Calentamiento global: Preguntas y respuestas antes de que llegue el 2030.

Participan: Dra. Carolina Vera, Guadalupe Díaz Costanzo.

Los pronósticos de los niveles de emisiones de gases de efecto invernadero presentan el 2030 como la fecha límite para evitar los graves efectos del cambio climático. Es decir: apenas quedan 11 años para limitar la catástrofe. La evidencia deja en claro que a partir de las actividades humanas, se genera y se intensifica el cambio climático. Por eso el Centro Cultural de la Ciencia se propone a  facilitar el diálogo y extender los conocimientos científicos. ¿Cómo podemos participar más activamente en acciones para mitigar el cambio climático? ¿Qué sucede a escala más individual? ¿Tiene sentido cambiar nuestra forma de consumir en el día a día? ¿Quiénes son los mayores responsables de las emisiones de carbono? ¿Podemos esperar hasta el 2030? 

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GUADALUPE DÍAZ COSTANZO: Quiero empezar a partir del título de esta charla: «Calentamiento global. Preguntas y respuestas antes de que llegue el 2030». ¿Estamos urgidos? ¿hay una emergencia? ¿dónde estamos? ¿podemos esperar hasta el 2030? 

 

CAROLINA VERA: Les quería compartir algunos titulares de conclusiones que, en el Panel Intergubernamental de Cambio Climático, IPCC, hemos publicado a lo largo de estos últimos años. Recuerden que el famoso acuerdo de París se basó en conclusiones de estos reportes, de ahí la relevancia global. Hemos publicado uno en agosto pasado, donde sintetizamos el conocimiento de la física del cambio climático y ahí pudimos confirmar que los cambios climáticos recientes son generalizados, rápidos y cada vez más intensos. Hay evidencias de cambio que son inéditas, sin precedentes en miles de años. Eso es muy fuerte. Cuando empezó el cambio climático, fue allá por los ’80, la parte teórica. Los investigadores empezaron a decir: «ojo, que puede venir». Hoy es una realidad. Te doy un dato: la temperatura está 1.1° por sobre los valores de 1850, a fines del siglo XIX. Es inédito este calentamiento en los últimos 2000 años. La cantidad de concentración de dióxido de carbono en la atmósfera es inédita en los últimos 2 millones de años. 

Por otro lado, estamos en un país donde la mayoría de la gente ya ha asumido el cambio climático, excepto algunas excepciones que no voy a nombrar, porque lo vemos en los eventos extremos. Hoy a la tarde hubo unas tormentas, hubo rayos, cayó un montón de lluvia en un lugar y después se despejó. Eso es una evidencia del cambio climático muy claro, que ahora hay una mayor frecuencia de eventos intensos de lluvia y se ha confirmado que la influencia humana domina en ese cambio y ni qué hablar en las olas de calor. Lamentablemente, otros cambios, como es el aumento del nivel del mar, el derretimiento de los glaciares, son irreversibles en nuestro tiempo de vida, van a llevar miles de años. Aunque frenemos hoy las emisiones de los gases que producen el cambio climático, van a seguir produciéndose el decrecimiento del volumen de los glaciares, el aumento del nivel del mar por, al menos, varios miles de años.

La otra urgencia que tiene que ver con ese 2030 es que el calentamiento global depende no sólo de las emisiones, sino de la acumulación, de cuánto se ha venido acumulando desde el inicio de la era industrial hasta la fecha. También hay que tener en cuenta que el dióxido de carbono, que es el gas dominante de efecto invernadero, persiste en la atmósfera cientos de años. Entonces, aunque nosotros hoy frenemos todas las emisiones, el dióxido de carbono ya acumulado en la atmósfera desde 1850 hasta la fecha, va a continuar produciendo calentamiento. Hoy, como dije, estamos en 1.1°, entonces las evidencias dicen que tenemos que frenar el calentamiento por debajo de los 2° y, preferentemente, por debajo de 1.5°. ¿Por qué esos números?

       No los voy a aburrir dándoles muchísimo más números, pero les puedo contar algunos cambios en la frecuencia de los eventos extremos que se incrementan a medida que el calentamiento global aumenta. Entonces, un evento que antes ocurría una vez en 75 años, hoy es 5 veces más frecuente; en un mundo de 1.5°, 8 veces más frecuente; y en un mundo de 2°, 15 veces más frecuentes. Esos eventos raros que pueden producir desastres, en esos mundos de calentamientos globales de 2°, por ejemplo, serían la moneda frecuente. Es decir, estaríamos más impactados y habría limitaciones para la adaptación. Entonces, nos queda poco por acumular en la atmósfera para no superar el grado y medio. Las proyecciones indican que vamos a llegar en el 2040 al grado y medio, pero si las emisiones se reducen sustancialmente, se mantiene esa reducción de acá al 2030 y llegamos a la neutralidad de las emisiones al 2050, todavía tenemos probabilidades de mantener la temperatura por debajo del grado y medio. Las acciones por eso son urgentes y generalizadas.

 

G.D.C.: Vos hablabas de esta proyección a futuro, de la cual hoy se está hablando, de la temperatura del planeta. Hay algunos gráficos que vi en notas, inclusive periodísticas, donde muchas veces también sos entrevistada, donde los escenarios que se evalúan son diversos, escenarios en los cuales las emisiones son bajas, muy bajas, moderadas o elevadas. Desde tu perspectiva, ¿estamos transitando un camino de emisiones de qué nivel de gravedad? -cuando digo «estamos» después también quiero poner una lupa, ¿quiénes debemos estar haciendo? – ¿Estamos transitando qué niveles de emisiones? 

 

C.V.:  El IPCC sintetiza las publicaciones, la investigación que se hace en todas partes del mundo y la comunidad científica es muy organizada, se definen qué escenarios se van a considerar. Entonces, todas las comunidades, todos los grupos de investigación, utilizan los mismos, vos podés integrar cientos y miles de publicaciones, esto es algo que vale la pena destacar. Esencialmente hay cientos de escenarios, pero se pueden resumir en cinco que son, más o menos, los que vos mencionaste. Actualmente, las evaluaciones muestran que estamos, si realmente se cumplieran los compromisos elevados al Acuerdo de París por los países, para el 2030 y para el 2050 estaríamos en un escenario de emisiones intermedias, es decir que a fines del siglo XXI estaríamos llegando a los 3°. Y hubiéramos llegado a los 4.5° o 5° si no hubiéramos hecho nada. Es decir, ahí miro el vaso medio lleno, pero la urgencia es que estamos bastante por arriba del 1.5 y del 2.

 

G.D.C.: Y ese vaso medio lleno, si entiendo bien, nos pone en una situación en la cual debiéramos ser absolutamente interpelados e interpeladas para la acción, porque entonces la evidencia apunta a que, a partir de las actividades humanas, se genera y se intensifica el cambio climático, también tenemos la oportunidad o la posibilidad de…

 

C.V.: De ser parte de la solución, de frenarlo. Los compromisos que son moderados se requieren que sean más ambiciosos. Ahora miro el vaso medio vacío, también. ¿Cuáles son los problemas? Por un lado, es que estos fueron los compromisos que, desde el 2015 hasta la fecha, los países han elevado del Acuerdo de París, pero por otro lado, los investigadores miramos todo. Entonces, se miran también los planes nacionales de los países: qué van a hacer con su sistema energético, con su producción de hidrocarburos. Y hace poquito salió un informe que se llama «La brecha de producción» que es la diferencia entre lo que se han comprometido los países para hacer y lo que realmente están mostrando sus planes energéticos. Entonces, hoy por hoy, esos planes energéticos que tienen los países no nos están haciendo reducir las emisiones si realmente se cumplieran. Hay una diferencia. Lo que se requiere hoy es que las reducciones sean de alrededor de un 50% y eso significaría más o menos un 5% por año. Para que se den una idea, es lo que se logró reducir en el 2020 por la pandemia. Es muy grande lo que todavía hay por hacer. No queremos que se reduzcan porque se enfría una economía, porque la gente está en sus casas, pero sí da una pauta de la magnitud del desafío. 

 

G.D.C.: Sin duda. Quiero volver ahora al significante que propone Proyecto Ballena en estas jornadas de trabajo, de discusión, de intercambios, porque vos recién mencionabas la transición energética, los distintos sectores involucrados. Y si hay un sector involucrado, insoslayable dentro de esta discusión, es el de la tierra con minúscula, el que nos ubica a nosotros utilizando, trabajando la tierra. La tierra es parte fundamental, de la que a veces nos olvidamos, del sistema climático.

 

C.V.: Es un tema en español, porque tenemos la misma palabra para lo que en inglés es Earth, el nombre de nuestro planeta, por un lado, y land por el otro no. Pero bueno, hablando de Tierra con mayúscula y tierra con minúscula, me das pie para contar algunas cosas. Por un lado, el dióxido de carbono sigue siendo el gas de efecto invernadero dominante en el calentamiento global y que se produce, esencialmente, por la utilización de combustibles fósiles y eso tiene que ver con el sector energético, pero también hay otros gases como el metano. El metano y el óxido nitroso son dos gases de efecto invernadero que, si bien persisten menos en la atmósfera, sobreviven 20 o 30 años, tienen 30 veces mayor poder calorífico que el dióxido de carbono. Entonces, si uno reduce el metano, tiene más efectividad en reducir las emisiones integralmente, que es lo que necesitamos ahora. También hemos evaluado en los reportes que la proporción de gases de efecto invernadero, que es metano, óxido nitroso y dióxido de carbono, producido o emitido por las actividades agropecuarias, el uso de la tierra se dice en general, en el mundo es de alrededor de un 23% del total de las emisiones, frente a un 50% del uso y producción de energía. Pero en Argentina, ese porcentaje se eleva a casi el 40%. Es decir, el 50% de las emisiones de nuestro país están asociadas con la producción y el consumo energético, pero un 39%, casi un 40% está asociado al uso de la tierra. Es por eso que es urgente y necesario, no sólo una transición energética, no sólo transición el transporte, sino transicionar la forma de utilizar la tierra: una agricultura sostenible, la ganadería sostenible, etc. 

 

G.D.C.: Y quizás lo que va de la mano con esos usos de la tierra es la alimentación. En relación a eso quería preguntarte si es un camino posible preguntarnos por un repensar nuestra dieta…

 

C.V.: Se me disparan dos cosas, son varias para decir. Por un lado, es que las causas de las emisiones están relacionadas con nuestra forma de producción y consumo en general, entre los cuales está nuestra alimentación, pero está también toda nuestra forma de vida y eso va a traccionado con la forma de producción. Y por otro lado, también es el modelo social, económico y político que dominan el planeta. Es un planeta con profundas desigualdades sociales, con profunda degradación ambiental. Entonces, la solución al cambio climático no se puede separar de la solución integrada a un desarrollo sostenible, que sea con igualdad social, de balance económico e inclusivo con el ambiente. En ese sentido, las dietas hay que pensarlas de esa manera. Necesitamos todavía producir alimentos y que, a la vez, sean saludables y que puedan cubrir las necesidades de toda la gente de nuestro planeta. En uno de los reportes se evaluaron como siete dietas. No voy a hablar de la seguridad alimentaria, sino que me voy a referir a tu pregunta de lo saludable. Entonces, de esas siete dietas, una era la del veganismo, otra era el vegetarianismo, pero también había otras cinco o seis dietas que incluían carne producida sosteniblemente. Si la producción de alimentos basados en animales está hecha sosteniblemente, ayuda también a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero: una dieta mediterránea, mayor producción y consumo de pescado. Es decir, es posible entonces que haya cobeneficios. A través de dietas saludables, que sean buenas para las personas, amigables con el ambiente y, en particular, que ayuden a reducir el cambio climático.

 

G.D.C.: Te escuché varias veces decir cambio climático y, te había adelantado antes, tengo algunas dudas. Algunos autores a veces sugieren no hablar de cambio climático. Para interpelarnos o para involucrarnos en esta emergencia de la que hablabas al comienzo, sugieren utilizar otra terminología y realmente me gustaría mucho saber tu opinión al respecto. A veces se habla de crisis climática, emergencia climática, en lugar de cambio. ¿Cuál es tu opinión al respecto? 

 

C.V.: Yo soy, por un lado, una investigadora y represento a la comunidad científica. Cuando nosotros planteamos el problema, ese fue el nombre que se le dio porque se lo define por el problema. Es verdad que empezó por la parte física del problema, que después, incorporando las dimensiones sociales, los sistemas naturales, las dimensiones económicas, políticas, se lo ve como una crisis. En ese sentido, me gusta pensar que es un concepto que surgió de la comunidad científica, pero está apropiado para la sociedad en su conjunto. Y ahí yo banco cualquier nombre que le quieran dar. Nosotros no somos quiénes para decir qué nombre es mejor que otro para representar este problema.  Por otro lado pienso que, de nuevo, la crisis climática pone solo el foco en el clima. Entonces, ahí, yo digo: los otros problemas que el cambio climático vino a exacerbar. La crisis socioambiental a mí me representa más, pero estoy abierta, en ese sentido banco cualquier nombre que quieran utilizar, si eso significa que contribuye a acercar la solución de una manera más rápida.

G.D.C.: Pensando en las soluciones y pensando en esta diferencia de escalas de los distintos actores involucrados, los esfuerzos de los Estados, de las naciones, el diálogo internacional, el avance científico que hoy, creo, es de manera colaborativa, ¿qué pasa en la escala más individual? ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo podemos participar más activamente en acciones para mitigar el cambio climático?

 

C.V.: Me gustaría primero empezar con otro aspecto para llegar a ese que tiene que ver con las responsabilidades del problema. Como el problema se planteó en Naciones Unidas y el marco de solución o de acciones colectivas está dentro de Naciones Unidas, hablamos a nivel de países. Hoy por hoy, las investigaciones muestran las responsabilidades históricas porque, como les dije, lo importante es la acumulación. A lo largo de 1850 hasta la fecha cada país ha contribuido al problema en algún momento y de manera diferente. Entonces, está claro que los países desarrollados tienen mayor responsabilidad histórica y de cantidad. Los países en desarrollo venimos después, porque hay algunos países que emiten mucho, pero realmente la Argentina está en un segundo pelotón, no estamos tan lejos. Pensando que hay 195 países, dependiendo de cómo contemos las responsabilidades, estamos en el puesto 14 o 20 de 195, no estamos en el fondo de la lista.

         Pero, por otro lado, si uno dice ¿si me olvido de los países y miro las clases sociales? Y ahí se ve que el 10% más rico de este planeta es responsable, prácticamente, del 80% de las emisiones. Por otro lado, también están las empresas. Uno puede pensarlo de diferentes maneras. Ahí es donde hablamos de las responsabilidades comunes, pero diferenciadas. En ese sentido, las personas traccionamos consumo, formas de producción. Entonces, lo primero para mí es votar bien, porque estamos en un sistema democrático, tenemos ese privilegio en la Argentina, otros países no pueden decir lo mismo. Tenemos que imponer la agenda socioambiental en las agendas políticas, que en la Argentina eso a veces se deja pensando que hay una urgencia, pero sabemos que el cambio climático exacerba los otros problemas urgentes de la Argentina. La otra es repensar nuestra forma de de vivir, porque si pensamos en el transporte, en el consumo de alimentos, en la producción de nuestra ropa, en el uso de la energía. Hay infinitas cosas que uno puede hacer cambiando sus hábitos individuales. Estoy convencida de que colectivamente podemos hacer diferencias, pero con eso no alcanza. Se requiere un arreglo multinivel, desde municipios, gobiernos provinciales, gobiernos nacionales y un arreglo internacional que los países desarrollados hoy financien al mundo en desarrollo para levar adelante este desafío, si no, no se va a lograr.

 

G.D.C.: En función de lo que decís y esos aportes y contribuciones tan desiguales, al menos desde tu percepción, participando ya hace años activamente en el IPCC, ¿los esfuerzos son proporcionales de los países que más aportan y contribuyen al cambio climático en relación a los esfuerzos para mitigarlo? ¿O ves un desbalance?

 

C.V.: Tomemos Europa. Europa tuvo tiempo para contaminar, para hacer experimentos con su desarrollo industrial. Hace poco estaba escuchando qué hacer con el riachuelo y hablaban del Támesis, que podés nadar, y qué sé yo. 100 años atrás era una cloaca. Entonces, en algún momento tuvieron tiempo y recursos para transicionar a formas sostenibles. Con el cambio climático es lo mismo. Quizás, muchos de estos países hoy tienen planes ambiciosos. Pero el tema es que nosotros, los países en desarrollo tienen también responsabilidad de tener planes ambiciosos, pero sin haber tenido ese tiempo para desarrollarse, probar, aprender lecciones. Es por eso que esa urgencia está, quizás, impactando más sobre las espaldas de los países en desarrollo y ni qué hablar de los países menos desarrollados. Sin ese apoyo, como decía, no se va a lograr. Y entonces, en esta reunión de Glasgow que empieza ahora, uno de los grandes temas es ese financiamiento.

 

G.D.C.: En relación a los impactos, quería preguntarte. Los impactos son en todo el planeta. Sin embargo, además de los eventos extremos, cada vez más severos y más frecuentes, ¿hay algún otro impacto que sea específico dentro de la región, en América del sur, y en la Argentina en particular? 

 

C.V.: El sur de Sudamérica comparte con el planeta el aumento gradual de la temperatura y, en particular, esa tendencia se ve en la temperatura mínima que tiene una tendencia muy marcada y esto se nota más en el verano. Ya no refresca más a la noche, esta cosa de que en la Argentina cada vez encontramos menos lugares donde realmente refresca la noche. Ahí hay una evidencia muy clara. Pero también, el aumento de la temperatura hace que en proyecciones de un mundo de 2°, 3° el noroeste argentino puede llegar a tener temperaturas que no condicen con las personas ni con algunos sistemas naturales. Esto que a veces vemos en Arabia Saudita, esas temperaturas increíbles, ahora cada vez escuchamos más en el noroeste argentino ese tipo de eventos. El tema de las temperaturas asociado a las olas de calor extremas es muy generalizado. Pero después, cambia dependiendo de la región. 

Otro gran tema que creo que es importante es el retroceso de los glaciares. En la zona de Cuyo, en el norte de la Patagonia, está en juego la disponibilidad de agua de todas esas zonas donde se alimenta el agua potable de los deshielos de la nieve que cayó en el invierno y que hoy no está cayendo. Por otro lado, en el este del país hay una enorme variabilidad, pero hay una tendencia también, a pesar de que estamos en una gran sequía, a eventos extremos de lluvias e inundaciones. Entonces, dependiendo de la región del país, las señales son diferentes y hay que prestarles atención para adaptarnos, porque esto no se frena de un día para el otro. 

 

G.D.C.: El sociólogo Bruno Latour, que es el autor del libro que tengo ahora apoyado en la mesa, Cara a cara con el planeta, menciona un término que dice que existen los «climatoquietistas», aquellas personas que están indiferentes, esperando quietos y quietas a que la cosa se acomode y se solucione. Lo menciona en todas las reflexiones que hace, esta idea de pensar que hay algo que tiene que ver con el clima y que puede haber personas que no se sienten interpeladas por el cambio climático. ¿Cuál es tu percepción en relación a las personas involucradas, hoy por hoy en Argentina, en relación al cambio climático? ¿Todavía hay de estos climatoquietistas esperando que la solución provenga del más allá, solamente con el paso del tiempo? ¿Qué podríamos llegar a hacer para involucrarnos? Porque hay algo del involucrarse más activamente que me parece que tenemos que seguir trabajando. 

 

C.V.: Yo creo que hay una diversidad de percepciones con respecto al cambio climático. Hay investigadores de las Ciencias Sociales que también pueden dar cátedra sobre esto. Hay algo que es importante tener en cuenta, que es que la mayor parte de la población de nuestro país vive en zonas urbanas, donde estamos alejados de lo que es los cambios en el tiempo, en el clima. Yo trabajo mucho en el Chaco, en una zona llamada Departamento Bermejo. Tenemos un proyecto de coproducción de conocimiento climático para productores de agricultura familiar y las comunidades indígenas. Y yo tengo que ir a explicarles nada de cómo se comporta el clima, de cuáles son los cambios evidenciados. Ellos están preocupados por eso, porque están expuestos de una manera muy directa y las personas que vivimos en las ciudades estamos aisladas de eso. Entonces hay un poco de eso, de ese aislamiento. De todas maneras, creo que el problema de la Argentina es no considerar el problema de cambio climático al mismo nivel que los otros grandes problemas. Como dije antes, el cambio climático exacerba los otros problemas. Un impacto no es sólo la amenaza climática, sino que el impacto es una combinación con condiciones de vulnerabilidad y exposición. Entonces, ante una misma amenaza climática, son más impactados los sectores más vulnerables, los sectores que están más expuestos. Esa percepción del riesgo es urgente que se dé, que se internalice y que actuemos en consecuencia.

 

G.D.C.: ¿Creés que estamos cerca de que el tema socioambiental entre?

 

C.V.: Ya entró. Gracias a los movimientos ambientalistas, en particular a les jóvenes en el mundo, porque nosotros, desde que aparecieron con mucha más fuerza, con masividad, las movilizaciones y las acciones climáticas por parte de jóvenes del mundo entero y, en especial de Argentina, el tema llegó a la agenda. Llegan de una manera que nosotros como investigadores no podíamos llegar. Eso hace que hoy no se pueda evitar hablar del tema, considerarlo. Para mí ya hubo una bisagra, eso ya se logró, el tema es la velocidad con la cual se van a lograr los cambios. 

 

G.D.C.: Ya estamos viviendo esta transformación cultural en la cual podamos repensar nuestros modos de producción y consumo, creo que parte también de estos diálogos, de estas oportunidades, hoy por hoy, sin ir más lejos, en el Centro Cultural Kirchner, es parte de esto que mencionás. 

 

PREGUNTA DEL PÚBLICO: (…)

C.V.: El cambio climático es producto, por ejemplo, de la actividad agropecuaria, pero a su vez la actividad agropecuaria está degradando el suelo, está degradando la calidad del agua, la calidad de los suelos mismos y el cambio climático vino a exacerbar eso. Las soluciones, como dije, tienen que estar integradas. El tema de la deforestación, no hay duda de que un manejo territorial -nuestra famosa ley de bosques- de dónde conservar nuestros bosques, dónde conservar nuestros pastizales, dónde manejarlo sustentablemente es un desafío que necesitamos intensificar a nivel de todas las provincias del país, porque también la Argentina tiene un potencial enorme con el manejo de pastizales y de bosques, de conservar biodiversidad, de conservar suelos, conservar agua, a la vez de capturar carbono. Pero eso se tiene que hacer de una manera pensada, planificada con la ciencia, porque todavía tenemos que seguir produciendo alimentos. Entonces, de alguna manera, eso se pone sobre una mesa y se piensa. 

Me había olvidado de hablar de los incendios, así que te agradezco, porque una de las conclusiones también es que el cambio climático vino a exacerbar, a intensificar, el ambiente favorable para incendios. Estamos hablando de esas condiciones que tienen que ver con altas temperaturas, vientos, condiciones de sequedad que, luego, ya sea por acción humana o espontánea, se producen incendios. Está claro que hay una tendencia de incremento de los incendios en zonas semiáridas del planeta y que hay una influencia humana en el cambio climático asociado a eso. 

Una mención con el tema de la minería. Nosotros decimos que necesitamos transición energética, es decir, usar menos producción de hidrocarburos, pasar a energías renovables. Pero las energías renovables, tanto su producción como su transporte, requiere de minerales. Nosotros tenemos que poder tener en este país una minería producida de forma sostenible y una minería nacional. Y a mí, personalmente, me preocupa el condenar la minería en toda su totalidad, porque nos debemos esa discusión honesta de cómo tener un desarrollo nacional inclusivo y de qué tipo de minerales, que tengamos determinados minerales, que no los necesitemos y que su producción tenga un impacto ambiental, habría que decidir qué minerales producir y cuáles no, pero es necesaria esa discusión abierta que lamentablemente no se está dando. 

 

PREGUNTA DEL PÚBLICO: (…)

C.V.: De nuevo, se requiere una discusión sobre cuál es el sistema de producción de alimentos que nos garantice la seguridad alimentaria y que garantice también la seguridad alimentaria del planeta, porque hay una realidad: no todos los países son productores de las materias primas para los alimentos. Algo que es fundamental, en lo cual estamos trabajando en el Ministerio de Ciencia y Tecnología, es la producción de alimentos saludables y que sean efectivos en la acción climática: estamos hablando de lo que son ciclos cortos, que nos alimentemos de alimentos que son producidos en la cercanía, la famosa producción de territorios periurbanos. Eso en Europa se lo ve como una innovación, esto de las huertas en la ciudad, y nosotros tenemos eso en nuestros cinturones frutihortícolas, pero los productores están en condiciones muy precarias, tienen que alquilar muchas veces la tierra, tienen que usar agroquímicos porque ellos tienen que garantizar esa producción que les garantice poder pagar el alquiler, poder vivir. Entonces, tenemos que tener una discusión profunda de esos sistemas de producción que necesitamos, que pueden ser extensivos, pueden darles mucho trabajo a pequeños productores a la vez de ser saludables para nuestra dieta. Desde el Ministerio, estoy coordinando el programa para la transición sostenible, que trata de utilizar las capacidades del sistema científico-tecnológico para ponerlas al servicio de los grandes problemas. Por un lado, comenzamos un inventario de agroquímicos, de contenido de químicos en el ambiente, porque hay un montón de trabajos hechos en forma fragmentada en distintos lugares del país, pero no tenemos un mapa de donde realmente tenemos los grandes problemas. Eso ya lo empezamos, en este verano vamos a salir en cuatro provincias, con más de 17 instituciones, donde realmente se va a ver en qué situación estamos.

        En paralelo, estamos tratando de promover opciones para evitar el uso de agroquímicos. Lamentablemente, hay un gran tema que todavía no tiene resolución directa y que es el herbicida. Vos, para producir alimentos, necesitás que las plantas crezcan de una manera saludable y las malezas lo impiden. Si vos tenés media hectárea, vos te podés agachar y sacar esas hierbas a mano, pero para hacerlo en las extensiones medianas y grandes que necesitamos, todavía no hay alternativas. Estamos todavía en etapa de experimentación. Tenemos que ir para ese lado, pero no se puede de un día para el otro decir no usemos más agroquímicos, sino usarlo de una manera óptima, ver que no se usen en una manera excesiva e ir transicionando y encontrando esas opciones. Las opciones a los herbicidas todavía son limitadas, dependen de la producción, depende de la región. Por eso la palabra fundamental es la transición. Van a convivir métodos que están hoy y que tienen que dejar de utilizarse y, en paralelo, generar los nuevos. Nosotros trabajamos con Eduardo en la elaboración de la ley de promoción de la agroecología, que ya está presentada en el Congreso, así que trabajamos con él muy cercanamente. Pero es un desafío la extensión de estas prácticas y que permitan la seguridad alimentaria.

 

PREGUNTA DEL PÚBLICO: (…)

C.V.: El panel IPCC es un panel intergubernamental de cambio climático. Es decir, por un lado, el panel es como una asamblea de Naciones Unidas, donde están los gobiernos representados, y por otro lado, tenés la comunidad científica representada en el buró, que es una especie de Comité Ejecutivo, que dura todo un ciclo. Yo formo parte de ese buró actualmente. El ciclo dura unos siete años, del 2015 hasta el 2022. Y la elaboración de estos reportes surge de un diálogo entre los gobiernos y la ciencia, y es único eso. Es importante destacarlo.  ¿Cómo se elabora un reporte? Si es un reporte general, como el de evaluación de las partes físicas, lo que hacemos es presentarle al panel una propuesta de contenido, eso se aprueba por el panel y luego se empieza la elaboración. Para la elaboración seleccionamos autores del mundo entero. Entonces se nominan investigadores del mundo entero, se seleccionan por parte del buró y se comienza la redacción evaluando la literatura disponible para cada tema. Con eso se hace un primer borrador que es puesto a revisión por la comunidad científica. La comunidad científica eleva comentarios y se nutre un segundo borrador. Ese segundo borrador es enviado a revisión de la comunidad científica y de los gobiernos. Después del segundo borrador con esos comentarios, se hace el borrador final y, en paralelo, en la última versión del informe, se elabora un resumen para tomadores de decisión, que es una síntesis que tiene no más de 20 o 30 páginas. Ese resumen se presenta en una asamblea del panel y se discute palabra por palabra. Ese es un diálogo increíble en el cual nosotros, como investigadores, tenemos que defender lo que ponemos, pero al mismo tiempo, yo he notado que a través de los comentarios de los gobiernos muchas veces se mejora la expresión. Cómo comunicamos esas conclusiones, porque los científicos tenemos jerga, tenemos cosas que entendemos sólo nosotros y los gobiernos y los tomadores de decisión son los que van a tener que usar ese contenido. 

 

         Yo defiendo ese diálogo de ciencia y política que es único del IPCC. La ciencia, muchas veces, se dice que es objetiva, pero la ciencia no puede ser objetiva. La ciencia es una construcción social. Los investigadores, como cualquier persona, cuando vamos a escribir un artículo o algo ponemos de nuestra posición personal. Es por eso que se necesitan cientos de autores, se necesita que se evalúe toda la literatura, se necesita que toda esa información esté pública y transparente, pero esa información se hace pública una vez que se aprobó el reporte. 

En el último reporte que publicamos en agosto hubo 78,000 comentarios y eso habla, entonces, de que no es un documento de un grupo pequeño, sino que hubo miles de personas involucradas opinando, pero como les decía esos borradores y esos comentarios se hacen públicos una vez que se aprobó el reporte. La BBC filtró uno de estos documentos, de un reporte que se va a aprobar el año que viene y, encima, consideraba esos comentarios como lobby. La verdad es que bastardeó el proceso, no aporta, es desinformación comunicar pedazos de documentos que están en proceso de elaboración, porque todos esos comentarios y respuestas, una vez que se publica el informe, van a estar todos en la web, pero hay que respetar el proceso. Siempre hay errores. Muchas veces los comentarios tienen que ver con errores, tienen que ver con artículos que los autores no conocían, entonces te dicen: «ojo, hay otro artículo que dice esto» y bienvenido sea. Nosotros hablamos de la trazabilidad. Suponete que decimos que se han incrementado las olas de calor en un 20%, suponete, estoy inventando. Atrás de eso, hay una planilla donde están documentados qué artículos se utilizaron para decir eso. Puede ser que falte algún artículo, puede ser que se haya integrado mal, no somos perfectos. Es posible que los comentarios sean constructivos, que puede haber comentarios destructivos o mal intencionados seguro, porque son personas, pero los investigadores tienen todo el derecho para decir: «acepto un comentario, te aclaro o lo rechazo porque no es procedente» y eso lo pueden ver en estas planillas que les digo.

 

G.D.C.: Quería entonces preguntarte, de los 78,000 comentarios esta nota toma algunos.

 

C.V.: Los 78,000 son de otro reporte, pero va a haber un número equivalente. Encima eso, tomaron algunos de algunos países. Quién es la BBC para nombrar Argentina, Brasil, Australia. A mí me resultó llamativo, pero el IPCC no me permite hablar de estas cosas.

 

PREGUNTA DEL PÚBLICO: (…)

C.V.: La temperatura media global que uno va diciendo puede ser instantánea, la de un año, pero también puede ser la representativa de una década. Entonces, atrás de cada uno de esos números hay una lógica y, muchas veces, cuando se comunica, esa lógica se pierde. Entonces, no comparar los valores que dan los informes del IPCC con los de la Organización Meteorológica Mundial, porque no son lo mismo. En el informe de IPCC está muy claro y en los informes de la OMM también, que lo saca una vez al año y que, junta lo del IPCC, junta con observaciones del clima. Es una manera en que el sistema en que estamos involucrados de comunidad científica, académica, técnica, climática, dan información más periódica, pero es distinta. Ustedes tienen que ver: ese 1.1° ¿con respecto a qué promedio? ¿con respecto a qué valor de referencia? Entonces, ahí van a encontrar esas diferencias.

 

G.D.C.: Me parece que fue clarísimo y, por otra parte, es importantísimo dar a conocer cómo se trabaja en el IPCC y, teniéndote a vos como vicepresidenta de ese grupo, conocer un poco esa cocina que a veces uno llega a las notas una vez que el reporte ya salió y no se hace foco necesariamente en esos modos de trabajo. 

 

PREGUNTA DEL PÚBLICO: (…)

C.V.: Yo soy climatóloga, no soy glacióloga. Pero en este reporte que aprobamos en agosto, se hace mención a la irreversibilidad que mencioné antes. No nombramos como puntos de no retorno, porque no es verdad. Porque se va a retornar, se va a retornar en miles de años, ese es el problema, nosotros no lo vamos a ver. Pero sí, está esa conclusión: tanto de la disminución del volumen de los glaciares, como la pérdida de permafrost, no van a poder este revertirse en, al menos, mil años. Los modelos matemáticos que se llaman Earth System Model, los modelos del sistema tierra, son como un consorcio de modelos que están acoplados entre sí. Históricamente se empezó con la atmósfera, entonces se resuelven las ecuaciones que rigen la atmósfera y ese es el modelo atmosférico. Después tenemos el oceánico, está toda la dinámica de los océanos. Y están acoplados entre sí. Tenés los modelos de hielo, entonces ellos simulan matemáticamente glaciares, barreras de hielo, toda la interacción de lo que ocurre entre el hielo, la nieve, la tierra y la atmósfera. Y después tenés los modelos de vegetación, qué pasa en el suelo, qué pasa con los ríos.

 

PREGUNTA DEL PÚBLICO: (…)

C.V.: Antes que nada, yo soy climatóloga, es decir, vengo de la física del clima, entonces trabajo en forma interdisciplinaria con antropólogas, antropólogos, sociólogas, sociólogos y es verdad que los paradigmas de construcción de conocimiento han ido cambiando. No es lo mismo la forma en que nosotros construimos conocimiento del siglo XIX hasta la fecha. En ese sentido, vale la pena rescatar que los informes del IPCC, en este ciclo que comenzó en 2015, tienen de manera inédita información, conocimiento, que viene del conocimiento local de comunidades indígenas, reconociendo que hay otras formas de saberes, pueden no ser para la física del glaciar, pero sí para poder entender la vinculación de los sistemas sociales, naturales, con esos ambientes físicos y su manejo. Eso se va a ver mucho en el reporte que se va a aprobar en febrero sobre impacto y adaptación al cambio climático.  

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