Bruno Latour, el incomodador

Pensador audaz, polémico, iconoclasta, Bruno Latour es heredero de la tradición filosófica  francesa, y un avezado lector de la historia de la ciencia, la epistemología crítica y la antropología clásica; en sus últimos trabajos también se ha interesado en la teología, en la ecología y la catástrofe ambiental. En ocasiones, ciertas reducciones banales lo estigmatizan como anticientífico o posmoderno; es comprensible: Latour genera incomodidad. 

Por Alejandra Rocca

Por momentos su sarcasmo es ofensivo y ocasiona una profunda molestia en el corazón de nuestra cosmovisión “moderna”, donde la ciencia es pura descripción objetiva, inapelable y certera del mundo y sus mecanismos. Inspirado en la antropología clásica, Latour llevó a cabo su primera etnografía de laboratorio, explorando la vida cotidiana y las interacciones de los científicos para desmantelar y examinar la “caja negra” de la producción y validación del conocimiento. Adentrado en el laboratorio, en tanto espacio icónico donde se “producen” verdades y certezas, protegidas por la “neutralidad” científica, Latour nos habla básicamente de poder, negociación, representaciones y construcción política. Sin embargo, ha debatido con el posmodernismo a partir de considerar que la ciencia no es “puro discurso” invitándonos a reconstruir las tramas e inscripciones de las bases materiales del conocimiento científico.

En estas exploraciones y reconstrucciones de los caminos de la producción de conocimiento, Latour arremete contra las categorías de pensamiento centrales que han brindado soporte a la ciencia y la tecnología. Con la aparente simplicidad de un antropólogo examinando y caracterizando una cultura lejana, nos expone ante el abismo ontológico más preciado e internalizado de la modernidad: la distinción entre naturaleza-cultura o naturaleza-artificio. Latour elabora una rigurosa historia de lo que llamará la “constitución” moderna y los “pactos” que derivaron en los dualismos ontológicos modernos, entre ellos:  naturaleza-cultura, objeto-sujeto, las palabras y las cosas, humanos-no humanos, ciencias duras-blandas, entre otros. Latour introduce una figura ominosa, también incómoda: los híbridos, como el cyborg de Haraway, pero extendidos hacia el infinito y dinámico ensamble de la “red sin costuras” (seamless web) de la sociedad-naturaleza-tecnología-conocimiento. Los híbridos lo son (somos) todo en realidad. 

A primera vista, pareciera que la tecnología “real” estuviese desprovista de otras dimensiones que no sean materialidad, eficiencia, usos, compatibilidades, entre otros aspectos funcionales; sin embargo, los artefactos (en la perspectiva latouriana) reúnen, condensan y recrean una red de significados poderosos, como muy bien lo sabían los antropólogos que describían meticulosamente los mundos salvajes y nos instruían sobre los detalles de la construcción y los usos de una canoa, un granero o un objeto mágico. 

Desde esta mirada “contractualista” se desdibujan las fronteras entre las disciplinas y subdisciplinas, las mismas han ido construyendo su legitimidad en movimientos y desplazamientos de autoridad para intervenir y ‘representar’ legítimamente a la naturaleza. El recurso análitico de la reducción y segmentación de los fenómenos o de un problema en disciplinas resulta una convención que deriva de un pacto político. En este sentido la noción de simetría para comprender la producción de conocimiento propondrá un examen donde la jerarquía del conocimiento científico es el producto de pactos sucesivos que actualizan ajustes y nuevos escenarios.

Estos recorridos proponen herramientas para pensar, situar y examinar de manera crítica dogmas naturalizados que limitan nuestra capacidad de transformación política. En el fondo Latour nos presenta una antropología de occidente y nos permite salir de las categorías establecidas, nos interroga respecto de nuestro quehacer en el mundo ante la crisis ecológica a partir del encuentro y la construcción de acuerdos con otras cosmologías, que tomen en cuenta las diversidades que caracterizan a nuestro mundo (humanos y no humanos). En este sentido interpela la producción de datos científicos bajo el Nuevo Régimen Climático: “describir es no solo informar, es alarmar, es conmover,  es poner en movimiento”.

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