlo». Pero el dirigente comprende día tras día que el odio no podría constituir un programa.

No obstante, la burguesía nacional no deja de exigir la nacionalización de la economía y de los sectores comerciales. (…) Nacionalización significa para ella, exactamente, transferencia a los autóctonos de los privilegios heredados de la etapa colonial. La burguesía nacional descubre como misión histórica la de servir de intermediario. Como se ve, no se trata de una vocación de transformar a la nación, sino prosaicamente de servir de correa de transmisión a un capitalismo reducido al camuflaje y que se cubre ahora con la máscara neocolonialista. En los países subdesarrollados, la etapa burguesa es imposible.»

 

D.S.: No sé si es el impacto de escuchar a Fanon, pero la última frase, “en los países subdesarrollados, la burguesía nacional es imposible», habla de nosotros. Habla de este momento. ¿Cuánta confianza hay – pregunta Fanon – en la delegación de una burguesía intermediaria? ¿Cuánto de esto suponemos en la lucha anticolonial que puede resolver las fracturas coloniales? Cuando Fanon habla de lo colonial habla no sólo de un sistema económico de opresión, Francia, Argelia, pero además habla de la construcción de especies diferentes, como lo propio de lo colonial, de especies humanas diferentes. Son imágenes que, quizás, a nosotros nos pueden parecer ajenas en el sentido de que no estamos en una situación jurídicamente colonial, ya hace muchos siglos, pero si corremos lo jurídicamente colonial y nos preguntamos si lo colonial no es exactamente la producción de humanos, como si fueran especies diferentes, no es tan evidente que esta no sea nuestra situación en un sentido cada vez mayor, si no estamos produciendo cada vez más ese tipo de situaciones. O sea que lo colonial, además de ser un sistema económico, es un sistema que produce razas, que produce sexualidades, que produce patologías. 

                  Frantz Fanon un psiquiatra latinoamericano que nació en la Martinica francesa, en las islas caribeñas, que peleó en la Segunda Guerra Mundial con el uniforme francés contra los nazis, fue herido, condecorado, se recibió de psiquiatra en Francia y estuvo a cargo de un hospital psiquiátrico en la Argelia que empezaba su guerra anticolonial con Francia. Él percibía la situación política y social, pero también la psíquica. Es decir que en Fanon se da también el nacimiento de una psiquiatría materialista anticolonial. Y esa articulación, que después lo llevó  a ser un militante del del Frente de Liberación Nacional en Argelia construye, digamos así, al autor de este libro, en un símbolo que vuela como si fuera parte de los mitos de la generación de los ’70, que leía a Fanon como un llamado directo a la acción, a la violencia. La tesis de Fanon es que la violencia cura, que el colonizado no tiene un problema psicológico, que el colonizado tiene como problema psicológico, social y humano la opresión y la colonización.

                    Entonces, la violencia es, además de políticamente justa, además de una vía de transformación de los sujetos oprimidos, es también un elemento de salud mental. Eso decía Fanon en los años en que los panteras negras leían a Fanon, en que el tercermundismo leía a Fanon y en que hablaba, sin muchos problemas, del hombre nuevo en su texto, de la humanidad nueva, de la que también hablaba en los mismos años el Che Guevara. Estamos hablando de un periodo donde la rebelión, la violencia y la lucidez anticolonial formaron una atmósfera de acción directa. La pregunta que yo me hago y que me gustaría empezar a hacerles es: ¿qué significa la acción hoy? Y esto puede ser un segundo mensaje de Fanon, quizás no el mensaje inmediato del pasaje a la acción de los años ’60, sino la importancia de escuchar. La importancia de escuchar la complejidad de los sujetos a la hora de actuar, la importancia que el que actúa escuche o que la acción sea una escucha. La complejidad del anticolonialismo. El colonialista es maniqueo, tiende a decir que hay dos razas. El anticolonialismo es complejo, le interesan todos los matices, todos los colores, todos los sujetos. Hay una relación entre complejidad, matiz, multiplicidad y radicalidad, van juntos en Fanon. Yo creo que eso a nosotros nos sirve especialmente. 

             Quisiera pensar la importancia que tienen los libros que no son libros de estudio sobre algo.  Este no es un libro de historiografía que considera documentos, no es un libro de filosofía que crea conceptos, no es un libro de sociología que trabaja sobre etnología. Es un libro que participa de la descolonización. Es un libro que participa del movimiento. Es un libro inmanente al movimiento. O sea que hay libros, escrituras, investigaciones, que participan de la constitución del hecho y que, además, lo guardan. Uno agarra el libro y conecta con un momento de descolonización. Este modo de un texto o de un discurso que participa de una lucha y no que trata de una lucha, me parece fundamental. Es fundamental recobrar esas escrituras, esas maneras militantes de lectura, que hacen que Fanon hoy no nos quede tan lejos. 

No puedo dejar de mencionar el hecho de que Argelia, para nosotros en Sudamérica, tiene una importancia doble. Porque los militares franceses que en Argelia intentaron ganar sin éxito la guerra colonial, aplicaron un conjunto de técnicas coloniales en base a la tortura, aplicaron métodos de inteligencia en base a la tortura y esos mismos militares derrotados en Argelia son los que entrenaron en la Argentina a los militares argentinos de la ESMA. El colonialismo es local, es nacional, es mundial, conecta por arriba las técnicas de opresión y también por abajo aparecen los Fanon conectando los saberes anticoloniales. 

Para comenzar la idea con Pablo y charlar un poco, él es hijo de la migración boliviana en la Argentina. Una persona que nació y vivió toda su vida en un territorio muy específico de la ciudad de Buenos Aires, que es el bajo Flores, la Villa 1.11.14. La idea es hacer un recorrido muy rápido sobre qué es un territorio colonial, qué es una economía colonial, qué es una mirada colonial hoy acá. Un párrafo que hemos charlado mucho empieza así: » el colonizado descubre que su vida, su respiración, los latidos de su corazón son los mismos que los de colonialista (…), que una piel de colono no vale más que una piel indígena». Descubrir que esas supuestas especies diferentes y maniqueas que el colonialismo instaura en realidad están constituidas por personas que tienen una igualdad de valor en sus pieles diferentes, es una sacudida en el mundo. 

 

PABLO FERNÁNDEZ: Este párrafo en particular, creo que me moviliza porque introduce dos conceptos que vengo pensando hace mucho tiempo. Introduce, primero, esto del mercado del valor. ¿Cuándo es garantía para una colonia? ¿Cuándo se puede garantizar una colonia? Cuando las vidas valen distinto, cuando la piel, el color, lo social, lo económico o lo que sea se garantice y haya una diferencia entre los valores de estas. En ese momento, dice Fanon, en el que nos convencemos todos de que somos iguales, es imposible la colonización. ¿Hoy en día se da eso? ¿Hoy en día, a pesar de no ser colonia ya, se sigue dando en mi vida? ¿Se sigue dando en nuestras vidas en particular?

               Otra cosa que introduce en el párrafo es que la molestia o la presencia en sí termina siendo un motivo o una forma de emboscada hacia el colono. Esas dos palabras: la presencia y el mercado de valor, son dos cosas que me movilizaron y me movilizan hace mucho tiempo. Y como dijiste, vivo en una parte específica de la ciudad, vivo en bajo Flores, en la 1.11.14. Fanon me permite pensar que no solamente tenemos que pensar las colonias y los colonos como Estados ajenos o como un imperio que invade otro territorio externo o un político o un dictador particular, sino cuánto de colonia o cuántos de los colonizadores hay en una ciudad y una Villa hoy en día. ¿Cuántos puntos comunes podemos encontrar ahí?  Las villas en particular, siempre hablo desde mi punto de vista, tienen situaciones comunes con las colonias de hace 200, 500, 1000 años. Tenemos fronteras propias, tenemos fronteras que tenemos que traspasar y cuidarnos de éstas, tenemos agentes de seguridad que nos garantizan y nos rigen este movimiento, tenemos aduanas ahí. Tenemos, dentro del mismo territorio, un Gobierno, unas legislaciones, unos códigos propios. Tenemos una garantía económica, una economía colonial, rendimos tributo a la ciudad de esta forma. No reconocemos el mismo Gobierno que reconoce la ciudad, de hecho, votamos distinto. Esta es la primera elección que los migrantes podemos votar.

 

             Otra pregunta ¿cuántos de nosotros, como gente que vive ahí, queremos independizarnos de esta situación, de estas colonias? ¿Qué nos garantiza esta no legislación, esta legalidad, porque tampoco es ilegal, tampoco termina siendo legal? Todos los emprendimientos, negocios, estudios, todo lo que hacemos en cuanto a estos territorios, están en un gris, en un gris económico social, legislativo. Creo que ahí está lo que me cruza hoy en día de Fanon. La palabra emboscada también sale en este párrafo. Desde chico, junto con mi hermano, siempre pensamos cómo jugábamos con cómo vestirnos, con cómo nos ven las otras personas, en la mirada que hay en la ciudad hacia nosotros. Cómo, dependiendo donde estamos parados o no, esa mirada cambia o no. Recuerdo una situación en la que, vestidos como tenemos que estarlo, con el mercado que tenemos que consumir por ser colonia, que es ropa deportiva o ciertos estereotipos que cumplimos, entramos a un café en Palermo, en Coronel Díaz y Santa Fe, si no me equivoco, y cómo una mirada marca este territorio. Nuestra emboscada era entrar ahí y una mirada nos delata que la colonia y el territorio está en nuestro cuerpo. Nosotros somos territorio, nosotros somos colonia. Y nuestra presencia incomodaba. Ya no hay una legislación, ya no estamos en una colonia, ya no hay virreinato. Pero la única forma de desarrollar y de dejarte en claro que vos seguís siendo esto, el territorio sigue estando en vos y vos seguís sin tener los mismos derechos que yo colono, eran esas miradas.

 

D.S.: Leo esto: Para el pueblo colonizado, el valor más esencial, por ser el más concreto, es primordialmente la tierra: la tierra que debe asegurar el pan y, por supuesto, la dignidad. 

Eso recuerda mucho una cita de Benjamín que dice que, en la lucha más inmediata por el pan, se crean los valores más sofisticados y más espirituales, como son la confianza, el coraje, la complicidad, es decir, la idea de que el pan y la dignidad se articulan en la tierra concretamente, lo objetivo y lo subjetivo.

Neka viene del movimiento Piquetero, de lo que fue toda la lucha del Aníbal Verón, de toda la lucha por la tierra y, actualmente, está metida en emprendimientos que tienen que ver con tomar la cuestión de la tierra con todo lo que eso implica en términos de salud, alimentación, imaginar nuevas relaciones, etcétera. 

 

NEKA JARA: Él decía que venimos de una historia piquetera. Y esta experiencia surge, en una localidad que se llama San Francisco Solano de Quilmes. Es un lugar donde fueron muy fuertes las luchas por la tierra. Surgió en la década de los ’80, en el 82 concretamente fueron los primeros asentamientos, las primeras ocupaciones. Estas ocupaciones eran organizadas de una manera coordinada, teniendo en cuenta distintas áreas de trabajo como el tema de la salud, la alimentación, la distribución de la tierra cuando se lograra el asentamiento. Y la verdad es que era una lucha gigante, se daba mucho en el seno de las comunidades de base en ese tiempo, ahí, en la zona de Quilmes. Y digo esto porque tiene mucho que ver con esto de la espiritualidad. Grandes masas de gente, muchas personas venidas de otras provincias, muchas personas que iban naciendo en los mismos territorios, pero de familias numerosas, que necesitaban un lugar para resolver el tema de la vivienda, el techo. Fuimos haciendo un recorrido de poder pensar la tierra como el eje fundamental de la vida.        

           

     En nuestras asambleas, siempre estaba esto de que, ante la urgencia, nos organizábamos, pero para cambiar la vida. De hecho, teníamos un lema que era «trabajo, dignidad y cambio social». El trabajo después lo fuimos desmenuzando bastante y lo fuimos repensando como o algo a crear. El tema del cambio tenía que ver con que no íbamos a estar siempre haciendo piquetes, no íbamos a estar siempre organizándonos para ocupar tierra, sino que había que ir más allá de eso. Empezar a cuestionarse qué significaba nosotros cambiar la vida. Y ahí empezamos a toparnos con que había un sistema que necesariamente se resolvía de esta manera. Estábamos dentro de esta clasificación, estábamos dentro de los marginados, dentro de los pobres. Fuimos dándonos cuenta de que después de una lucha gigante, con mucho esfuerzo y sacrificio, el símbolo más fuerte del reconocimiento de que habíamos logrado la tierra era el alambrado, el alambre que delimitaba a quién le pertenecía cada terreno. Inclusive venían las peleas, porque si pasó un animal a al terreno del otro y cosas así. Esto nos llevó a pensar que no sólo la lucha es por recuperar y tener, sino que la lucha es por una transformación

 

La pregunta fuerte hoy es ¿qué es lo que tenemos que cambiar? O sea, ¿para qué tenemos que cambiar? ¿qué es lo que hay que cambiar y con quiénes tenemos que cambiar? Y creo que el eje fuerte es el tema de la tierra. Preguntándonos qué es la tierra, en manos de quién está la tierra, qué significa sacarle provecho a la tierra. Para lo que está en el imaginario de la gente, la tierra tiene recursos, nosotros creemos que tiene bienes y servicios. Y en esto tenemos un encuentro muy fuerte, de mucha resistencia, con lo que plantean las comunidades indígenas. Somos con la tierra, sin la tierra no podemos ser. La tierra es la que nos da el alimento, la tierra es la que nos da la posibilidad de curarnos, la tierra es la que nos da todo tipo de frutos y en esa tierra no estamos solos los seres humanos, están los animales, están las plantas, están los ríos. 

Se habla mucho de que hay que cambiar de paradigma, ¿qué significa eso para nosotros? Cambiar de paradigma es comenzar a entender que, si no logramos una armonía con todo lo que existe, con todos los seres vivientes que hay en tierra, va a ser muy difícil cambiar todo aquello que todo el tiempo declamamos. Va a ser muy difícil que caiga al patriarcado, si no respetamos la tierra, si no reconocemos que la tierra es la fuente esencial de vida. Están muy de moda, por ejemplo, muchas luchas que tienen que ver con la ecología, pero si no transformamos nuestras vidas en otras formas de relaciones, en otras formas de vivir va a ser muy difícil salvar la ecología. Planteamos un proyecto que tiene que ver con producción orgánica, que tiene que ver con respetar a los seres vivientes, con recuperar la salud y ponerla en nuestras manos. No permitir que nos sigan matando en nombre de la salud, en nombre de las enfermedades. No permitir que nos sigan imponiendo la forma de alimentarnos, no permitir que sigan envenenando la tierra y saqueándola de manera destructiva. Y no permitir que destruyan entre nosotros, nuestras relaciones. Hoy la tierra es un gran problema porque también es un campo de batalla. Hay disputas por los recursos y hay resistencia para defender los bienes que nos da la tierra. 

 

D.S.: Estos días, todos lo sabemos, hay una campaña extraordinariamente agresiva contra los mapuches del sur del país, también en Chile hay una represión brutal. Queríamos leer un comunicado de estos días, a ver si lo podemos escuchar y poner en la serie de lo que estamos hablando. Y hay una compañera, Soraya, que quizás después quiera tomar también la palabra, contarnos un poquito más. 

 

M.A.: Viernes 22 de octubre de 2021. Cuesta del Ternero. Niño mapuche va a la escuela escoltado por la policía. Desde el acampe humanitario en apoyo y resguardo a la Lof Quemquemtrew denunciamos el fuerte hostigamiento policial y mediático que se ha acrecentado en los últimos días luego de un incendio en el Club Andino Piltriquitron. Este incendio es un montaje para justificar mayor militarización y preparar la cancha para una arremetida más feroz por parte del Gobierno provincial, de jueces y fiscales al servicio del poder empresarial y de distintas fuerzas represivas nacionales y provinciales.

                      ¿Es una mera coincidencia que justo se incendia un edificio en el centro del Bolsón, a metros de bomberos, de la policía, de la Gobernadora Arabela Carreras y el Intendente Pogliano, y ya se encuentran en Buenos Aires para pedir la intervención de fuerzas federales, y que hayan llegado inmediatamente al campamento medios fascistas y mentirosos como Canal 13, en particular del programa del nefasto periodista Jorge Lanata, buscando confrontación y justificación para seguir construyendo su discurso sobre los mapuches terroristas? A raíz de este montaje, justifican la fuerte presencia en el Bolsón de Gendarmería Nacional y siguen aumentando su discurso racista y xenófobo con el fin de generar miedo en la sociedad y expandir una visión totalmente falsa sobre el pueblo mapuche y las reivindicaciones territoriales que está llevando a cabo. En la misma línea en que el hostigamiento policial y la provocación se van acrecentando día a día, ahora ya no se conforman sólo con agredir a los adultos, sino que se puede escuchar cómo las fuerzas policiales insultan a los niños. Asimismo, denunciamos públicamente que un niño de la Lof que se encuentra viviendo en el acampe va escoltado a la Escuela 211 «Lucinda Quintupuray» por un móvil policial. Es decir, tratan a este niño como un delincuente, sin mencionar en las condiciones que se encuentra, en un acampe rodeado de fuerzas represivas que cargan armas de grueso calibre, conviviendo con la tensión que esto genera a cada instante, además de la angustia que provoca no poder tener contacto con los peñi y lamngen que resisten en el territorio. El contexto que se vive hace casi un mes en Cuesta del Ternero es una clara violación a todos los Derechos Humanos, los Derechos del Niño, los Derechos de las Mujeres y los Derechos de los Pueblos Originarios que tanto la provincia como la nación han firmado y deberían reconocer y aplicar. 

 

D.S.: En un en un texto reciente que circuló Soraya se agregaba que no queremos un nuevo asesinato como los de Santillán, como los de Nahuel, así que quizás pedirle la palabra a Soraya y, si hay tiempo después, abrirlo un poco más. 

 

SORAYA MAICOÑO: Mari Mari Rüme Mañum. Aquí un acorralada de Fanon. Una mapuche que ha sabido sobrevivir al colonialismo, que ha sabido resistir a las fuerzas represivas de la policía de Río Negro, de las fuerzas del COER, de la Fuerza de Gendarmería cuando también entraron a la resistencia Cushamen. Estoy acompañando el proceso de recuperación territorial del Lof Quemquemtrew. Es una situación cada vez más angustiante la que se vive allí. El territorio se está poniendo a resguardo principalmente porque en este lugar le han entregado el territorio a diferentes empresarios que están vinculados a la plantación de plantas foráneas, como lo es el pino. 

                Hace 30 o 40 años, le entregaron a un empresario, Rolando Rocco, un permiso para que él, primero, desmontara el bosque nativo y luego hiciera esta plantación de pinos. El pino este año ha causado un daño gravísimo a todo lo que es la Comarca Andina del paralelo 42 por la sequía que provoca y porque, además, es un elemento dañino al momento de los incendios, propicia la propagación del fuego. Hace un mes, la policía de Río Negro entró al Lof Quemquemtrew a los tiros. No solamente trató como delincuentes a diferentes hermanos mapuches que se llevaron detenidos, sino también a un niño de 8 años, el mismo niño que también ahora va custodiado por la policía a la escuela. Muchos de nuestros pu lamngen, de nuestros hermanos y hermanas mapuche, entraron al territorio a resguardarse de las balas y, desde hace un mes, están en ahí con una medida cautelar en donde se les prohíbe el ingreso de comida y de abrigo. Ellos hace un mes que no comen una comida digna, ni duermen en una cama y mucho menos en un colchón, como cualquier persona. Estamos sitiados por la policía. El territorio está militarizado. Por un lado, tenemos las fuerzas del COER, por el otro lado tenemos la policía de la Provincia de Río Negro que no nos permite el ingreso al territorio. Se levantó un acampe humanitario que nos sirve como observación de la situación que se está viviendo. 

       

        En este momento, hay una campaña furiosa por parte de los medios hegemónicos, que son los mismos medios que estos empresarios bancan económicamente -o directamente son los dueños- que nos están queriendo ubicar, en este contexto, como el mapuche terrorista que quema edificios. Nosotros tenemos diferentes formas de lucha, las cuales nos parecen mínimas en comparación al terrorismo, que sí el Estado argentino oprime y formaliza en nuestro pueblo. Nosotros, desde la Conquista del Desierto hasta el día de hoy, venimos sufriendo distintas situaciones de despojo territorial. Venimos sufriendo humillaciones, racismo. Y si bien, en algún momento, intentaron ordenar esos territorios y darnos mínimas partes, mínimas porciones de lo que nos han quitado, así y todo, han corroborado con sus fotos satelitales que en esos territorios hay diferentes minerales que para ellos implican más dinero, más enriquecimiento. Entonces, también ahora les molestamos aún en los territorios que alguna vez nos otorgaron o nos «devolvieron», entre comillas. Nosotros, como pueblo mapuche, vamos a seguir resistiendo, vamos a seguir firmes y dignos, porque estamos convencidos de que el único modo de seguir, de darle continuidad a nuestra cultura, a nuestra espiritualidad, a nuestra forma de ser, es en los territorios, pero quiero que sepan que esta lucha no es exclusivamente del pueblo mapuche. A estos empresarios extranjeros y algunos argentinos, como el caso de Magneto, lo único que les interesa es el agua, las nacientes de los ríos, porque con esa agua ellos pueden continuar con la extracción de ciertos minerales. Esta lucha no es exclusivamente del pueblo mapuche, ojalá todos y todas quienes están aquí y quienes después se escuchen estas grabaciones sientan que de cualquier grupo en el que sean parte, de cualquier trabajo del que sean parte, de cualquier barrio del que sean parte, esta situación de la sequía y del agua en manos de los ricos nos va a afectar tarde o temprano a todos y a todas. 

                Y por lo mismo, también me parece importante hacer hincapié en que no se puede resolver ningún conflicto territorial ni acá, ni en la Cuesta del Ternero, ni en ningún lado, con la militarización de los territorios, si naturalizamos la presencia de Gendarmería y de distintas fuerzas represivas en las calles, entonces hagámonos cargo de que ya no vivimos en democracia, que estamos viviendo bajo una forma bien vinculada a una época que quizás en ustedes esté más cercana que el genocidio mapuche, que tiene que ver con la dictadura militar. Nosotros como pueblo venimos sufriendo situaciones de despojo, de dictadura, de represión, desde siempre, como diría Fanon, soy una condenada, nací condenada. Pero no me da miedo, estoy firme y convencida porque tengo la fuerza de mis ancestros que supieron cuidar el territorio. Un territorio que nacía aquí, al sur de esta provincia, y terminaba en el norte de Santa Cruz. Eso es Puelmapu. Pero más allá del nuestro, todos aquellos territorios que se empiecen a resguardar para evitar que se avance con el transgénico, con el desmonte, con la soja, con el desmonte del litoral, con el desmonte en Córdoba, con la soja en Santa Fe, con las represas en Santa Cruz, con el oro, la plata y el petróleo en Neuquén, en Río Negro y en Chubut, cualquier grupo humano que se oponga va a ser tratado terrorista como nosotros y nosotras. Por lo mismo, ojalá puedan sentirse interpelados y puedan, de alguna manera, hacerse voz y replicar esto que nos está pasando. No se puede seguir naturalizando la militarización y si no, hagámonos cargo que estamos en dictadura. 

 

D.C.: Vamos a abrir una pequeña ronda de preguntas, comentarios, si alguien quiere decir algo. 

 

PÚBLICO: Mi nombre es Agustín, yo soy militante en territorio, en Rosario. Me quedó un poco resonando con lo que decía Neka y también Pablo, el concepto de la armonía que se pierde, que se desdibuja y siento también que hay un concepto fundamental que es la frontera, que no estamos abordando mucho desde ciertos aspectos. Quería preguntar cuáles son las estrategias para poder vincular, o desdibujar, o redibujar las fronteras para que vuelva a existir la armonía natural que en un momento existió.

 

P.F.: Para contestar eso según la vivencia de cada uno, tendremos que contestar qué son las fronteras. Mis fronteras, lo que yo vivo como fronteras, es la Avenida Perito Moreno y es lo que tengo que caminar y cruzar todos los días viendo a un gendarme en una ciudad. Las mismas fuerzas de seguridad que me recibieron cuando yo era un chico en Jujuy, son las que tengo hoy en día, todos los días, recordándome a dónde pertenezco, qué soy y qué tengo que hacer. Pensando esto como frontera, también te puedo decir, no soy hipócrita, que si hacés esta pregunta en las villas, en los barrios populares, si quieren o no que se vaya esta fuerza de seguridad, te van a contestar que no, que las necesitan, que son necesarias. Yo no tengo clara esa respuesta, no te puedo decir eso. Estas mismas fronteras otorgan una suerte de anarquía general en la que no solamente te garantizan economías favorables y cuidados frente a la xenofobia de la ciudad, protección. También son sitios de conflicto y de hostilidad para con los otros barrios populares cerca, para la inseguridad, para la xenofobia de la ciudad.

            Entonces, si estas fronteras garantizan eso, cosas «buenas», cosas «malas» y estos agentes de seguridad me garantizan seguridad, la seguridad económica, sobre todo, que es lo que en este momento importa más a esta población, ¿cómo podemos desdibujarlas? ¿cómo podemos no estar cómodos con estas fronteras? 

 

N.J.: Para mí pensar las fronteras hoy es pensar en el colonialismo y todo lo que produce. Las formas de vida que nos imponen, cómo nos marcan estas formas de vida. Y escuchaba a Soraya, nosotros podemos decir cosas recontra contundentes, rebeldes, bonitas, nos pueden aplaudir y decir “qué grosos que son, mirá lo que dijeron”. Pero lo cierto es que cuando un mapuche, un guaraní, da el paso para avanzar sobre esa acción concreta, es un terrorista y es criminalizado. Esa es una frontera clara. Me parece que con esas cosas tenemos que empezar a romper. Hoy cuando decía que es urgente cambiar, es urgente porque es evidente que nos están llevando al desastre.

 

 No hay nada más para ver, para comprender que hay que cambiar este sistema. Para mí es empezar a entender que este sistema, todo lo que produce como formas de vida, marca fronteras: nos separan, nos discriminan, nos criminalizan y nos imponen cómo hay que vivir, cómo hay que vestirse, cómo hay que curarse, cómo hay que comer. Y está claro que son maneras destructivas, nocivas. Qué nos dejaron con el tema de la pandemia, qué nos propusieron como formas de cuidarnos y de curarnos con la pandemia. ¿Qué va a pasar después de lo que nos está pasando, saliendo un poco de este aislamiento que teníamos? O sea, ¿vamos a volver a la misma vida de antes? ¿Vamos a empezar a proponernos otras maneras de ser? Creo que todo esto tiene que ver con las fronteras. 

 

D.S.: Cuando yo empecé, bastante jovencito, en algo así como una militancia política, el referente del grupo en el que yo estaba, Eduardo Luis Duhalde, que fue Secretario de Derechos Humanos y en los años ’70 militó con Ortega Peña, me regaló este libro de Fanon con Historia y conciencia de clase, el libro de filosofía del marxista Lukács. Me dio los dos libros y me dijo: «estos son los libros que nosotros leíamos en los años ’70 cuando nos deprimíamos, llevalos siempre con vos, porque se trata de conectar un siglo de luchas con el próximo. Esa es la militancia». Y me lo acuerdo muy bien. Hay que llevar saberes y recuerdos como una forma de lucha hasta la próxima generación o hasta la próxima lucha. Y tengo la impresión de que toda pregunta por las fronteras es una pregunta temporal. ¿Cuánto va a durar esta frontera? Hay una relación entre el tiempo, lo que hay que recordar, lo que hay que aprender y cierta paciencia. 

 

PÚBLICO: Fanon, no sólo en este texto sino en otros, plantea «a nosotros nos ha atravesado en la colonización. Yo no hago un llamamiento al retorno a las raíces negras, sino que nos tenemos que hacer cargo de que esto no ha sucedido». En este sentido, cómo reconstruirían los compañeros el hecho de que las fronteras nos las han puesto, y hemos construido nuestras subjetividades alrededor de ellas, me tengo que hacer cargo también de que esto ha sucedido y debería de contener esa pulsión destructiva que hay para con quienes habitan la zona del «no ser» en términos de Fanon. Agarrando a Sartre diciendo  “el antisemitismo es un problema del antisemita”, él dice «el problema del racismo antinegro es un problema del racista antinegro, vamos a convencernos a nosotros de que nosotros somos humanos». Entonces, ¿cómo elaboran desde el territorio el “hagámonos cargo de que nos pasó esto, de que somos villeros, de que somos piqueteros”? ¿Y cómo elaboran a futuro ese borrar las fronteras en el sentido de la psiquis de uno, decir “nos han hecho esto, ¿cómo avanzamos?» O sea, ¿cómo se construye en territorio eso? O quizás no lo plantean en esos términos.

 

N.J.: Creo que tenemos aprendizajes a partir de experiencias de vida, a partir de desear, de crear y también de que nos pongan trabas cuando se intenta avanzar con eso que se crea. Nosotros hace ya un tiempo que estamos con este proyecto agroecológico del programa «Vuelta al campo”, pensando que sea una escuela, un lugar donde también avanzar sobre el tema salud. En la Argentina hay 7 millones de hectáreas de tierra dispuestas como para ser transformadas en espacios productivos como estos. Tenemos muchísimas trabas, es muy difícil lograr acceder. Por ejemplo, para proyectos que tienen que ver con microempresas, con proyectos donde hay más rentabilidad, es mucho más sencillo acceder. Es un momento de reflexionar cómo ir rompiendo con estas fronteras y tiene que ver con organizarse. Cuando hablo de organización no digo que ahora tenemos que salir todos corriendo y hacer asambleas y empezar a armar programas. No, no me refiero a eso. Me refiero a que tenemos que tener un mirar y un pararnos diferente ante la vida. Primero, creo que hay que empezar por ahí. 

 

P.F.: Yo te puedo hablar desde mi experiencia individual, asumiéndome como un colectivo. Sólo quedan microrevoluciones que tienen que ver con desubicarte. Si quiero romper una frontera, tengo que ubicarme en un lugar en el cual no tendría que estar, en mi experiencia de vida. Por ejemplo, estar yo acá parado dando la charla en vez de que sea un profesor de la UBA. Estar y ubicarte en situaciones en las que no tendrías que estar es una microrevolución y es ganar un terreno que no tenías antes. Esa es mi experiencia en cuanto a romper, desdibujar fronteras. Asumirlo como un colectivo, pensarlo colectivamente todavía no me tocó, todavía no lo encontré, no encontré una situación en la que colectivamente se pueda dibujar eso. Encontré juegos, encontré emboscadas, encontré situaciones particulares. 

D.S.: Me acordaba de Rodolfo Walsh, uno de los escritores más importantes que tuvo este país, más allá del prestigio que tiene como figura militante, por sus opciones políticas como escritor. El método de escritura de su gran libro, Operación masacre, fue cruzar una frontera. Escribir, para Walsh, era cruzar una frontera. Creo que lo que dijeron Pablo y Neka, los textos que eligió Moro, el libro de Fanon, nos están haciendo preguntar qué fronteras tenemos que cruzar nosotros para que haya una verdadera democracia. ¿Son fronteras éticas, intelectuales, de piel, económicas, territoriales? Y quizás, estamos todos intentando escuchar y pensar qué cruces de fronteras y qué tipo de escuchas nos permiten finalmente construir acciones más o menos urgentes, más o menos masivas, más o menos importantes que necesitamos.

 

N.J.: Vuelvo a insistir con esto que planteaba Soraya y es esta frontera que tenemos que derribar de manera muy urgente. Hay que deconstruir esta imagen de terrorista que se está poniendo sobre los hermanos mapuches, inclusive dividiéndolos y queriendo aparentar que hay grupos que son violentos, ya sabemos las maniobras del enemigo, cómo juegan. Vayámonos pensando en esto y vayamos tendiendo lazos.

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