DEMOCRACIA: NUEVOS DESAFÍOS

Apertura

El Ministro de Cultura de la Nación, Tristán Bauer inaugura Proyecto Ballena/Democracia hoy, junto a Luiz Inácio Lula da Silva y Manuela D’Ávila (desde Brasil), Evo Morales Ayma (desde Bolivia), Dora Barrancos, Ricardo Forster y Alejandro Grimson (desde el CCKirchner).


BIOGRAFÍA

Luiz Inácio Lula Da Silva. Ex Presidente de la República Federativa de Brasil
Evo Morales Ayma. Ex Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia
Tristán Bauer. Ministro de Cultura de la Nación Argentina
Manuela D´Ávila. Periodista y política brasileña. Candidata a la Alcaldía de Porto Alegre por el Partido Comunista de Brasil.
Ricardo Forster. Doctor en Filosofía e integra el Consejo de Asesores del Presidente de la Nación Alberto Fernández.
Dora Barrancos. Socióloga y Doctora en Historia e integra el Consejo de Asesores del Presidente de la Nación Alberto Fernández.
Alejandro Grimson. Doctor en Antropología e integra el Consejo de Asesores del Presidente de la Nación Alberto Fernández.
Julia Rosemberg. Historiadora (UBA). Trabajó en Canal Encuentro, Televisión Pública (TVP) y el Archivo histórico de RTA (Archivo Prisma). Autora del libro Eva y las mujeres.


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La única lucha que perdemos es la que no hacemos.

Luiz Inácio Lula Da Silva

La cárcel y la injusticia no pudieron con él: Lula Da Silva tiene un sueño. La construcción de una democracia soberana en América latina. Y mientras lo comparte con argentinos y argentinas, hace un racconto de las intentos institucionales que décadas atrás un grupo de mandatarios de diversas naciones llevaron adelante por construir una América Latina fortalecida en la unión  y preparada para el mundo que se viene. También desentraña los mecanismos del capitalismo salvaje para destruir estas uniones y derrocar a sus gobiernos democráticos. Hecho el diagnóstico queda la pregunta: ¿es posible retomar el sueño de un continente unido y no dominado?

Toda mi vida he soñado con la posibilidad de que construyamos una democracia soberana en América Latina. Pero mirando históricamente nos damos cuenta de que pocas veces hemos vivido momentos de democracia en los que cada país de América Latina pudo libremente decidir su destino y decidir el destino de su pueblo. Siempre había una intromisión extranjera, ya fuera cuando éramos colonias, o en medio del siglo XX con la cantidad de golpes que sufrimos. Cuando logramos derrocar esos golpes y todos han sido derrocados con la fuerza y la participación del pueblo, yo seguí soñando que era posible construir una democracia de verdad en América Latina, crear en América un bloque que pudiera pensar económicamente, que pudiera pensar políticamente, que pudiera pensar, también, desde el punto de vista de nuestra soberanía.

Establecer nuestras directrices para decidir qué mundo y qué pueblo queríamos ser en el futuro. Y creí que eso era posible cuando tuvimos la victoria de Chávez en Venezuela, cuando tuvimos la victoria en Brasil, la victoria de Kirchner, la victoria de Rafael Correa, la victoria de Lagos, y después Michelle Bachelet, la victoria de Evo Morales y tantas otras victorias. Mantuvimos contactos extraordinarios con otros países. Yo personalmente visité más de dos veces cada país de América Latina porque creía que era necesario construir un bloque fuerte, que pudiera tomar la delantera en las negociaciones que tendríamos que entablar con Estados Unidos, con Europa, con China, con Rusia, con India. O sea, era necesario que estuviéramos juntos, que tuviéramos fuerza y que estuviéramos organizados. 

Por eso, en 2005, lo primero que hicimos en Mar del Plata fue derrotar el Alca. Y dijimos sí al Mercosur. Fortalecimos el Mercosur. Fortalecimos el comercio entre Brasil y Argentina, Brasil y Uruguay, Brasil y Paraguay. Trajimos a varios países de América del Sur para que participaran como socios del Mercosur. Después, creo que fue importantísima la creación de la Unasur. La Unasur era una forma en la que, entendíamos, podríamos hacer una unidad, crear un bloque en América del Sur. Luego del fortalecimiento del Mercosur, creamos la Celac. La única institución multilateral de la que participaba Cuba y no participaban Estados Unidos y Canadá. Fue algo sumamente importante. Después, establecimos políticas con África como Unasur. Luego, establecimos políticas con los países árabes. O sea, cuando estábamos empezando a ser tenidos en cuenta en las negociaciones internacionales, cuando empezábamos a ser protagonistas en las negociaciones con el mundo llamado desarrollado, empezaron los golpes. Empezó el intento de desestabilizar a los gobiernos progresistas de América Latina. En Argentina, una fuerte campaña de destrucción a la imagen de la presidenta Cristina Kirchner y mucho dinero en juego hicieron que los conservadores volvieran al gobierno. 

Gracias a Dios, ahora nuestro compañero Alberto Fernández ha desarmado la farsa erigida por los antidemocráticos de su país. Y vino el golpe en Brasil. Todo el mundo conoce la historia del impeachment. Todo el mundo conoce la historia de la farsa de mi proceso, de las mentiras contadas, de la participación de Estados Unidos, del departamento de Justicia para tratar de evitar que Brasil fuera soberano, para tratar de evitar que Brasil fuera protagonista, para tratar de evitar que Petrobras se transformara en la detonadora de una de las mayores reservas de petróleo del mundo y en una de las mayores empresas de petróleo del mundo. Ellos no aceptaron nunca la Ley de repartición, la creación de la industria naval nacional, el fortalecimiento de la industria de la construcción civil, el acuerdo de fabricación de un submarino nuclear. Todos esos eran escollos que los Estados Unidos nunca aceptaron. 

Entonces le hicieron el impeachment a Dilma, evitaron que yo fuera candidato, le hicieron el golpe a Lugo, le hicieron el golpe a Evo Morales – gracias a Dios, el MAS ha vuelto a gobernar Bolivia – y nosotros estamos ahora tratando de ver si empezamos a recuperar país a país. En Brasil hay elecciones en 2022 y yo creo que es plenamente posible que las izquierdas vuelvan a gobernar. 

Rafael Correa no puede ser candidato, pero creo que es posible que la oposición gane las elecciones en Ecuador. Y de a poco, vamos intentando conquistar los espacios que le han quitado al pueblo. Porque la democracia presupone que el pueblo gobierne, presupone inclusión social, presupone mejorar la educación, mejorar la salud, mejorar el empleo, mejorar el salario, mejorar las condiciones de vida de las personas. 

Esa es la América Latina con la cual no podemos dejar de soñar jamás. A esta América Latina soberana, productiva, a esa América Latina democrática, a esa América Latina para los latinoamericanos no podemos nunca renunciar. 

Por eso, cuando desde el Centro Cultural Kirchner deciden hacer un debate sobre la Democracia en América Latina, yo no quería dejar de hablar con ustedes. Porque yo sí creo que es posible. Mi experiencia política muestra que es posible construir una democracia soberana y construir entre nosotros un bloque fuerte. Para negociar políticamente, para negociar económicamente, para negociar la cuestión ambiental con el mundo desarrollado sin sentirnos menores, sin aceptar que nos traten como si fuéramos insignificantes o muy pequeños. Porque solo bajan la cabeza quienes no saben el valor de la soberanía de un continente, de un país o de una región.

Por eso, mis amigos y mis amigas, yo sigo creyendo plenamente: hemos de construir una América Latina grande, una América Latina soberana. Una América Latina unida entre sus países, sin subordinarse a ningún grupo económico ni mucho menos subordinarse a los Estados Unidos de América del Norte que nunca permitieron que fuéramos totalmente independientes. La interferencia, a saber, primero en los embajadores, luego los militares y ahora es el poder judicial. La industria de la construcción del lawfare. O sea, a través del poder judicial contar mentiras para condenar a alguien, condenar sin pruebas porque no se necesitan pruebas. Porque el poder judicial es una parte importante, y lo sabemos, desde lo que sucedió en Honduras hasta lo que pasó aquí en Brasil. Entonces quisiera que ustedes tengan la seguridad de que pueden contar conmigo.  

La lucha por la democracia no es una lucha eventual, sino que es una lucha de todos los días. Todos los días, todo el día, a todo momento. Cada pedacito de libertad que conquistemos será motivo para que sigamos luchando para conquistar más, porque la única lucha que perdemos es la que no hacemos, es aquella de la que no participamos.

Por eso, mis queridos compañeros que están participando de este PROYECTO BALLENA, quiero decirles que vale la pena que soñemos y luchemos para conquistar la democracia y la soberanía definitivamente para cada país de América Latina y para el conjunto del continente. 

UNA DEMOCRACIA SIN MAYORIAS Y SIN MINORIAS  

Evo Morales, desde Bolivia

¿Vivimos con una idea de democracia importada desde el imperio? ¿Existe una opción latinoamericana? ¿Por qué sufrimos tantos golpes de Estado? La lucha por los recursos naturales en el centro de las disputas. Evo Morales partició de la ceremonia de apertura de PROYECTO BALLENA dedicado a pensar la DEMOCRACIA HOY. Aquí, algunas definiciones para pensar la realidad latinoamericana en el siglo XXI 

Quisiera comentarles cómo era, desde un punto de vista indígena, la democracia de América Latina. Cuando yo era niño, en las organizaciones indígenas originarias, milenarias, no había ni mayorías ni minorías. Cuando hay mayorías y minorías automáticas ya están confrontados los pueblos. En aquel entonces se practicaba la democracia comunal, que es la democracia de consenso, la democracia por unanimidad: en algún evento o los llamados cabildos, algún hermano o hermana planteaba algún tema, se debatía y de consenso se aprobaba. Por tanto, en la comunidad no hay división, porque no hay mayorías ni minorías. Yo sigo convencido de este principio, porque he vivido en la democracia comunal. 

La democracia que tenemos es una democracia de mayorías y minorías importada del occidente hacia nuestra región. Y esto implica una profunda diferencia, es un tema estructural, pero frente a las dictaduras y golpes de estado fuimos obligados a tener gobiernos democráticamente electos. Aquí yo veo esto en mi experiencia más personal, ¿por qué las bases militares?, ¿por qué las intervenciones militares? o ¿por qué los golpes militares? Después de que soportamos el año pasado un golpe militar, estuve reflexionando y llego a la siguiente conclusión: en países donde no hay muchos recursos naturales no hay bases militares, no hay intervenciones ni golpes de estado. La lucha de la humanidad es por los recursos naturales. Los recursos naturales son de pueblos bajo la administración de sus estados o de privados bajo el saqueo de las transnacionales. Cualquier golpe de estado tiene como objetivo controlar los recursos nacionales. 

En nuestra región, en las décadas del ‘50, ‘60, ‘70 la lucha era contra el comunismo; a los movimientos sociales los acusaban de comunistas, tanta campaña contra el comunismo que se llevó a cabo. Pero va pasando el tiempo y luego la lucha es contra el narcotráfico. Ustedes saben que somos en Bolivia productores de coca. Yo  lamento mucho que una parte de la producción sea para el mercado ilegal, pero sí, existe un mercado legal reconocido por las normas bolivianas, inclusive por las normas internacionales. Nosotros dijimos que hay que aportar a la lucha contra el narcotráfico, pero no contra el libre cultivo de coca. Y es ahí donde viene el pretexto de la lucha contra el narcotráfico. 

En Estados Unidos no hay lucha contra el narcotráfico, el término “lucha contra el narcotráfico” es con fines netamente particular, proviene de un interés político o geopolítico. Pasa esa situación y después llega el terrorismo. Lamentablemente para el capitalismo los movimientos sociales somos terroristas. Aquí, entonces, hay un tema de fondo para mí: la lucha por la democracia es importante, claro que sí, pero estamos enfrentados con la estructura de quienes ostentan el poder político y quienes concentran el capital en pocas manos. Esa es nuestra profunda diferencia, y para seguir concentrando el capital en pocas manos se controlan los recursos naturales. El golpe del año pasado a nuestros movimientos sociales, a nuestro movimiento indígena, es un ejemplo. Porque lo que no nos perdonó el imperialismo fue que llegando democráticamente al gobierno hemos nacionalizado y recuperado nuestros recursos naturales. Ese es nuestro pecado y, además de esto, haber demostrado que otra Bolivia es posible sin cuentas del milenio y, fundamentalmente, sin el Fondo Monetario Internacional. 

Ahora me doy cuenta de que el capitalismo no quiere otro modelo económico que sea mejor que el modelo económico sometido al neoliberalismo y por lo tanto al capitalismo. Entonces acá, en Latinoamérica, yo siento que, después de haber tenido años tan importantes con Néstor Kirchner, con Lula, estamos retrocediendo. Porque ahí llega el imperio a recuperar el poder, también de manera democrática, pero con gobiernos de derecha. La derecha al servicio del capitalismo. 

Cuando creamos Unasur, nos cruza, nos enfrenta con la alianza del Pacífico para retomar las políticas del ALCA o el consenso de Washington. Es otra profunda diferencia, y es ideológico y programático, una lucha permanente, pero la democracia no solamente termina para mí el día de la elección, sino que la democracia es todos los días: reuniones permanentes con sectores sociales, con empresarios, con todos, donde se aprueban programas y hasta se gestan nuevas políticas económicas en base a la soberanía e independencia de un estado, pero también, para garantizar la vivienda y libertad de un pueblo, y además de eso buscar la igualdad, cierta igualdad.

Saludo al presidente de Argentina y a todos los hermanos que nos cuidaron y nos ayudaron, que nos salvaron la vida. Quiero decirles que quizás está en nuestras manos recuperar la democracia para los pueblos, no para el imperio. Es otra lucha profunda que tenemos en este momento. Y estamos cerca de tomar o retornar a aquellos tiempos de Kirchner, Lula y Chávez. No estamos tan lejos porque las nuevas generaciones se dan cuenta perfectamente de cómo es vivir con gobiernos de derecha.

Y quiero aprovechar nuevamente este espacio, porque desde acá decidimos con algunos movimientos sociales de Argentina, Ecuador y Perú cómo organizar, estar e impulsar una América plurinacional. En una América plurinacional se combate el racismo, la discriminación y la desigualdad. Otra forma de combatir las injusticias en América sería poder compartir vivencias, experiencias e investigaciones para el bien de América Latina basadas, fundamentalmente, en la democracia. 

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