Peter Sloterdijk, Estrés y libertad, traducción de Paula Kuffer, Ediciones Godot, 2017, 88 págs. 

Por Liliana Viola 

En este texto, tan breve como atrevido, Peter Sloterdijk, parte de la pregunta sobre qué será lo que mantiene vivas a las sociedades contemporáneas, cual es el componente aglutinador, de estas civilizaciones signadas por el individualismo y la apatía. ¿Qué es lo que mantiene en vida las vetustas instituciones de Occidente? En el camino socrático hacia esas respuestas va advirtiendo hasta qué punto estas sociedades se aglutinan hoy en realidad a fuerza de reacción. 

Nos reconocemos como pares en el estrés de ser libres de estar en contra o a favor, de responder día tras día a una amenaza renovada de autodestrucción. Amenaza ambiental, de catástrofe financiera, y en estos últimos meses, podríamos agregar, amenaza de bomba. Una suerte de compromiso enervante y lábil nos invita a avanzar. Pero… ¿hacia dónde? El estrés, aparece entonces en esta línea de pensamiento, como el horizonte de la libertad contemporánea signada por la necesidad de rendir, de estar a la altura de esa libertad. El estado “natural” en el que se desarrolla la vida es el estrés, donde ha quedado atrás la idea de revolución permanente que signó el modo de vida en buena parte del siglo pasado. Lejos de la añoranza de las gestas de aquella vieja izquierda pero a su vez también lejos del desencanto, Sloterdijk alterna el diagnóstico con la historia y con el llamado a recuperar palabras dormidas en el corazón de la libertad. ¿Cómo liberarnos del estrés cuando el estrés es nuestro modo de respirar y de reconocernos?  

Ahora mismo, avanzando a toda velocidad hasta la última página de este libro editado en Argentina por Godot Ediciones, nos encontramos con una respuesta. Algo así como una conclusión, que deberá ser leída como convocatoria, como expresión de deseos y, bueno, sí, también como expresión de una urgencia: “Defenderemos la libertad en tanto trabajemos en la palabra liberalismo, que hoy, por desgracia, remite a una vida de codicia y no a un sinónimo de generosidad. Pero también en la palabra liberalidad, en tanto signo de simpatía por todo aquello que libere a la gente de todo tipo de despotismo”. 

 

Así es como el filósofo alemán, “conservador de izquierda” como admite autodefinirse en estos tiempos ansiosos por los etiquetados ideológico/identitarios, en estas breves páginas se lanza e invita a la búsqueda del sentido perdido de la palabra libertad hoy ahogada en las preocupación por las libertades. Sloterdijk comienza con una advertencia. No podrá definir el presente desde el presente. Y en gran medida la brevedad de este libro coquetea con ese silencio inevitable pero también con la capacidad de síntesis. El capítulo que ofrecemos aquí, es muestra de ello. El filósofo aturdido por la realidad, avanza entonces hacia dos viejas imágenes de la libertad “originaria”. Una de ellas está en el capítulo que estamos presentando. La libertad de un Rousseau alternativo que echado en un barquito por un río que podrá ser del Delta se entrega a la ensoñación del pensar en nada. El ejercicio de la libertad como “rebelión contra lo ordinario”, la determinación de no hacer más allá de todo y de todos. El libro está dividido en cinco capítulos. Las primeras páginas se pueden leer en la página web de Ediciones Godot. Habrá que seguir leyendo para salir de ese barco. O para seguir navegando. 

 

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