Hablemos ahora de la libertad que no conocemos, la libertad de las cosas

El antropólogo brasilero Eduardo Viveiros de Castro nos habla de la existencia de otros mundos en este mundo: maneras de ser y estar que no suponen división entre lo que es natural y lo que es cultural. Desde esta perspectiva, ¿qué significa “libertad” si la frontera entre lo que es humano y lo que no lo es empieza a resquebrajarse?

Por Emmanuel Biset

Una vieja historia que nos contamos en este mundo, que hace a este fragmento que llamamos nuestro mundo, hace de la libertad algo exclusivo de los seres humanos. Se puede entender de diversos modos la libertad, desde la elección individual a los pueblos emancipados, desde la eliminación de restricciones al mercado a las prácticas colectivas en el espacio público. Sin embargo, en cada caso parece suponer un quiebre anterior, una división entre eso que llamamos humanidad y el resto de los existentes, desde las cosas a los animales, desde las piedras a los artefactos. Eso llamado libertad, entonces, sólo parece atribuirse a esa partecita de lo que existe en el universo calificado de humanidad. 

Un mundo, cada mundo, no se define por lo que sabemos, lo que conocemos, todo lo que podemos pensar o de lo que somos conscientes. Se trata de otra cosa. De ciertas certezas profundas, de modos de dividir o clasificar lo que existe que están operando aun cuando no pensemos en ellas. Un mundo al fin y al cabo es eso: un modo de ordenar lo que existe. Este modo de ordenar opera sin que lo pensemos demasiado: animales, cosas, plantas, artefactos, minerales, objetos, estrellas. Las parcelas de lo que existe son modos también de atribuir características: eso llamado libertad será asociado a otras palabras que siempre son propias de lo humano, desde ejercer la razón a tener conciencia de lo que se hace, desde quienes pueden actuar y quienes están determinados. Nuestro mundo se define por la sustracción de la capacidad de actuar a todo aquello que no sea humano. Entonces la pregunta que resta es qué puede significar libertad si evitamos reducir todas las existencias no-humanas a mera pasividad.  Quizás entonces podamos acercarnos a imaginar algo como la libertad como autodeterminación ontológica. Quizás entonces podamos acercarnos a imaginar otra cosa que libertad en la composición de mundos posibles.

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