¡DESPERTATE MUNDO!

LAS LUCHAS POPULARES SON CULTURA

La sección “Despertate Mundo” es una de las actividades que definen el espíritu de Proyecto Ballena: las voces de quienes trabajan la tierra, las voces de quienes la habitan y las voces de quienes luchan por ella, no sólo se dejan oír sino que forman un entramado cultural, vital y de alto valor para reprensar políticas públicas. En la edición de este año, la periodista Julia Mengolini entrevistó a referentes de seis movimientos populares, todos vinculados con la lucha agraria y los reclamos ambientales. Participaron: Colectivo CLOC Vía Campesina/ Colectivo Frente Agrario Evita/ Federación Nacional Campesina/Movimiento Nacional Campesino e Indígena/Movimiento de Trabajadores Excluidos/ Colectivo IALA – UNICAM SURI.
Texto: Antonia Kon


¿Cómo hacer populares las luchas ambientales? ¿Quiénes son las víctimas principales de la contaminación, el hacinamiento y la falta de agua?  ¿Cómo se defiende la tierra? ¿Puede pertenecer a quienes la trabajan? ¿Hay un camino posible para la restitución de sus territorios a los pueblos indígenas?  Las respuestas aparecen entre las voces que trabajan y habitan los territorios,en las experiencias que se resisten a las políticas neoliberales desde la organización popular y la creación de nuevos imaginarios políticos. A partir de estos diálogos podemos empezar a trazar un primer panorama de la situación actual en los territorios latinoamericanos y articular propuestas y soluciones desde el campo y la ciudad. ¿Qué significa soberanía alimentaria? ¿De qué se alimenta nuestro pueblo? ¿Contra quién luchamos cuando pedimos soberanía alimentaria? ¿A quién beneficia y a quién amenaza?  ¿Es posible pensar en una reforma agraria? ¿Cómo abordar una reforma agraria que democratice el acceso a la tierra? Las preguntas se suceden y no tienen una única respuesta. Pero escuchar la experiencia y los reclamos es un modo de empezar a cambiar el mundo. En la edición PROYECTO BALLENA / JUNIO 2021 dedicada a pensar la relación con la TIERRA, se tocaron 6 puntos estratégicos que enumeramos a continuación.

  • RECICLADO Y ALIMENTACIÓN SALUDABLE CON PERSPECTIVA POPULAR

Históricamente, los discursos ambientalistas se han caracterizado por una falta de perspectiva social. Como sociedad, nos acostumbramos a escuchar a los sectores más privilegiados hablar sobre ecología y cuidado ambiental. Por eso son vitales las voces como la de Pancha Rodriguez, que ponen en evidencia a quienes afectan más violentamente las catástrofes ambientales: “¿De dónde son los muertos del COVID? Son del pueblo, no son de los sectores medio para arriba. Son de las zonas populares”. El  hacinamiento, la falta de agua, de luz y de cloacas son detonantes que acentúan desigualdades ya de por sí profundizadas por las consecuencias económicas de la pandemia. La ecología, que en algún momento fue leída como un privilegio de clase, está relacionada directamente con el bienestar de los pueblos. 

Natalia Zaracho, cartonera y activista del Movimiento de Trabajadores Excluidos, cuenta que a partir de la creación de la Cooperativa Amanecer de los Cartoneros, que hoy es la más grande de Latinoamérica, empezó a promoverse el reciclado con inclusión social. “Nosotros tenemos nuestra propia planta de reciclado, adonde llevamos el material, lo procesamos y de ese modo generamos más puestos de trabajo y mejores condiciones económicas.” En un principio, ella y sus compañerxs veían el cuidado del medio ambiente como una lucha de la clase media-alta. Pero en el transcurso del tiempo comenzaron a verse a si mismxs como actores fundamentales al servicio del cuidado ecológico.  “Los basurales a cielo abierto están en las barriadas donde viven nuestros compañeros y nuestras compañeras, las fábricas que contaminan, los riachuelos, todos los lugares donde hay un impacto en el medio ambiente los sufrimos nosotros, los sectores populares. Entonces tiene que ver no solamente con el cuidado, sino también con quién lo sufre”

  • LA LUCHA POR LOS TERRITORIOS

El reparto desigual de la tierra siempre ha sido un tema crucial en Argentina y en toda Latinoamérica: desde la Campaña del Desierto y el arrasamiento de los pueblos originarios, hasta los desalojos de quienes hoy en día habitan y trabajan esos territorios. Actualmente la tierra está concentrada en manos de empresas y de grandes terratenientes, mientras que el campesinado, que produce la mayor cantidad de alimentos, ocupa una parte muy pequeña del territorio. Con la monopolización de la tierra, la población campesina y los pueblos indígenas van siendo forzosamente desplazados, despojados de sus tierras de origen.

Gisela Rosa Santos, del Colectivo Movimiento Nacional Campesino e Indígena, cuenta su experiencia en el desalojo, tan violenta como muchísimas otras: “Llegan sin avisarte, te meten topadoras en la tierra, empiezan a amenazar gente, va la policía, los detienen. No miran si hay niños, si son ancianos. Es muy difícil, la lucha no es fácil con esos productores.”  Los desalojos provocan situaciones de arrinconamiento: muchas veces, la única solución es la migración del campo a los centros urbanos. Una migración forzosa que provoca grandes aglomerados y situaciones de hacinamiento. “Nosotros no queremos ir a una villa miseria, a estar todos arrinconaditos ahí, porque lo único que sabemos hacer es cultivar la madre tierra” explica Patricia Segundo, de la Federación Nacional Campesina

Las múltiples agrupaciones populares que han narrado sus vivencias en este ciclo sostienen que hoy en día es necesario luchar por la nacionalización de la tierra. Y que esta batalla, que ha quedado relegada a ser un reclamo sectorial (de los pueblos indígenas, de los campesinos), debería convertirse en una lucha popular que abarque a todo el pueblo. “Todas las empresas han arrasado con nuestra tierra. Ya no podemos hablar de la tierra si no hablamos de lo que significa la explotación que, día a día, hay hacia los sectores de los trabajadores”,  dice Pancha Rodriguez, de la CLOC Vía Campesina.

  • SOBERANÍA ALIMENTARIA

Hace 25 años, la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo lanzó al mundo el  concepto de soberanía alimentaria, que más adelante se convertiría en un principio llevado al debate público en la Cumbre de Alimentación de la FAO del mismo año. La soberanía alimentaria se entiende como el derecho a producir alimentos sanos, sin agrotóxicos, con precios justos, accesibles para toda la población. Una  propuesta desarrollada desde el enfoque de lxs campesinxs, pequeños y medianos productores, mujeres rurales, comunidades indígenas, trabajadores agrícolas emigrantes, jóvenes y jornaleros sin tierra. La soberanía alimentaria, en muchos países, es un principio político” explica Paola Nieto, del Movimiento Nacional Campesino e Indígena.

La agroecología, que los movimientos campesinos promueven como modo de vida, es la posibilidad de generar sistemas agrícolas sostenibles que optimicen la producción. Es un acercamiento a la utopía latinoamericana de la soberanía alimentaria, una forma de convivir con la naturaleza y de trabajar las tierras desde el cuidado y la observación. En lugar de formular soluciones dañinas para los ecosistemas como los agrotóxicos, la agroecología promueve la búsqueda de respuestas desde la tierra misma: No es necesario echarles venenos a las plantas porque la naturaleza tiene un equilibrio” explica Isabel Palomo desde el Frente Agrario Evita, una organización que milita el cultivo de sus propios alimentos y la posibilidad de conservar las semillas y compartirlas. 

 “Nosotros estamos convencidos de que la agroecología es un modo de vida: es estratégico en el tiempo que vivimos y sabemos que es necesario producir alimentos sanos, agroecológicos y que estén al servicio de los pueblos, de los humildes y los trabajadores” dice Adolfo Farías de la UNICAM SURI, la organización campesina que genera institutos técnicos en toda Latinoamérica para que jóvenes del campo puedan formarse en producción agroecológica y para darle disputa al proyecto hegemónico de las grandes corporaciones.

  • REFORMA AGRARIA

Un punto en común significativo que une a todas las organizaciones campesinas que han dialogado con Proyecto Ballena es la propuesta de una reforma agraria que democratice el derecho a la tierra. Los numerosos testimonios dejan ver que resulta imposible una resolución pacífica y equitativa de los conflictos territoriales sin la existencia de una reforma agraria, un conjunto de medidas políticas, económicas, sociales y legislativas que modifiquen la estructura de la propiedad y producción de la tierra.

 

En el panorama actual, mientras que las poblaciones originarias son desalojadas de los territorios que habitan hace años, los poderes económicos que concentran la propiedad de la tierra se niegan a cumplir normas, pagar impuestos o retenciones, lo que repercute en los precios de los alimentos, inaccesibles para gran parte de la población.  “Cuando hablamos de reforma agraria es esto: es la distribución de la tierra, es la puesta en producción y la planificación de esa producción” explica Malvina Luera desde la Federación Nacional Campesina

Las propuestas de la reforma agraria integral y popular plantean que los gobiernos deben observar y poner a disposición los recursos necesarios para que la población campesina pueda seguir produciendo y viviendo, ya no como un sector marginal sino como un sector inserto en la sociedad. Los reclamos que hacen hincapié en una reforma agraria popular sostienen que la sociedad en su conjunto debe organizarse para pensar soluciones y caminos posibles, desde la ciudad y desde el campo. Esa reforma debería ser integral, garantizar los mercados y el intercambio, el acceso a vías y a infraestructura, a una educación rural y a una vivienda digna.  

  • EL ROL  DE LAS MUJERES EN LA LUCHA CAMPESINA

Estos seis testimonios evidencian que en los últimos años se ha hecho más presente la discusión acerca de la importancia del rol de las mujeres en las múltiples luchas que han narrado sus protagonistas: en el trabajo de la tierra y la lucha campesina, en la construcción de una noción de soberanía alimentaria, en la ecología, la agroecología, el cultivo de cannabis y las discusiones acerca de la reforma agraria. Las experiencias y los aportes fundamentales que nuestras entrevistadas compartieron con Proyecto Ballena fueron invisibilizados por mucho tiempo, incluso dentro de sus mismas luchas y espacios de pertenencia. Frente a estas injusticias, las activistas y las trabajadoras comenzaron a organizarse, a poner en palabras sus problemáticas y pensar soluciones desde el feminismo popular.

“Las mujeres campesinas hacen un trabajo esencial. Muchas veces son cabeza de familia, son las que llevan adelante la producción y no están reconocidas. Es más difícil para una mujer acceder a la tierra que para un hombre.”  Paola Nieto, del Movimiento Nacional Campesino e Indígena, explica que históricamente las mujeres han ocupado un lugar fundamental  en el trabajo de la tierra, pero aún es muy difícil que sean reconocidas de la misma forma que los hombres. Si para un campesino el acceso a las tierras está lleno de disputas y complicaciones, las mujeres sufren una doble imposibilidad. Por este motivo, una de las propuestas de la reforma agraria es el reclamo de las políticas que reconozcan el trabajo de las mujeres campesinas en la alimentación y la producción, y les permitan seguir ejerciendo su oficio.  

Al estar relegadas a una doble labor -por un lado el trabajo, y por el otro los cuidados de la familia y del hogar- las mujeres campesinas no acceden a los mismos momentos de descanso y disfrute que sus compañeros. “Tenemos que cuidar a nuestros hijos e hijas, tenemos que seguir cuidando la plantación, tenemos que hacer las cosas de la casa y ni hablar del momento de ocio. Yo jamás he visto que mi mamá se fuera un fin de semana a tomar mate con las amigas. No se podía porque los fines de semana hay que lavar ropa, y hay que hacer la limpieza general, mientras los días de semana tenemos que laburar igual que los varones.  Eso era algo muy injusto y por eso se crearon las rondas de mujeres, que fue algo que nos abrió la mente” cuenta Janet Choque, que pertenece a la rama rural del Movimiento de Trabajadores Excluidos.

  • CULTIVO DE CANNABIS

Argentina es uno de los países de la región con mayor influencia del prohibicionismo en su política de drogas. A la vez, la sanción de la ley que regula la investigación médica y científica del uso medicinal del cannabis obliga al Estado a empezar a crear las condiciones necesarias para garantizar su cumplimiento. Desde el Frente Agrario Evita, entonces, se impulsa una militancia para empezar a pensar la producción de cannabis en Argentina, y para entablar debates serios respecto al prohibicionismo y el cultivo.

Si bien existe una ley que regula el uso medicinal del cannabis, comienza a hacerse presente el peligro inminente de que las grandes farmacéuticas saquen provecho de esta situación y el negocio termine en manos de los poderes concentrados. Ante esta problemática, el Frente Agrario Evita piensa soluciones: “Las organizaciones nos tenemos que hacer escuchar ante quienes nos gobiernan, para que siempre tengamos la mejor legislación y podamos generar fuentes de trabajo a los sectores que siempre trabajaron arriesgando su libertad cuando aún no era legal el cannabis en la Argentina”.  Proponen derramar los conocimientos populares y los saberes ancestrales, compartirlos y mezclarlos con los conocimientos académicos para obtener mejores políticas públicas. 

“Nosotros tenemos un proyecto por la legalización del cannabis en todos sus usos, industrial, gastronómico, medicinal y recreativo, pero también necesitamos dar debates bien profundos para poder actualizar y cambiar la ley de drogas” explica Ornella Infante, y resalta que no se trata únicamente de una herramienta que puede ayudar a solucionar inconvenientes de salud. El cultivo de cannabis también es una salida económica para los sectores de la economía popular.  “Ahora va a haber una demanda no sólo en nuestro país, sino también en otros lugares en donde no existen estas legislaciones. Y allí tenemos que estar los sectores de la economía popular, allí tenemos que estar las organizaciones que militamos fuertemente por poner en valor la tierra y porque se respeten los conocimientos ancestrales y, por supuesto, por lograr también que esto sea una salida económica en esta difícil situación en que se encuentra el mundo.”

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