Boaventura de Sousa Santos

Izquierdas del mundo, ¡Únanse!

Boaventura de Sousa Santos, una de las personalidades de las ciencias sociales más relevantes de los últimos tiempos, referente del pensamiento crítico y emancipador actual presenta su libro, Izquierdas del mundo, ¡Únanse! junto al Ministro de Educación Nicolás Trotta y la Secretaria General de CLACSO Karina Batthyány. Entrevista: Bernarda Llorente, Presidenta de la Agencia Nacional de noticias TELAM.


BIOGRAFÍA

Boaventura de Sousa Santos
Doctor en Sociología del derecho por la Universidad de Yale y profesor catedrático de Sociología en la Universidad de Coímbra. Es director del Centro de Estudios Sociales y del Centro de Documentación 25 de Abril de esa misma universidad; además, profesor distinguido del Institute for Legal Studies de la Universidad de Wisconsin-Madison. Su trayectoria reciente está marcada por la cercanía con los movimientos organizadores del Foro Social Mundial y por su participación como coordinador en la elaboración de una obra colectiva de investigación denominada «Reinventar la Emancipación Social: Para Nuevos Manifiestos».


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Boaventura de Sousa Santos es uno de los más importantes pensadores de las ciencias sociales y las humanidades a nivel mundial.  Desde Portugal participó de una mesa organizada por CLACSO en el marco de PROYECTO BALLENA donde presentó su libro “Izquierdas del mundo, ¡únanse! Y otros ensayos”. “Izquierda significa el conjunto de teorías y prácticas transformadoras que, a lo largo de los últimos ciento cincuenta años, han resistido a la expansión del capitalismo y al tipo de relaciones económicas, sociales, políticas y culturales que genera, y que surgieron con la convicción de que puede existir un futuro poscapitalista, una sociedad alternativa, más justa por estar orientada a la satisfacción de las necesidades reales de los pueblos, y más libre, por estar centrada en la realización de las condiciones del efectivo ejercicio de la libertad”. En esta conversación con Bernarda Llorente, Nicolás Trotta y Karina Batthyány, nos encontramos con un diagnóstico de la situación actual y una esperanza. 

Democracias de baja intensidad: el avance de la derecha

La pandemia ha dejado clara una serie de dilemas y vulnerabilidades en nuestras sociedades. Y nos ha dado, también, algunas oportunidades para pensar en la fragilidad de las instituciones. Pero sabemos que esta pandemia ocurrió dentro de otra pandemia: la del neoliberalismo, la pandemia de la que no hay alternativa, la pandemia de la desigualdad trivializada y banalizada, el horror de la violencia, de las guerras, del narcotráfico, de la corrupción del poder completamente naturalizados de antidemócratas que ocupan el lugar de democracia como vemos desde Trump a Bolsonaro y también en Bolivia y en Ecuador, de alguna manera. 

¿Cómo es posible cambiar estas que yo llamo “democracias de baja intensidad” por democracias intensas? Yo diría que con menos colonialismo y menos patriarcado. Vivimos un período en el que sabemos que, menos capitalismo, menos racismo, y menos heteropatriarcado y sexismo en nuestra sociedad, ayudaría bastante a tener más democracia. Después, hay cosas más estrechas o conectadas con el modelo político que tiene que ver con el régimen democrático. Y aquí aparece, por un la lado, un revisitar de las constituciones. 

Todavía, en algunos países, buscamos que se defienda la constitución, y en otros se busca una nueva constitución (el caso de Chile, el caso de Guatemala). Las constituciones que se buscan son constituciones que permitan que la política, la democracia, no sea ocupada, que no sea robada por los intereses económicos, por el crimen organizado, con este estado profundo en donde hay una promiscuidad con los elementos criminales, como pasa, por ejemplo, en Colombia. 

En todo el mundo, no solamente en Europa o América latina, lo primero, me parece, es que hay un avance muy grande de las fuerzas de extrema derecha y de derecha. Nosotros tenemos hoy una internacionalidad de derecha, fascista, que está intentando controlar todas las comunicaciones, las redes sociales, los partidos políticos de los gobiernos. Yo, por ejemplo, en este libro que termine ahora, El futuro comienza ahora. De la pandemia a la utopía, hablo, por ejemplo, de una noticia falsa que mató a 800 personas en el mundo. Esta noticia vino de centros de derecha que estaban intentando producir noticias falsas sobre la pandemia y que, luego, mucha gente que no es de derecha ni de extrema derecha las acepta. Con esta idea de que, si tú bebes alcohol puro o muy fuerte, matas el virus, 800 personas murieron. Yo lo documento con un estudio que viene de los Estados Unidos, de una revista famosa de enfermedades tropicales. Un rumor que realmente ha matado gente. Eso es parte de un modelo de desestabilización que está por todas partes en este momento y que, ahora, está un poquito más dividido después de la segunda ola, porque es mucho menos homogéneo.  Hay gente de extrema izquierda que está en contra de las mascarillas, en contra de las vacunas. Hay aquí un momento de confusión peligroso a mi juicio. Pero lo que es nuevo para mí es que, a pesar de todos los desastres de derecha y extrema derecha en lidiar con la pandemia y proteger la vida, no están perdiendo tanta popularidad como podríamos imaginar. Trump a pesar de este desastre global que ha creado con este manejo completamente grotesco de la pandemia, terminó con más de 40 millones de votos. Es realmente impresionante cómo la extrema derecha logró manejarlo. Entonces, yo pienso que esa es una tarea para las izquierdas: las derechas y extremas derechas están avanzando, están intentando destruir la democracia y las Izquierdas tienen que despertar antes de que sea demasiado tarde. 

Nueva energía: más democracia participativa

Lo que ha quedado claro con todo lo que ha pasado antes de la pandemia y luego de ella, es que los partidos, incluidos los partidos de izquierda, no han dado cuenta de que la gente está muy divorciada de la política convencional. Y por eso, lo que queda en evidencia es que necesitamos dar una nueva energía a la democracia representativa con democracia participativa. 

Yo he visto y participado desde lejos en todo lo que está pasando en la Argentina, vi los esfuerzo que el gobierno hizo. Estuve en contacto con una de las villas de Buenos Aires, y he visto cómo este gobierno, algo que sería impensado en el gobierno de Macri, realiza intentos de llegar a la villa Zabaleta sin pasar por las intermediaciones partidarias, intentar aproximaciones más grandes con los movimientos sociales y organizaciones populares. 

Esto es un embrión de lo que debería ser una democracia participativa, de una democracia de proximidad. Porque realmente, en nuestro continente, en América Latina sobre todo, la práctica de proximidad es hoy en día producida por los pastores evangélicos, neo pentecostales de derecha, porque los partidos políticos a veces no saben cómo hablar con la gente que está en la periferia, en las barriadas. Entonces, hablar de nuevo, oír, escuchar, es eso lo que necesitamos.  Ustedes en Argentina han buscado, de alguna manera, con los movimientos sociales,  un cambio. Esos cambios se pueden ver ahora, por ejemplo, en Perú: porque fue la calle la que cambió las cosas en Perú con una nueva generación que no estaba conectada con los partidos políticos. Miren cómo los movimientos sociales inventan cosas democráticas. Perú va a cumplir 200 años de la independencia en 2021 y esta generación del bicentenario ha logrado con mucha novedad, en protesta de calles, el intento de rectificar un acto golpista e intentar abrir el camino para la democracia. Estos son los medios por donde veo, tanto dentro como fuera de las instituciones, que se está realizando la reconstrucción democrática que, además, a mi juicio es urgente.

Lo que nosotros notamos es que los movimientos, las organizaciones distintas, sienten mucho más fácilmente la necesidad y la posibilidad de adhesión que los partidos de izquierda. Y habría que analizar por qué, pero a mí lo que me interesa ahora es que realmente en esta fase en que nosotros vemos muy claramente que cuando hay alguna unidad las cosas cambian, y las izquierdas, los gobiernos de cambio logran ganar un poder, que siempre es un poder muy frágil. 

Ustedes lo ven en Argentina y lo hemos visto en otros lugares, porque cuando la derecha gana las elecciones, simplemente suma el poder político al poder económico, al poder mediático y al poder social que tiene. Las izquierdas normalmente, cuando ganan las elecciones, ganan el poder político, pero no logran de inmediato el poder social, o el poder económico, mucho menos el poder mediático en algunos países. Y por eso, son siempre ganancias que tienen alguna fragilidad. ¿Cómo se puede combatir eso? Realmente, como lo he propuesto, con propuestas de unidades pragmáticas, es decir, limitadas pero eficaces. Nosotros no podemos cambiar, por ahora, todas las diferentes familias de izquierda, porque es una historia muy larga de divisiones, de dogmatismos, de sectarismos que no se pueden cambiar de un día para el otro. Pero se puede sí, intentar ver, entre muchas cosas que nos dividen, las cosas que nos unen. Si realmente pensamos que lo que nos une es suficiente como para poder organizar un programa político, o un programa de cambio, entonces vamos a seguir adelante con eso. Claro que los países son muy distintos en esto. Lo que vemos siempre es que, cuando hay alguna posibilidad de unión, las cosas prosperan un poquito más para las clases populares, para los que necesitan más del estado, para los que necesitan más de la política pública social, de educación, salud, etc. 

Ahora mismo habíamos visto cómo en Brasil, por ejemplo, las izquierdas se unieron y ganaron las elecciones municipales. Si se unieron antes mucho más, si se unieron tarde ya no ganaron, tuvieron un voto muy fuerte, pero no ganaron. O sea, se puede imaginar que, a través de articulaciones, se puede obviamente permitir que los gobiernes avancen. Por ejemplo, cuando miramos a Bolivia, es otra cosa. 

Yo pienso que las izquierdas latinoamericanas no han entendido nunca lo que pasa en Bolivia, el único país donde tenemos una mayoría indígena. Porque realmente aquí tú tienes una dinámica muy interesante entre el partido del MAS y los movimientos sociales, las organizaciones sociales. La relación es un poquito más horizontal entre partido y movimientos sociales. Y los cambios que hubo, y que mucha gente no ha visto porque no se ha notado mucho, yo he acompañado un poquito. Puede haber ahora una tensión cuando Evo regrese, es una alegría para todos nosotros, todos los demócratas del continente estamos muy agradecidos con Argentina por haber permitido que Evo y Álvaro García Linera se quedarán ahí protegidos hasta poder entrar. Pero ahí se ve otra dinámica entre movimientos sociales. 

Izquierdas unidas: es posible

Estuve siguiendo las elecciones en Bolivia. Y cuando habla Segundina Flores, ejecutiva de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas, la mujer feminista de Bartolina Sisa, aparece otra forma de hablar, no es la misma cosa de siempre, es otra manera de estar en la política. Cuando miras y escuchas con mucha atención el discurso de la ministra sobre la cultura de la descolonización y de la despatriarcaliazción de Bolivia, es notable, es otro discurso, es otra forma de conectarse con las necesidades de la gente, con las aspiraciones populares. Por eso, me parece que es posible y que, además, hay una oportunidad para las izquierdas en este momento. ¿Por qué? Primero, porque se ha visto que los gobiernos de derecha y extrema derecha son los peores para proteger la vida, independientemente del nivel de desarrollo. De Inglaterra a Estados Unidos, a Brasil o a India, se ve que cuanto más de derecha es el gobierno, ponen la economía por encima de la vida y, después, no protegen la vida ni la economía. La economía de los Estados Unidos es un desastre en este momento, en Brasil es lo que sabemos, India lo mismo. Entonces, me parece que realmente esta oportunidad es para que, quizás, los gobiernos de izquierda por lo menos sean tomados en serio. Lo hemos visto aquí en Europa, por ejemplo, en mi país que tiene un gobierno de centro izquierda, y en España que no sucedió porque, yo pienso, fueron sorprendidos por la pandemia que llegó más rápido a España que a Portugal. No es porque los portugueses sean mejores que los españoles en esto, pero llegó un poco más tarde y nos preparamos mejor. Pero se nota en España, con todas las dificultades, con una extrema derecha muy agresiva, cómo el gobierno del SOY y de Unidos Podemos, logra intentar manejar la situación difícil. La unidad sin perder la identidad. Aquí, en Portugal, no se puede decir que un comunista es igual a un socialista, no, son distintos, pero están de acuerdo. 

Este libro que presentamos hoy es un grito de alerta que intenta decir: “por favor, miren bien porque ustedes están pensando que la democracia es irreversible y que es para siempre, y no es así.”  Vemos cómo la democracia se está descaracterizando y no solamente en América latina. Se puede ver en Hungría, en Polonia. Entonces, el segundo factor para una nueva unidad es que solamente las izquierdas pueden empezar a pensar un nuevo modelo civilizatorio. La derecha piensa el presente porque, como ya tiene el poder social y económico, quiere el poder político de corto plazo. Después se va porque tiene algunas figuras muy incompetentes como Macri, pero va a intentar volver, no piensa el futuro. Las izquierdas tienen esta tarea muy complicada. Tienen que pensar el presente, porque la gente tiene que ver sus vidas protegidas, hay que tener mucho realismo y las alianzas de compromiso, de negociación, son para proteger la vida ahora, pero al mismo tiempo, las izquierdas tienen que pensar un modelo civilizatorio. Ahí fue donde fracasamos en los gobiernos populares de la primera década, porque no se pudo pensar un nuevo modelo no extractivista, con una economía más diversificada con estos lazos y estas unidades continentales, sin el imperialismo gringo, más fuertes que no se lograron fortalecer. Brasil tenía la idea de que quería conectarse como una potencia del mundo y ahora es un siervo de los Estados Unidos con Trump.

Entonces, me parece que este modelo civilizatorio, bienes públicos, cosas que vienen de nuestros movimientos, pero que nosotros nunca vemos integrado a los partidos. Por ejemplo, soberanía alimentaria, soberanía industrial, otra relación entre ciudad y campo, los bienes públicos como agua y las vacunas, porque la distribución del agua está siendo privatizada en todo el continente. O sea, hay aquí todo un cambio. Miren, yo estoy en mi pueblo porque el campo me protege mejor que la ciudad. ¿Por qué? ¿Por qué si la ciudad es el progreso y el campo es el retraso, ahora me protege mejor el campo? Tendremos que pensar de nuevo que el campo no es retraso y la ciudad no es progreso. Hay dos maneras de vivir, el campo debe tener todos los recursos de la ciudad y la ciudad tiene que ser más campesina. Necesitamos más huertas urbanas, necesitamos otro tipo de vida, porque las ciudades son invivibles, entonces, solamente la izquierda puede pensar estas cosas. Y tiene que pensar al mismo tiempo que tiene que manejar la política de hoy, de ahora. Eso va a ser difícil, pero la izquierda siempre ha visto que sus victorias y sus luchas son siempre difíciles, porque son contracorriente, pero nunca nos desesperamos y nunca desistimos. Y ese librito es exactamente para mostrar que nunca hay que desistir y siempre hay que resistir con alternativa. 

Yo en este libro, por ejemplo, tengo un capítulo dedicado a la creatividad de las comunidades, porque me impactó mucho cómo, durante este período, comunidades muchas veces abandonadas por el estado, comunidades indígenas, barriales, etc., se organizaron para defenderse, cómo crearon sistemas de comunicación confiable en contra de las noticias falsas sobre las pandemia, cómo criaron presidentes de calle, para que cada uno tenga cincuenta familias a su cargo, para proteger, para saber cómo están, si hay enfermedades. Las poblaciones indígenas de Colombia, en el Cauca, por ejemplo, con una matanza de líderes sociales brutal, que no ha disminuido con la pandemia, de narcotraficantes y criminales que están dentro del estado, porque no están fuera; cómo las comunidades utilizaron las guardias indígenas y las guardias cimarronas para protegerse, para defender la comunidad, la contaminación. Lo mismo en Brasil donde hubo un intento de genocidio; ya hay quejas en el tribunal penal internacional contra Bolsonaro exactamente por eso, porque los votos presidenciales tenían un blanco que era impedir, por ejemplo, que los indígenas tuvieran acceso a los cuidados intensivo. Es obviamente un intento genocida, entonces son cosas muy serias que están pasando. Yo pienso que el continente está despertando de nuevo. En el continente latinoamericano hay muchas señales con lo que está pasando de norte a sur. Vemos que hay un inicio de un cambio y ese cambio se está concretando y consolidándose. Me parece que vamos a tener buenas noticias en Ecuador y vamos a ver qué es lo que va a suceder en Chile, pero pienso que es esto, que tendremos que pensar en que cada vez más necesitamos de un discurso más completo. Pensar en las necesidades de la gente, las aspiraciones. Esto que la gente dice que el pueblo es de derecha o de extrema derecha porque vota por Bolsonaro o por Trump, no. Tenemos que ver que hay que distinguir entre los que ganan intentando controlar el pueblo y los que realmente están un poco indefensos ante la política de resentimiento que domina hoy, que se consigue haciendo que la víctima piense que su agresor es otra víctima y se olvide y se disfrace al agresor. Víctima contra víctima es lo que tenemos hoy por todo el mundo.

Yo pienso que nosotros, con el pensamiento en América Latina, y CLACSO ha sido un centro inagotable de pensamiento que muestra exactamente que es necesario salir de este confinamiento teórico y analítico, y salir de esta pandemia de que no hay alternativa. Los gobiernos populares nos van dando noticias buenas, de que hay alternativas muy difíciles, mucho más modestas de lo que podemos imaginar, pero pienso que ya estamos entrenados para esto. No podemos perder la visión y por eso tendremos, sobre todo, como digo en De la pandemia a la utopía, que equilibrar el miedo con la esperanza. Hay que dar esperanza a quienes no la tienen, y hay que meter un poco de miedo a los que solamente tienen esperanza, que son los súper ricos de nuestras sociedades que no pagan impuestos y que no quieren compartir.

Al analizar y estudiar la pandemia, diré que toda la solidaridad en el mundo fue de pobre a pobre, entre pobres o entre clase media. No existió de ricos a pobres, eso no existió. Hubo unos súper ricos que pidieron que por favor querían pagar impuestos, cosas ridículas, porque están con miedo de que no puedan seguir súper ricos si hay una revuelta en el mundo. Entonces, yo pienso que muchas cosas van pasando, pero no estamos totalmente desprotegidos de pensamiento y de acción, hay pensamiento colectivo que se va construyendo. Como digo siempre, no somos intelectuales de vanguardia, somos de retaguardia. Caminamos con la gente y vamos intentando estar muy atentos a la modestia de los pequeños pasos y, al mismo tiempo, sin dejar esta utopía intercultural, anticapitalista, antipatriarcal y anticolonial. Y así seguimos y debemos seguir

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